lunes, 14 de julio de 2014

CAPITULO 6




Eran casi las doce y media, que rápido se había pasado el tiempo pensé.


Ezequiel dijo que iba siendo hora que vayamos para la disco, entonces Pedro llamó al camarero para pedir la cuenta.


Mis amigos quisieron pagar, Mikel ni siquiera hizo el intento, pero Pedro no dejó de ninguna forma, que nadie se haga cargo de lo consumido esa noche, esgrimiendo que como era él quien se hospedaba ahí, éramos todos sus invitados.


- Dejen de discutir — dijo Mikel — es en vano todo lo que puedan decir, Pedro no se los permitirá.


Sonriendo ante la afirmación de su amigo, Pedro sacó su billetera y depositó en la bandeja plateada de la adición su tarjeta de crédito que colocó dentro de la libreta que contenía la cuenta.


Imposible que no me llame la atención el color del plástico, que digo plástico sé muy bien que esa tarjeta no es de plástico… Madre mía dije para mis adentros, éste tipo si que tiene guita…


Dejó una JP Morgan Palladium, la que se estima en gastos anuales superiores a los 600.000 dólares, lo sé muy bien, es la tarjeta que tiene Bill Gates pensé.


Vaya, tener una de esas si que te da beneficios, puedes acceder a la ayuda de un asistente personal en cualquier momento o lugar, entrar en las salas vip más codiciadas de los aeropuertos del mundo o hacerte de los mejores asientos en primerísima clase con beneficios exclusivos, tener trato preferencial en los mejores hoteles, disfrutar de un seguro de vida cuya cifra supere los seis ceros o sencillamente no tener que preocuparse de rebosar el límite de la tarjeta.


Por Dios, son placeres que quedan lejos del alcance de la gran mayoría de los mortales.



Me bebí el agua de un tirón, y me levanté para ir al baño, Pedro volvió a ponerse de pie con mucha caballerosidad cuando yo lo hice, por supuesto que su caballerosidad de inmediato se fue al garete, cuando descaradamente me miró el culo al pasar junto a él.


Pero a este tipo ¿qué le pasa?... ¡Que descarado! Intenté bajar mi vestido, su mirada lasciva me sonrojó y me sentí algo incómoda, pero a él parecía no importarle mi incomodidad.


Aunque no lo veía, podía sentir que me seguía con la mirada.


Caminé con seguridad el tramo que separaba nuestra mesa del baño, ¡tomaaaa! no me tambaleé ni un poquito gringo, para que veas que no estoy mareada.


Ni bien entré, me dirigí a unos de los sanitarios que estaban libres para hacer pis, con toda el agua que me había tomado mi vejiga estaba a punto de explotar. ¡Qué alivio!…
Salí de ahí y me apoltroné junto a la mesada de mármol del lavatorio, lavé mis manitos y luego me retoqué el maquillaje cepillé mi cabello.


Mientras me veía en el espejo, no puede dejar de considerar lo atractivo que era Pedro, pero también reflexioné, es demasiado engreído, definitivamente no es mi tipo… aun así sigue siendo un bombonazo.


Lo que más me atrapaba era el movimiento de sus labios cuando hablaba y entonces me pregunté como sería besarlo, sacudí mi cabeza, sin poder creer lo que estaba imaginando y me obligué a dejar de hacerlo.


Regresé al comedor y divisé que faltaba Pedro, cómo no notarlo si desde que había llegado no podía apartar mis ojos de él.


Mis amigos al verme se pararon a esperarme decididos a abandonar la mesa.


- Vayamos para el Library Lounge — dijo Mikel — esperaremos a Pedro allá.


Mikel y Ezequiel salieron caminando por delante sin dejar de hablar, parecía que tenían mucho que contarse.


Mati y yo nos tomamos de la mano y salimos caminando por detrás algo más rezagados que ellos.


- ¿Vas a histeriquear toda la noche con el gringo? — me preguntó acercándose a mi oído para formular la pregunta.


- ¿Qué? Yo no estoy histeriqueando.


- Claro… y yo no me llamo Matias García. Reconocé que te gusta.


- Bueno tampoco te voy a negar que me parece atractivo.
Sería ciega si no puedo aceptar que está interesante el gringo, pero me parece algo engreído.


- ¿Viste como te miró el culo cuando te fuiste al baño?


- Matias— Sentí que me sonrojaba — sí lo vi.


- ¡Ja! Y después decís que no te gusta, estás bordó y para que te pongas así conmigo… eso quiere decir que el gringo te tiene muerta.


Fruncí el ceño y le saqué la lengua, no iba a reconocérselo por completo, pero él tenía razón, Pedro me encantaba.


Seguimos caminando por el largo corredor, Ezequiel y Mikel ya no se veían, cuando estábamos por entrar al library, escuchamos una voz que nos dijo a nuestras espaldas…


- Friendship has it’s benefits?


Ambos nos dimos vuelta.


Era Pedro…incluso antes de voltear, había reconocido su voz, miró hacia nuestras manos aferradas y levantando una ceja mientras reía de lado, dio por entendido su comentario.


Mi amigocho levantó su mano y la mía que iban entrelazadas y dijo mientras se rió.


- Ah, entiendo, muchos al principio cuando no nos conocen piensan lo mismo… pero… ella es como si fuera mi hermana — se justificó.


- Creí que había ciertos derechos entre ustedes — se atrevió a aseverar, vaya no tenía pelos en la lengua, si que iba al grano.


- No eso está muy lejos de la realidad. Solo el derecho de exigirle lealtad con su amistad — agregué y lo miré a Mati — no es mi tipo — puse cara de asco, nos reímos.


No había necesidad de que aclare nada más, pero había tenido toda la intención de hacerlo, sin entender la razón, aunque en realidad si la entendía, pero no quería reconocerla, ese hombre me tenía pelotuda desde que lo había visto.


Pedro sonrió satisfecho ante mi explicación.


Entramos en el library lounge, Mikel y Ezequiel estaban parados conversando y nos acercamos.


- Ya traen nuestro vehículo — dijo Pedro y de inmediato intuí que a eso se había retirado.


- Ok — le contestó Mikel.


Ezequiel por su parte nos informó.


- Me acaba de llamar Carla que ya está en Tequila.


- Bien. — Le contesté esbozando una sincera sonrisa.


El Experience Manager se acercó a Pedro y le dijo — su traslado lo está esperando Sr.


- Muchas gracias — contestó muy cortés.


Mati me había soltado la mano, entonces, fue que Pedro hizo una contorsión dándome paso a mí primero en la comitiva hacia la calle. Caminó a mi lado todo el trayecto con las manos en los bolsillos de los pantalones, cuando llegamos a la puerta pasó ligeramente una mano por mi cintura indicándome la salida.


Sentí un cosquilleo por el cuerpo cuando me tocó.


Imaginé su mano sobre mi piel desnuda, no pude evitarlo, y me sonroje.


Paula, pensé, ¿pero qué cosas se te ocurren por Dios? de verdad vas a tener que darle la razón al gringo y que el alcohol te afecto más de lo que creíste.


Su mano en mi estrecha cintura se sintió tan grande… Hmm su cercanía me demostró una vez más lo exquisito que era su perfume ¿cuál usaría?


Salimos a la calle, el único vehículo estacionado frente al hotel era una limousine.


Volvió a tomarme de la cintura con la palma extendida en mi cuerpo y me escoltó hacia ella.


¡Wow! Este tipo tiene más plata que sentido común y yo que antes de venir me hacía problema por si entraríamos todos en el auto. ¡Ja!


El chofer nos esperaba con la puerta abierta, nos acomodamos en el espacioso interior.


Quedé sentada contra la ventanilla, él subió a mi lado y luego Matias. En otro asiento se acomodaron Mikel y Ezequiel que seguían hablando de sus cosas.


Nos pusimos en marcha.


Pedro tomó un control remoto y con el mando a distancia le dio vida a la pantalla de reproducción de música, en ese instante comenzó a sonar una canción de Reik, la reconocí de inmediato, la tengo en mi iPod y me encanta.


De pronto me encontré tarareando la letra…


Sabes no pido nada más 
Que estar entre tus brazos 
Y huir de todo el mal


- Shh cantás pésimo — me dijo Ezequiel en tono de broma, todos rieron menos Pedro.


Me ruboricé, no me había dado cuenta que lo había hecho en voz alta, quise disculparme, no sé porque razón, pero lo hice.


- No es importante cantar bien o mal sino sentir la letra — me dijo Pedro.


- No es importante mientras no le rompas los tímpanos a nadie — le contesté en son de broma — sé que canto pésimo.


- No me pareció que desafinases tanto — aseveró él.


Matias estaba concentradísimo enviando mensajes con su celular y se cambió de asiento, los chicos habían abierto una botella de champagne que había en el frigo-bar y estaban sirviéndolo...


Mikel sostenía una copa en cada mano, me ofreció una antes que a nadie, pero la rechacé, ya había bebido suficiente en muy corto tiempo.


- Gracias, quizá luego en la disco beba algo.


Pedro también rechazó seguir bebiendo.


Sonó mi celular, no me apuré a tomarlo de la cartera porque sabía que era un mensaje, lo supe por el ringtone.


Finalmente lo atrapé de mi bolso y lo desbloqueé para leerlo.


En la pantalla de mi iPhone indicaba que era un mensaje de Gonzalo, lo abrí y no pude evitar sonreírme mientras le respondía, mi hermano siempre me arrancaba una sonrisa, lo adoraba tanto…


Minutos más tarde volvió a sonar con la contestación, la cual me hizo más gracia todavía, creo que hasta dejé escapar una risita, contesté nuevamente y fin de la conversación.


Guardé mi celular en la cartera y asunto cerrado.


- ¿Algún admirador? — me preguntó Pedro.


- Tal vez — le contesté, obvio que mi hermano me admiraba pero no de la manera que Pedro pensaba ¡ja! No iba a decirle quien era, sencillamente a él que le importaba.


- ¿Tenés muchos? — Continúo preguntándome — admiradores digo.


- Dejame pensar en la lista… algunos — le dije sonriendo.


Plas, plas, plas, (aplausos par mi) pensé.


- No lo dudo… — me dijo reclinado en el apoyabrazos mientras me recorría con la mirada y se reía lascivamente.
Hmm es condenadamente sexy el desgraciado y es… irrespetuosamente bonito.


¿Pero qué carajo es lo que quiso decir?


Acaso quiso decir que soy atractiva... dejá de alucinar Paula, este tipo debe ser un hijo de puta con mucha plata, que solo está acostumbrado a chasquear los dedos y a tener lo que quiera, no te metas en esos terrenos, vos sos una persona simple y terrenal.


Pero mi vista mientras pensaba se iba a sus labios, su sonrisa era de modelo de revista, su dentadura perfecta.


Dejé pasar unos instantes para formular la pregunta.


- ¿La tuya es extensa?


Él veía por la ventanilla, lo pillé desprevenido, así que ladeo su cabeza hacia donde yo estaba, y me volvió a sonreír deshonestamente, pero no contestó.


Ignorándome volvió a mirar para afuera.


No me conformé con aquel silencio, así que se la seguí, quería una respuesta, aunque con solo mirarlo la sabía, Pedro era un bombón con fino envoltorio.


- ¿Debo creer por tu silencio que es muy extensa? — lo provoqué y entonces giró su cabeza.


- Más corta de lo que te imaginás — me dijo casi sin pensar.


“Mentiroso, quien puede creerte eso, como si no supieras lo atractivo que sos” ¿o acaso no te mirás en el espejo a diario? — Es un presuntuoso comprendí.


Intenté que mis pensamientos no se vislumbraran, pero evidentemente no lo hice demasiado bien.


- ¿No me creés?


- ¿Habría algún motivo para no hacerlo?


- Por supuesto que no — Me dijo nuevamente sin pensar.


Cambiando bruscamente de conversación le pregunté…


- ¿Qué perfume usás?


- ¿Te gusta? — me sonrió de una manera que se me cayeron las medias, eso si las hubiese tenido puestas.


- Si, mucho.


Sí mucho… sí mucho… Todo vos me gustas mucho, faltaba que le diga, ¿Paula te estás oyendo lo que estás contestando? por Dioooos solo falta que te pongas un cartel de regalada en la frente.


Volvió su vista al paisaje de la noche porteña sin contestarme, y me sentí más incómoda aún, te lo dije, fuiste muy obvia me contestó mi otro yo.


- Clive Christian Nº 1— masculló cuando ya ni me lo esperaba, jamás lo había escuchado nombrar — ¿y el tuyo?


Me sonreí.


- J’adore de Dior.


- Exquisito en tu piel…


Por Dios visiblemente estamos flirteando y lo peor de todo es que no quiero parar y no estoy exagerando. Hace tiempo que no me sentía así de descarada con nadie. Este tipo me hace pasar del enfado al flirteo en un segundo ¿como lo hace?

domingo, 13 de julio de 2014

CAPITULO 5



Los primos, hablaban sin parar de la familia.


La conversación era de a ratos ilegible hablábamos un poco en inglés, otro poco en español, es que a Mikel por ahí le costaba comprender un poco nuestro idioma entonces lo intentábamos con el de él, Pedro hacía también de interprete, era muy divertido todo.


El camarero no se demoró demasiado con nuestros platos.
Un momento pensé… ¿cuándo ordené?


Creo que Pedro se dio por enterado ante mi expresión, los otros tres no dejaban de parlotear y reírse, hasta parecían ignorarnos.


- Como estabas en el sanitario y tus amigos me dijeron que eras de amplio paladar, me tomé la libertad de ordenar por ti — me dijo mientras se incorporaba un poco en su asiento y se acercaba a mi para explayarse de lo acontecido — ¿No te importa verdad?


- No, no, gracias...


En ese instante pensé, ¿pero que no dejaría de decir solo gracias en toda la noche? Carajo ya me siento la más estúpida de todas.


Pedro me sonrió de lado, inclinando su cabeza ligeramente y me derretí, chocamos nuestras copas y bebimos el vino.


Los demás ni se enteraron de nuestra conversación....
¿Está flirteando conmigo? ¿O es mi impresión?


Ezequiel de primer plato, había pedido una ensalada griega, Matias y Mikel una Mediterránea, mientras que a mí y a Pedro nos trajeron mollejas al carbón, provoleta de cabra y piñones (almendras)


Al ver que miraba mi plato, Pedro me preguntó.


- ¿Te gustan las achuras?


- Si, se ve exquisito, gracias.


Bien por mí, pensé, modulé cinco palabras seguidas.


En silencio continué conjeturando…


Hey boy!! chico listo, como que no pensaste que si me sirven todo esto de entrada, no tendré lugar para lo que me sirvan luego. Con una ensaladita verde como mis amigos, hubiera sido suficiente, recapacité mientras corté un trozo de molleja y me lo llevé a la boca.


Escuché que Pedro me decía reflexionando.


- Paula como bebieron alcohol con el estómago vacío, decidí ordenar una entrada más consistente, para que no te caiga mal.


Levanté mis ojos y los clavé en sus cristalinos ojos azules.


Read my mind… ¿acaso pensé en voz alta? Dudé... ¿me contestó a mi?


¡Mierda estaré volviéndome loca que como es gringo ya hasta pienso en inglés!


Carajo… insulté para mis adentros, este hombre me impresiona.


Intenté concentrarme en la comida, quería participar de lo que ellos cuatro hablaban pero no me salía palabra, constantemente sentía que Pedro clavaba sus increíbles ojos azules en mí, y eso parecía intimidarme, no sé porque razón, pero me observaba con detenimiento, en varias oportunidades lo había notado.


Empecé a sentirme incómoda, abrumada, pero llegué a la conclusión que me gustaba que lo hiciera, me parecía inquietante que él pose sus ojos en mí, es una sensación muy difícil de explicar.


Matias que es un zorro viejo y que siempre se percata de todas mis percepciones, empezó a hablar conmigo para integrarme en la conversación y para que deje de parecer la más torpe de todas las torpes.


Nos trajeron el segundo plato.


Para nosotros, merluza negra con fideua de mariscos, arroz de pato, foie gras y manzanas.


No es que sea una experta en cocina, me lo explicó Pedro porque yo miraba atontada la cantidad de comida que nos habían traído.


Para los demás, pastas rellenas.


Al ver toda esa comida, pensé nuevamente.


Ey tú, gringuito, ¿qué crees que estoy muerta de hambre?… ¿cómo pretendes que me coma todo esto? ¿por qué no me pediste unos añolotis como mis amigos?


Y tú Mati, ¡carajo! ¿qué mierda te pasó por la cabeza que dejaste que este gringo del orto, ordenara toda esta comida?


Creo que me causaba fastidio que se haya tomado el atrevimiento de ordenar por mí, aunque en un primer momento no lo había sentido así, ahora era lo único cierto, pero además, creo que encima el vino que estoy tomando me está poniendo en pedo.


Intuí que a esta altura, Matias ya había notado el desborde de sensaciones en mi cara.


- ¿Te pido un agua?


Me dijo mientras se cruzaba por delante de Ezequiel y me sacaba la copa de vino de la mano.


Ezequiel como de costumbre jamás se ubica ni en tiempo y ni en espacio.


Comentó con maldad.


- ¡Si, quitale ya el vino! sino termina en pedo — él a veces se olvidaba que yo era una mujer, y me hablaba como si yo fuese de su mismo sexo.


Giré mi cabeza haciael, creo que la mirada fría y rencorosa que le eché se debe haber parecido a la de Pattinson en Crepúsculo.


- El vino blanco te hace mal, Paula — me dijo en tono conciliador — se te sube enseguida a la cabeza lo sabes — Afirmó.


Pero, ese <<Paula>> que me lanzó y que sabe que tanto odio, casi hace que pierda el control.


- Veo que ustedes en todos estos años no han cambiado nada — dijo Mikel desternillado de risa — siempre como perros y gatos.


- No creas — dijo Mati — si han cambiado, cada vez se ponen más insoportables.


Tengamos la comida en paz. — nos rogó.


Matias bajó su vista al plato y siguió comiendo mientras elogiaba la comida.


Pedro estaba recostado en su asiento, con el codo en el apoyabrazos y la mano en el mentón observándonos a todos, como si fuéramos ratas de laboratorios.


Uff eso me molestó.


“Como no deje de mirarme con esa mirada de gringo perdonavidas que se cree el mejor de todos los que estamos acá, me levanto y lo insulto”


- ¡Paula!


Matias chasqueó los dedos y me hizo volver al aquí y ahora. A él era al único que le permitía llamarme por mi primer nombre y no me molestaba.


En ese instante el celular del gringo debe haber sonado, yo no lo escuché, lo debe haber tenido en vibrador, porque estiró la pierna lo quitó con dificultad de su bolsillo, y después de mirar la pantalla, se paró para tomar la llamada.
¿Con quién habla éste que no quiere que escuchemos? Medité.


- ¿Querés que te acompañe al baño para que te refresques?


Me ofreció Matias, mientras se estiraba por delante de Ezequiel y me tomaba la mano.


- No, estoy bien, solo me sentí un poco nublada, pero si no tomo más vino pronto me pasará, seguiré bebiendo agua.


El gringo hablaba por teléfono un tanto retirado de la mesa, pero como estaba hablando en inglés era imposible leerle los labios, habilidad que yo solo poseía con nuestro idioma.
La llamada no duró demasiado tiempo, él parecía muy animado con quien hablaba, se reía elocuentemente y se frotaba el mentón. Como no veía para el lado donde estábamos sentados, aproveché para observarlo a conciencia y sin tapujos. Indudablemente mi primera impresión fue realmente acertada, Pedro era un hombre físicamente atractivo, por todos lados en donde se lo mire, era de esas personas que donde entran llaman la atención y uno no puede dejar de verlos por más que lo intente.


Cuando cortó levantó la vista y ¡upss! me pescó justo observándolo.


De inmediato me sentí incómoda, pero intenté disimular poniéndome a hablar con Mikel, le pregunté a que hora habían llegado y detalles estúpidos del viaje.


Pedro esperó que Mikel me contestara, y en alusión a lo ocurrido anteriormente, dijo mientras volvía a ocupar su lugar.


- El gato se comió al pez Paula — se sonrió y casi me derrito, pero si hasta creo que me mojé toda…  sonó tan bien. La entonación que le ponía a las palabras, hacían que su voz tenga un especial encanto cuando utilizaba nuestro idioma.


- Y el pez muere por su propia boca — le dije y me carcajeé.


En ese momento todos se quedaron callados, sin entender nuestra risa. Luego siguieron hablando.


Llegó el postre.


Pedro nos preguntó si bebíamos champagne o preferíamos otra cosa, estuvimos todos de acuerdo con el champagne.
Mientras nos servían, él tuvo un breve intercambio con el camarero para pedírselo.


- Tienen ¿Bollinger o Veuve Cliquot? — preguntó.


- Señor, tenemos Veuve Cliquot 1998 Brut, y Brut Rosé
- Tráigame La Grande Dame Rosé.


Mikel no prestaba atención a la conversación, parecía acostumbrado a los gustos excéntricos de su amigo, pero nosotros tres, de a ratos nos mirábamos.


Si nos hubieran servido un Moet & Chandon como el que tomamos antes de la cena, hubiera estado perfecto, sabíamos que era un buen Champagne.


Todos comieron helado menos Pedro y yo, obvio, como era de esperarse.


- ¿Y esto que es?


Pregunté cuando el camarero se alejó.


Ezequiel prestó atención a mi plato, y enterró su cuchara en mi postre llevándose un bocado a la boca.


- Mmmm no sé, pero está bueno.


- Torrija caramelizada con helado de dulce de leche y bananas. Prueba, te gustará, aunque sea cómete las bananas, harán que contrarreste el efecto del alcohol.


Pedro me informó mientras enterraba su cuchara en el suyo.


- No estoy borracha, afirmé sosteniéndole la mirada. — de a ratos me molestaba que sea tan pedante, pero si en verdad lo que había intentado durante la noche era llamar mi atención, creo que lo había logrado.


- No he dicho eso — me contestó, sin dejar de mirarme — tampoco estoy borracho y he ordenado lo mismo.


Le sostuve la mirada, para que se de cuenta que no me intimidaba, uff eso parecía un duelo de pestañeo. ¿Quién da más señores?


“Éste gringuito insolente no sabe con quién se está metiendo.”


No me va a acallar así por que sí.


¿Qué se cree? qué va a venir acá y ahora me va a dar lecciones de todo.


Pedro sabía que era atractivo, eso era obvio y se movía con soltura haciendo alarde de sus encantos físicos, se manejaba con muchísima seguridad, creo que desde un principio estaba utilizando la comida como un arma de seducción, había querido demostrarme los placeres de los que uno puede gozar a su lado.


Lo que en un principio me intimidó, luego me resultó chocante, comencé a sentir fastidio de su conmensurado aspaviento, no sé por qué, recordé el comentario que Mikel utilizó para definirlo, dijo que tenía mucho dinero, pero que era una persona muy sencilla, pues sinceramente a mí no me lo parecía.


Creo que muy por el contrario, intentaba demostrar sus excentricidades como arma de poder, aún así no podía dejar de lado su juego.


El camarero interrumpió nuestro duelo, llegó con la botella de champagne que Pedro había solicitado.


La destapó con habilidad y realce, y le sirvió a él para que lo probase.


Lo sorbió y asintió, el mozo dejó la botella y las copas en nuestra mesa y se propuso retirarse, pero Pedro lo detuvo.


- Otra agua para la dama por favor.


Bueno…Ya me mojó otra vez la oreja.


¿Pero que se cree que va a manejar mi voluntad durante toda la noche?


Todo el circo que hizo con el champagne y resulta que ahora supone que tomaré agua, y además, sigue dando por sentado que estoy pasada de copas.


Pedro me parecía super atractivo, por momentos atento, caballero, cosa que es difícil encontrar en otros hombres. Desde que lo vi cruzar por la entrada del Bistró me impactó su convicción y obviamente su belleza también, pero me colmaba la paciencia su autoritarismo, supongo que como empresario, está acostumbrado a lidiar con sus empleados y éste trato frío y autoritario es el que les confiere, pero mierda, yo no soy uno de sus empleados.


Tomó la botella de Champagne y comenzó a llenar todas las copas, solo quedaba vacía la mía y la de él que solo contenía lo que el camarero le había servido para degustar, haciendo una pausa, levantó la vista y me miró, entonces salteó mi copa para servir la suya. Luego sin mirarme y sin decir nada, llenó la mía, él parecía leerme la mente y actuaba siempre un paso delante mí Ayssssssss, este tipo me enerva, está buscando lo peor de mí y está a punto de conseguirlo…


Se echó hacia atrás, apoyándose levemente en su asiento, levantó su copa y bebió un sorbo mientras me veía.


Estaba provocándome, era evidente que se estaba divirtiendo conmigo, me observaba en silencio, sé que estaba esperando que continuase bebiendo.


Aaaaaaa ¿eso esperás? Vas a esperar toda la noche porque ahora no se me da la regalada gana hacerlo, “metete tu champagncito que ni siquiera me acuerdo el nombre porque es mas difícil que un jeroglífico en el tujes”.


El camarero me trajo el agua, pero tampoco bebí de ella.


Me interesé en la conversación e intenté ignorarlo.


Pedro seguía recostado en el respaldar de su asiento mirándome, cada vez que yo como quien no quiere la cosa, lo miraba sin fijar demasiado mis ojos en los de él, esbozaba una media sonrisa.


Muy a mi pesar y aunque lo intentaba con ahínco no podía evitarlo, mis ojos siempre volvían a Pedro.


Paula… me dije, ¿quien te entiende? querías tomar champagne y ahora no lo hacés, él en ningún momento te indicó que no lo hagas, y por más que te lo hubiese indicado sos lo suficientemente grande para saber tus límites, quizá pidió el agua para que te aclares las ideas después de beberte el bendito champagne, solo por si la necesitabas, aunque pensándolo bien, tus ideas con champagne o sin él, esa noche estaban bastante confusas.
¡Qué situación tan inusual! Pensé, yo no soy así, ¿por qué entonces me estoy comportando de esta manera?


Yo creo que si en ese momento me veía en un espejo, estaba echando humo por las orejas y espuma por la boca, verme tan estúpida y regalada me estaba poniendo de mal humor.


Atrapé lentamente la copa en mi mano y examiné en mi boca el sabor de la bebida, sin mirarlo, la deje en la mesa, tampoco me iba a quedar con las ganas de probarlo. Hmm debo reconocer que tiene buen paladar, pude distinguir un sabor afrutado y a vainilla exquisito.


De soslayo y por el rabillo del ojo vi que mientras Pedro hablaba con Matias, de reojos me había visto y se sonreía, volvió la mirada hacia mí, lo sentí verme y entonces ladeé mi cabeza para encontrarlo, me hizo un leve asentimiento con la cabeza.


Idiota se la da de sabelotodo.


Todos terminamos el postre, nos bebimos el champagne y nadie quiso café.


Charlamos un rato más de cosas banales, de autos, de viajes, de snowboarding, de esquí, alpinismo, en fin, parecía que Pedro había practicado todos los deportes que existían, lo que me llevó a pensar en la razón de por que tenía su cuerpo tan contexturado, aún debajo de la camisa, podía observarse que su físico estaba bien marcado y tuve la onírica sensación por un momento de estar tocando sus abdominales y sus bíceps. De pronto me sentí avergonzada por mis pensamientos, y me rebullí en la silla, intentando alejar mis pensamientos lujuriosos