domingo, 13 de julio de 2014
CAPITULO 4
Me atrapó la seguridad con la que se desplazaba y se movía. Normalmente no ponía demasiada atención en como la gente se vestía, aunque me gustaba que las personas luzcan pulcras por sobre todo, pero el amigo de Mikel no solo lucía pulcro, sino impecable.
Llevaba unos pantalones de jeans negro, botas informales estilo zapatillas de cuero, camisa negra y americana gris oscura, por el corte y la textura de la tela, a simple vista se notaba que era muy cara.
“Uff “— pensé mientras se acercaba — “que apuesto” “esos labios son perfectos” “hmm…me encantaría verlo con sombra de barba, realmente creo que luciría muy sexy”
- HI goodnight!
Dijo Pedro parándose a mi lado, mientras se refería a todos.
Babeada, no podía apartar mis ojos de su rostro, mientras seguía estudiándolo a conciencia.
- Perdón por la demora pero necesité contestar unas llamadas inevitables — su voz era subyugante.
Me pareció realmente una atención de su parte que se disculpara. Segunda impresión superada, la primera fue la seguridad con la que se nos acercó, me sentí atrapada por su atractivo indiscutible.
En perfecto español vocalizó luego del saludo, y creo que fue muy considerado en emplear nuestra lengua para sus disculpas, su acento sonó perfecto, casi había sido una caricia en mis oídos, claro que, con cierta cadencia en algunas silabas que denotaban su extranjerismo, pero que le daban un tono muy seductor.
- Buenas noches, no es nada — dijimos al unísono.
Mikel con un ademán le presentó a su primo, Pedro le extendió su mano, estaba parado junto a Ezequiel, noté que le aferraba la mano con fuerza, con seguridad y me gustó, luego Mikel le presentó a Matias, quien también le correspondió el saludo.
En último lugar llegó mi turno, Pedro giró levemente su cuerpo hacia la izquierda, en ese preciso momento yo fui a extender mi mano no sé porque, creo que me sentí intimidada ante la presentación, tal vez por su belleza y formalismo al llegar, no sé verdaderamente cual fue el motivo, pero él no tenía ninguna intención de tomarme de la mano, así es que se apoyó en mi asiento y casi se podría decir que tiró todo su cuerpo sobre mí, buscando mi mejilla izquierda en la que depositó un muy suave y mullido beso, el contacto con sus carnosos labios, me produjeron una ola de escalofrío, que me hicieron sentir inquieta sin poder dejar de rebujarme en la silla.
Al incorporarse, Pedro se dirigió a Ezequiel y a Matias y les preguntó mientras señalaba a uno y a otro y por último a mí.
- Girlfriends?
- No, no — dijimos los tres — solamente amigos…
Mi voz chilló, y sonó estridente por encima de la de Matias y Ezequiel.
No hace falta que aclares con tanto ímpetu, me amonesté en silencio y sentí de inmediato como me ruborizaba.
- Mikel dijo que vendrías con tu novia por eso pregunté.
Aclaró Pedro, gesticulando con la mano y dirigiéndose a Ezequiel.
- Sí… es cierto, pensaba que ella podría, pero al final se le hizo imposible venir temprano, así que, la encontraremos luego en la disco.
Volvió a explicar.
- Ok, ok.
Pedro asintió mientras se acomodaba en el lugar que habíamos dejado para él.
- ¿Ya ordenaron?
Se interesó en saber, dirigiendo la pregunta hacia mi persona y fijando sus enormes ojos azules en mí, ahora podía distinguir su color con la cercanía.
¡¡Ey!! ¿Me comieron la lengua los ratones? Pensé.
No podía pronunciar palabra, estaba extasiada por su perfume que se había impregnado en mí cuando me saludó, y por esa mirada cautivadora, que desde que había llegado buscaba la mía.
- No, recién nos sentamos a la mesa — dijo Matias, al ver mi nerviosismo.
“Te amo amigo, como me conocés pensé, te juro Mati que hablaré con Dai” le prometí en silencio.
Tomé mi copa y bebí hasta terminar lo que quedaba en ella.
- Permiso — me puse de pie para ir al baño.
Pedro saltó de su silla caballerosamente.
Eso no era muy común de ver, pero él lo hizo con muchísima naturalidad, como si fuera realmente su costumbre, los demás se quedaron sentados.
Vaya, ¿acaso se trata de un caballero con armadura de acero?
Ezequiel miró sin interés, ante la situación insólita que allí se vivía.
Insólita para estos tontos sin modales, pensé yo.
Me di vuelta, tratando de orientarme mientras buscaba los carteles de los sanitarios y en ese momento Pedro dijo indicándome con el pulgar en dirección detrás de él.
- Creo que es para allá.
Esta vez si salió mi voz.
- Gracias.
Simplemente me encaminé hacia el lugar.
Pasé por detrás de Ezequiel y Matias y encaucé mi paso, Pedro corrió su silla para darme más lugar, me dirigí hacia el fondo del salón.
Mientras caminaba sentía sus ojos clavados en mí.
Mierda, lo único que falta que con estos tacazos se me doble el pie y pase el papelón de mi vida.
“Que guapo esta el Gringo mi Diooooos” “que ojazos, que voz”
Carajo… que me pasa parezco colegiala... — pensaba mientras caminaba hacia el baño — solo se trata de una cara bonita y de un cuerpo armonioso Paula.
Entré en el sanitario y mojé una toalla de papel, me la pasé por la nuca, por el cuello y por las muñecas, me sentía muy acalorada. Me retoqué el maquillaje y volví a ponerme perfume...
Prontamente, regresé a la mesa.
Ezequiel y Matias que me vieron venir, levantaron la mirada cuando estuve lo suficientemente cerca.
En ese instante descubrí la intención de Pedro y sin querer incomodarlo puse una mano sobre su hombro para detenerlo en su intento por ponerse de pie.
Carajo, sentí un cosquilleo en mi mano al tocarlo.
- No es necesario Pedro, muchas gracias — le dije con voz suave y melosa.
Matias me miró por como le hablé al gringo, y me clavó los ojos, no hizo falta que hablara, con la mirada nos dijimos todo.
Bueno si, fui demasiado obvia pero él no me conoce, no sabe como hablo le dije sin pronunciar palabras, y es que él me conocía y pensaba como si fuera él quien estaba en mi cuerpo.
Pero… Pedro no me hizo caso.
- Oh. por supuesto que es necesario.
Se expresó, con una calma impertérrita y se levantó de todas formas, moviéndose con agilidad y gentileza. Al sentarme me arrimo la silla, luego regresó a su asiento.
En ese preciso momento, Ezequiel que es un tarado como siempre, se atragantó con el vino, lo miré y casi lo destripo con la mirada, y eso por no rajarle una puteada y que me salte el Carlitos que vive en mí.
Lo odio, no puede ser tan desubicado pensé...
- Gracias — le dije a Pedro mientras se sentaba.
- Ordené vino, acá tu amigo me dijo que no te gustaba — dijo Pedro mirando a Matias — pero es un buen Chardonnay — prosiguió — de una sepa muy buena, he descubierto que tienen una interesante bodega en éste lugar, pruébalo, y si no te gusta luego te ordeno lo que quieras, me dijo mirándome fijamente a los ojos, un buen vino siempre realza los sabores de la comida.
Sin poder rechazarlo, tomé torpemente mi copa, como si fuera la primera vez que bebía y sorbí un trago.
- ¿Y?
- Exquisito — dije — me quedo con el vino.
Ni loca iba a permitir que lo cambie, que desconsideración de mi parte pensé.
Matias durante mi intercambio con Pedro, me miró pues el vino blanco a mi se me sube con facilidad a la cabeza… y él intuyó lo mismo que yo… ¡papelón en puerta!
CAPITULO 3
El SUV negro de Ezequiel estaba estacionado en la entrada del edificio. Me acerqué a la puerta de atrás y me subí, los saludé a ambos con un beso en la mejilla mientras luchaba con mi vestido que era demasiado corto, los tres estábamos muy animados, se podía sentir en el ambiente.
- ¡¡¡Wow!!! — Dijo Ezequiel — te tiraste todo el frasco de perfume encima, y te pintaste como una puerta.
- No seas malo Ezequiel — dijo Mati defendiéndome — está hermosa.
- Por lo que me hacen los comentarios de este tarado.... ya estoy acostumbrada, a él le encanta pelearme, pero como ya le conozco su juego, ni lo escucho — en realidad, sé que ese humor ácido de Ezequiel solo era para levantarme el ánimo constantemente. Él consideraba después de lo de Guillermo, que era su obligación mantener mi mente ocupada, para que no pueda pensar en lo ingrata que la vida había sido conmigo, y por más que el tiempo había transcurrido, no abandonaba esa actitud sobreprotectora.
Ezequiel arrancó el auto y por el retrovisor me miraba desternillado de risa y me sacaba la lengua.
- ¿Y Carla? — Pregunté en referencia a su novia.
- Va directo para Tequila — me contestó sin sacar la vista de la ruta — nos encontramos allá, ella va con dos amigas y ninguna podía temprano.
- ¿Con quién va? — me interesó saber, solo pensaba que no vaya con quien me imaginaba.
- Con Estefanía y Claudia
- ¿Con Claudia? dije con apatía y sin pensarlo le di un coscorrón a Mati.
- Pedazo de desgraciado, si pasa algo esta noche con Claudia, ni creas que voy a sacar la cara por vos con Daiana, anda sabiéndolo — afirmé.
- Aaaaaay, no seas brutaaaaa.
- Si, si, hacete el otro nomás....
Le dije a Mati mientras se daba vuelta a verme a la vez que se sobaba la base de la cabeza.
Ezequiel al volante, no paraba de carcajear y le dijo.
- ¡Ja! Andá sabiéndolo, si no te agarra Daiana, te agarra Paula a golpes.
Seguimos viaje hablando puras pavadas, como de costumbre cuando nos encontrábamos, lo pasábamos muy bien.
Mati se hacía el gay imitando al chico nuevo de limpieza de la oficina, al desgraciado le salía igualito.
Me dolía el estómago de tanto reírme.
Llegamos al Hotel Faena Universe, en pleno corazón de Puerto Madero Este.
- Abrime la puerta Matias, demostremos buenos modales — los tres nos reímos.
Matias me hizo caso, me abrió la puerta y extendió su mano para que bajara.
No pude evitar silbar al ver el lujo de ese lugar. Miré hacia arriba sacándole una radiografía a la fachada.
Ezequiel le entregó las llaves al ballet-parking ,se dio la vuelta y también me tomó del otro brazo.
- Ey me siento escapada de una película de Hollywood.
Les dije divertida mientras entrábamos por un corredor a media luz, con alfombras rojas, espejos y banquetas bajas en el medio.
- Me apuré a tomarte del brazo —dijo Ezequiel — porque con esos zancos que te pusiste, sin duda te quebrás una pierna y terminamos en el hospital en vez de en una disco — él quiso contener su risotada, pero sonó demasiado estridente.
Lo miré con sorna, casi inmutable a su comentario, me solté del brazo de Matias y le di un pellizco que seguro le dejó un moretón.
- Que poco sentido del humor que tenés… — Ezequiel se sobaba el brazo.
- Son incorregibles ustedes dos. Compórtense que nos miran todos.
Matias nos increpó por lo bajo.
- Che, tú primito viene bien de guita para alojarse acá ¿En que trabaja? — le pregunté a Ezequiel asombrada, por el lujo de aquel lugar, sintiéndome a la vez feliz de haberme arreglado como lo había hecho.
- Tiene una agencia de autos, goza de un buen pasar, pero está alojado acá, porque vino con un amigo que nada en guita.
Se quedarán un mes.
- Ya lo creo que nada en guita, acotó Mati, esto debe salir como cuatro lucas por día.
En seguida que entramos un sujeto se nos acercó, un Experience Manager que se encargó de todo.
- Por favor Señores, esperen acá — nos indicó con muchísima amabilidad, mientras nos acomodó en el Library Lounge.
Eze acompañó a éste hasta la recepción para que le avisaran a su primo que ya estábamos ahí esperando.
- ¿Y? — pregunté cuando regresó.
- Me mandó a decir que ya baja, sentémonos.
Nos sentamos en los sillones oscuros de estilo del lugar, a esperar.
Al cabo de unos minutos, por la puerta, entraba un rubio de un metro ochenta y cinco como mínimo, al que reconocí enseguida.
Le toque el brazo a Ezequiel para que se diera vuelta porque él estaba de espaldas.
- Ahí viene Mikel.
Si bien habían pasado algunos años, pude reconocerlo casi de inmediato.
Ezequiel se dio vuelta, y se puso de pie para que su primo lo divisara, entonces, él de inmediato se acercó al lugar donde nos encontrábamos.
Ellos se abrazaron interminablemente, mientras se palmeaban la espalda, luego Mikel se apartó, para abrazar a Matias, a quien recordaba muy bien, e intercambiaron algunas palabras en inglés, finalmente me miró y llevándose la mano al mentón para luego señalarme… me dijo: ¿Paula?
- Si Mikel, ¿como estás? — le respondí mientras también era abrazada y girada en el aire por él.
- Estás hermosa, te recordaba tan menudita, estás hecha una femme fatale, te ves muy bien.
- Gracias — le respondí — vos también estás guapísimo… veo que tu español ha mejorado.
- Uff no tanto, pero mejor que la última vez que estuve en Argentina — me sonrío — ¡Qué alegría que hayan podido venir! Hoy apenas llegué y llamé a Ezequiel, le he dicho que los invitara, me dijo que no sabía si podrían... que bueno que siempre si....
- Debo reconocer que primero rechacé la invitación de salir esta noche, casi paso — los tres me escuchaban atentamente — pero al enterarme que estabas acá, cambie rápidamente de opinión.
Mikel frunció el seño por mis dichos y entonces me explique mejor.
- Es que recordé la joda, marcha, en fin, lo bien que lo pasamos la ultima vez que estuviste y por nada del mundo me la iba a perder...
Todos reímos.
- Uy si, fueron bastante alocados esos días — afirmó Matias y todos coincidimos con él.
- ¿Y tú amigo? — preguntó Ezequiel con substancial intriga.
- Ya baja, se demoró al teléfono, por eso me adelanté.
Pasemos al bar, lo esperaremos ahí mientras tomamos algo.
Vamos.
Seguimos los pasos del Mikel que nos indicaba el rumbo
Fuimos hacia el bar del hotel.
Como estábamos en una época del año en que las temperaturas por las noches son muy agradables, se encontraba habilitado el que estaba junto a la piscina, uff... pensé, cuanto glamour.
Había veladoras bajas alrededor del natatorio que iluminaban dramáticamente las reposeras rojas que había allí.
La piscina tenía un diseño exquisito con una fuente imponente en el centro y con la iluminación teatral de alrededor, su agua se veía muy cristalina, casi como un espejo...
- ¡Qué buen lugar!... — Ezequiel estaba obnubilado.
- Pedro es muy exclusivo, pero no se abrumen, él tiene mucho dinero pero igualmente no deja de ser una persona muy sencilla, ya verán.
Mikel acababa de darnos una breve reseña de la personalidad de su amigo.
- Eso espero — dije — sino no disfrutaré nada, espero no tener que estar cuidando demasiado mis modales.
No es que te vaya a hacer quedar mal tampoco — le aclaré enseguida — pero tú sabes, el protocolo para la oficina, ¡ja! y hoy es viernes y quiero disfrutar con mis amigos del fin de semana.
- Y disfrutaremos Paula — dijo Mikel — te lo aseguro.
Reímos mientras nos acomodábamos en la barra.
- ¿Les parece que tomemos champagne? — preguntó Mikel.
Los tres asentimos.
Cuando el camarero sirvió nuestras bebidas, Mikel le preguntó a Ezequiel luego de que hiciéramos un brindis por el reencuentro.
- ¿Y tu novia? Creí que vendrías con ella.
- Nos encontraremos con Carla y sus amigas en la disco, no podían tan temprano.Igualmente, estarás un mes acá, así que tendremos tiempo de de sobra para salir otro día a cenar.
- Ok, le pediré al camarero que nos preparen una mesa para cinco entonces.
Seguimos bebiendo y recordando anécdotas de su anterior viaje, Mikel miró la hora en su reloj.
En ese instante el maître se acercó y nos indicó que nuestra mesa estaba lista y nos invitó a seguirlo, tomamos nuestras copas y nos pusimos en marcha tras él.
Entramos en el restaurante del hotel, en el Bistró, así se llamaba, todo lucia de un blanco níveo desde el mobiliario de fina tapicería de estilo, hasta los manteles y los cortinados, lo más impactante del lugar era que pendían unas cabezas de unicornios, haciendo una decoración hedonista. Cada mesa estaba emplazada sobre moquetes rojas y doradas, del techo colgaban enormes lámparas de cristal que combinaban con el exquisito lugar y que daban la sensación de estar en un recinto palaciego.
- ¡¡Que lujo!! — no pude evitar exclamar — este lugar es hermoso.
Nos acomodamos en la mesa, Mikel a mi derecha y Ezequiel y Matias a mi izquierda y dejamos libre el lugar frente a mí y junto a Mikel para su amigo.
Ni bien terminamos de acomodarnos Mikel miró hacia la entrada y nos indicó que su amigo finalmente había llegado.
- Ahí viene Pedro.
Extendió su mano para hacerle señas, así lograba que divisara donde estábamos sentados.
Los tres miramos hacia la entrada y vimos a un tipo con cabello castaño oscuro y tonalidades rojizas de metro noventa que acababa de entrar. Hombros anchos, espalda bien definida y ojos claros, desde la distancia no podía asegurar de que color eran con severidad, pero se notaban de un color muy intenso, supe que era él a quien esperábamos, porque esta persona asentía levemente con la cabeza mientras se dirigía a paso seguro hacia donde nos encontrábamos.
sábado, 12 de julio de 2014
CAPITULO 2
Llegamos al noveno piso donde quedaba mi departamento y la puerta del ascensor se abrió... Mati me flanqueó la salida. Caminamos hasta el final del pasillo, puse la llave en la cerradura y abrí la puerta de casa.
- ¿Y ahora qué hiciste?
Le dije sin pensarlo, mientras me saqué los tacones cuando di un paso dentro, acomodé el maletín sobre la mesa y tiré mi bolso sobre el sillón.
- Nada, te juro que nada, pero...
- ¿Pero qué Mati?
Los peros nunca vienen con algo bueno… siempre encierran algo más y con mi cara se lo hice saber.
Él fue hacia la cocina en busca de unas bebidas frescas, mientras se arremangaba la camisa y desabrochaba un botón más de su cuello, Matias en mi casa sabia que podía sentirse como en la suya, y así se manejaba.
Entre nosotros había mucha, muchísima confianza, entre tanto, yo fui a mi pequeño estudio, y prendí mi ordenador para poner música y amenizar la charla, encendí también el aire acondicionado para refrescar el ambiente.
Nos conocíamos tan bien que no hacia falta hablar, actuábamos con tanta naturalidad, que a veces los extraños se asombraban de lo bien que nos complementábamos.
Varias veces han creído que éramos algo más que amigos, yo hasta podía cambiarme en su presencia sin sentir pudor alguno, porque sabia que él jamás, me miraría sino como se mira a una hermana y eso muchas veces le traía problemas con sus parejas, que no entendían nuestra relación de amigos y lo celaban, a mi también me lo habían traído en el pasado con Guillermo.
Me metí en mi habitación y me quité las prendas que llevaba puestas quedándome en ropa interior, mientras, buscaba mi conjunto deportivo en el primer cajón del guardarropa.
El idiota de Mati me apoyó la lata de gaseosa en la espalda desnuda y me hizo gritar.
- Aaaaaaaah, pavote...
- Tomá — me dijo y extendió su mano para que yo la alcance.
Le di un sorbo grande y se la devolví, esperando que pueda sostenerla por mí mientras me ponía el pantalón deportivo y una remera.
Volví a sostener la lata de coca-light y bebí un poco más, el permanecía apoyado en la entrada de mi guardarropas.
- Bueno, dale, desembuchá, ¿qué cagada te mandaste ahora con esa pobre chica? que soporta más de lo que cualquiera puede.
Matias puso cara de yo no fui y me pareció sincero, sabía reconocer claramente cuando me mentía.
- Te lo juro amiga, mírame, te juro no hice nada, pero ella leyó un mensaje de Claudia, y se imaginó cualquiera.
- ¿Claudia otra vez Mati? — le dije con cansancio — ¿Pero no era que nunca más con Claudia?
- Si, nunca más, solo coincidimos en la casa de Ezequiel el otro día y cuando me fui me mando un Whats para decirme que se había divertido mucho y con tanta mala suerte que lo leyó Dai. Te juro, que en lo de Eze solo estuvimos hablando, primera vez que cuando la veo, no me la transo, ni me la cojo.
- Hmm, no te creo... — quise ponerlo a prueba para ver si realmente me estaba diciendo la verdad — ¿y para que me contás a mí?
Hice una mueca que decía, sé tu intención…
- Para que me des una ayudita. — Juntó sus manos en modo de súplica. — tenés que hablar con Dai y explicarle, a mí no me escucha ni me cree. Ayer le deje quince mensajes de voz, ninguno contestó.
- A sí… como si a mí me va a creer... sabes lo que piensa de nosotros, que nos cubrimos en todo... dejame ver, la llamo y te cuento.
- Gracias amiga sabía que lo ibas a intentar.
Me abrazó, me dio una vuelta en el aire y me lleno la mejilla y el cuello de besos.
- Bueno, bueno, no festejes tanto que aún hay que ver si pueda convencerla, o… ¿te olvidás que la vez anterior que pelearon, te encontró en la puerta del baño del restó de Marcos transando con ella?
- ese día ¡¡ella me transó a mí!! — Se defendió Mati.
- ay si claro, pero la nuca se la tenías bien agarrada y te la estabas apoyando mientras te la devorabas, yo también te vi ese día, así que no te vengas a hacer el santo.
- pero esta vez te juro que no paso nada de nada. Preguntale a Ezequiel si no me crees.
- dale bobo como si no te fuese a tapar él... igual te creo — me encogí de hombros — a mi no tenés necesidad de mentirme lo sé. Pero no se te ocurra decirle a ella que le pregunte a Ezequiel, eso suena menos creíble que nada.
- entonces… organizo con el de archivo y si me arreglo con Dai salimos los cuatro ¿te parece?
- te dije que no, no me gusta.
Le dije mientras sentada en el borde de la cama me calzaba las zapatillas.
- amargada... últimamente nadie te gusta. ¿Cuando te vas a olvidar de Guillermo? el ya se casó, a parte ni que fuera Brad Pitt, es un negro engreído con título. Date la oportunidad de conocer a alguien más.
- no soy amargada y nada tiene que ver con Guillermo, no sé por qué lo mencionás... simplemente no quiero tener nada con nadie de la oficina y Ernesto encima ni me gusta.
- está bien, está bien, no insisto más, ya me quedó claro, no te pongas en ese estado.¿Qué haces esta noche?
- Nada en especial, me voy a quedar en casa a que terminar unas cosas que me traje de la oficina, hoy el día se me hizo más corto de lo normal con tanto trabajo que hay, y no pude terminarlas y el lunes llega el yanqui.A las nueve y media tenemos la junta así que… tengo que terminar sí o sí una planilla de cálculos y porcentajes que Noelia me pidió que tenga preparados.
- Uy fanática del control, pero si hoy es viernes, tenés todo el finde para terminarlos.Dale, con Ezequiel vamos a ir a Tequila, hoy me llamó que llegó su primo de New York, me dijo que te avisara.
- ¿Quién, Mikel?
- Si él.
- Uy ese bombón tiene toda la onda, me acuerdo la última vez que estuvo en Buenos Aires estuvimos de joda por quince días.
- Si me acuerdo, después nos fuimos a Punta, ¿te acordás lo bien que lo pasamos?
- Siiiii —me reí — ya hasta le estábamos enseñando a hablar español.
- Bueno entonces… ¿venís? — solo me bastaron unos segundos para decidirme, de pronto tuve ganas de despejarme.
- Me convenciste, pero no quiero manejar, sino no pudo tomar nada.
- Te pasamos a buscar con Ezequiel, igual, el auto de él por lo que me comentó lo dejaremos en el hotel de su primo, parece que vino con un amigo que tiene toda la guita y hasta chofer tiene.
- ¿Y entraremos todos en el auto?
- De última, yo me voy en un taxi con vos por eso no te hagas problema.
- Si claro, a mitad de la noche te enganchás a alguien y quedo varada… — sabía lo que estaba diciendo, no sería la primera vez.
- Te digo que no, tengo el corazón roto, solo pienso en Daiana estoy deseando que hoy la encontremos allá.
- Ok, ¿a qué hora me pasan a buscar?
- tipo nueve porque hay que ir al centro a buscarlos a ellos, cenamos en el hotel y después a Tequila a romperla.
- Listo Mati, ahora bajemos o llego tarde a mi clase... ayudame a apagar todo por favor.
Bajamos en el ascensor y nos despedimos en la vereda con un abrazo, Matias partió en su automóvil y yo me calcé los auriculares de mi iPod, mientras que al ritmo de un reggaeton iba camino al gimnasio que quedaba a dos cuadras de mi casa.
A las ocho ya estaba de regreso, me tomé una bebida hidratante mientras me preparaba el baño para ducharme, pues estaba toda sudada. Me quité las zapatillas sin desanudarlas, rápidamente me deshice de la ropa y me metí bajo el chorro de agua que me azotaba en la espalda, buscando alivio y relax.
Me jaboné el cuerpo, luego lavé mi larga cabellera morena y sin demorarme más cerré la canilla o se me haría tarde y para cuando los chicos llegasen no estaría lista.
Con Mati no había problema, él está acostumbrado a esperarme y nunca se quejaba, él es un buenudo conmigo.
Pero Ezequiel es el ser más quisquilloso con la puntualidad y no quería escucharlo.
Me sequé el pelo con el secador de mano y luego lo alisé con la planchita, me miré en el espejo del baño y me gustó el resultado, lucía sexy y prolijo pensé.
De uno de los cajones del mueble del baño, saqué un estuche que contenía mis maquillajes, delineé mis grandes ojos verdes, luego me maquillé los párpados con una sombra gris oscura pues pensaba ponerme un vestido gris con lentejuelas plateadas, y les brindé un touch de rubor a mis mejillas, culminando el maquillaje de mis ojos, me apliqué máscara de pestañas y abundante brillo labial en los labios para que lucieran bien carnosos.
- Hmm que mona Pau, te ves bien... Me dije en voz alta contenta por mi reflejo en el espejo. Me sentía entusiasmada con la salida, no podía explicar por que me sentía así, pero en realidad ese era mi estado.
Salí del tocador dirigiéndome al dormitorio e introduciéndome en el guardarropa, me calcé un conjunto de ropa interior en encaje negro, acomodé mis senos levantándolos, para que parezcan más turgentes dentro del corpiño, y seguidamente me puse el vestido que había elegido.
Para los pies, elegí unos Ricky Sarkany de quince centímetros de tacón, que estaban de muerte y que hacían que mis piernas parezcan aún más largas, me eché una última mirada en el espejo…
“Pau definitivamente hoy te ves sexy”…
De pronto sentí un sonrojo al pensar que no era nada modesta, de todas formas como era raro en mí sentirme cómoda y a gusto con mi reflejo, me animé a continuar teniendo esas consideraciones.
Enmarqué mi rostro con unos pendientes cortos de strass, que combinaban con los brillos del vestido, y me rocié abundantemente con J’adore de Dior — hmm, mi perfume preferido.
Precisamente cuando terminaba de acicalarme, sonó el timbre del portero eléctrico.
Fui hasta el telefonito que colgaba en la pared junto a la puerta de entrada y miré la hora, las nueve en punto.
- ¿Quién es?
- Matias, ¿estás lista?
- Ya bajo.
Tomé el bolso, cerré el departamento, pero antes revisé que nada quedara encendido y entonces sí, me marché al encuentro de mis amigos.
PROLOGO
La vida de la gente que se encuentra a mí alrededor transcurre, sigue su camino, la mía parece haberse detenido…
Soy hija, hermana, cuñada, tía, amiga y administradora intachable de una empresa…
Pero cuando pienso en el verdadero sentido de mi vida…
parece haberse ido con mis sueños de felices para siempre.
Ya pasaron dos años… pero siento esa punzada en mi pecho como si fuese ayer, y en mi mente solo hay lugar para el recuerdo de esa última visión, que me perturba y no me deja seguir adelante….
Llegaron más regalos de boda, mi casa es un caos de desorden y esta noche llega mamá y mi hermano de Mendoza y urge hacer un poco de orden en mi departamento, así que decido juntar los obsequios y llevarlos para el que será nuestro hogar a partir de mañana.
Llego y el automóvil de Guillermo está estacionado en la puerta del edificio…
“¿Qué raro? no me dijo que vendría para acá”.
Subo por el ascensor con los paquetes, y me encamino con la llave en la mano para ingresar en el departamento, desde afuera, se siente música y risas.
Agudizo mis sentidos, intento escuchar tras la puerta e individualizo la risa de Guillermo y otra risa femenina que me resulta muy familiar, pero no logro reconocer, o quizá mi mente se niega a hacerlo, se oye nuestra canción, la que ponemos cuando hacemos el amor.
El corazón me late a mil kilómetros por hora.
De pronto las risas se callan, sigue oyéndose la música pero nada de las personas que están dentro, espero unos minutos y pongo la llave en la cerradura intentando no hacer ruido.
Entro, pero no hay nadie en la sala, de todas maneras puedo ver un camino de ropa que empieza en el sofá, y sigue hacia el dormitorio.
Siento que las piernas me tiemblan, que la respiración me falta, y que los sentidos me abandonan.
Camino en puntas de pie para no ser escuchada… me paro en la entrada de la habitación, y sencillamente no puedo creer lo que estoy viendo.
Deseo fervientemente que sea un sueño, un mal sueño, porque esto sencillamente no puede ser verdad.
Recuerdo que mañana es el día, mañana nos casamos.
Guillermo estaba tendido de espaldas sobre nuestra cama, aferrado a las nalgas de ella, que cabalgaba sobre su sexo mientras entraba y salía del suyo.
Las palabras no salían de mi boca, quería hablar pero estaba paralizada, inerte ante lo que estaba viendo.
De pronto un hilo de mi voz salió…
- ¿Les ayudo a hacer la cama?
Guillermo saltó de donde se encontraba… ella intentó taparse con las sábanas.
Mi amiga, mi mejor amiga…
Las palabras de Guillermo eran un sonido lejano… pero no lo escuchaba, tampoco lo veía.
En mi mente solo se había quedado la imagen de sus dos cuerpos unidos por sus sexos….
Cerré los ojos y sacudí mi cabeza para traerme a la realidad, al hoy y al ahora.
Pasaron dos años… duele como si hubiera sido ayer.
En este instante pasaba frente a mí, una mujer embarazada y reflexioné nuevamente.
Soy hija, hermana, cuñada, tía, amiga y administradora intachable de una empresa…
¿Dónde se quedó la mujer?
Nadie me espera…
A nadie espero….
Soledad….
Una profunda soledad es la que tengo.
¿Podré algún día encontrar a mi felices para siempre?
¿Tendré alguna vez la oportunidad de ser feliz?
martes, 8 de julio de 2014
Pedro Alfonso es un hombre excéntrico, muy buen mozo y exitoso con las mujeres, empresario de la industria de la moda a cargo de las empresas que la firma de su Padre tiene en el exterior. Llega a la Argentina a controlar los activos de la corporación.
Su relación con las mujeres se resume solo a sexo, cubrir sus necesidades físicas y no implicarse bajo ninguna circunstancias emocionalmente, como el dice su vida es complicada, por eso no puede hacerlo ¿acaso lleva consigo un secreto que se lo impida?
Paula Chaves es una mujer sencilla, de buen pasar económico, talentosa y de una belleza inigualable, que se dedica a administrar la empresa para la cual trabaja.
En su vida personal ha sufrido una mala experiencia en el amor que la ha marcado a fuego y espada, y se encuentra reacia a involucrarse con nadie, tiene su corazón cerrado a cualquier sentimiento, sencillamente no confía en los hombres, teme que la vuelvan a dañar.
En esta historia el destino jugará sus cartas para que estos dos corazones se crucen y se encuentren.
Paula caerá fácilmente en su juego de seducción,Pedro está acostumbrado a lo quiero lo tengo, pero… ¿será así con Paula también? o Pedro sucumbirá a su extraordinaria inteligencia y belleza.
La gran incógnita es si cupido podrá flecharlos para que se entreguen al amor y puedan vivir felices para siempre…
Pasión, amor, celos, intrigas, orgullo y miedo signarán el futuro de ambos.
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