miércoles, 16 de julio de 2014

CAPITULO 13



Me recosté en la pared del fondo, apreté con fuerza mi cartera, alisé mi vestido y me miré en el espejo, le hablé a mi imagen reflejada en él ¿que esperabas tonta? ¿Que esperabas Paula acostándote con un hombre que recién conocés?


Llegué a la planta baja del hotel, llené mis pulmones de aire y me encaminé hacia la calle.


Oscar me estaba esperando con el automóvil estacionado en la entrada, un BMW M550d gris oscuro, con interiores color crema, era un auto lujoso, pero ni me preocupé en prestarle demasiada atención, al verme salir del hotel el chofer me abrió la puerta trasera para que subiera.


- Buenos días, ¿Oscar verdad?…


- Buenos días señorita, así es, así me llamo — me contestó el hombre muy cordialmente.


Entré en el automóvil, me puse el cinturón de seguridad, Oscar se acomodó en el lugar del conductor y por el espejo retrovisor me preguntó.


- Usted dirá, ¿donde la llevo?


Le indiqué el camino hasta mi departamento y me abstraje todo el viaje en el paisaje urbano, al llegar, me abrió la puerta, le agradecí una vez más y nos despedimos amablemente.


Subí en el ascensor, mi mente estaba en blanco así había quedado desde que salí del hotel.


Entré en mi casa, tiré mi bolso en el sofá y me dirigí directamente hasta mi vestidor para quitarme todas las prendas que llevaba puesta del día anterior, no soportaba más, me puse ropa interior limpia y me calcé unos shorts y una remera de tirillas.


Descalza me trasladé por la casa hasta dar con el mando del aire acondicionado, lo encendí estaba tan sofocada y eso que no hacía tanto calor, era un día cálido y muy primaveral en Buenos Aires. Prendí mi ordenador y conecté mi iPod a él, inconcientemente busqué la canción de Reik, la que ayer sonaba en la limousine cuando íbamos a Tequila y la puse en repetición, la canté en silencio.


Sabes te quiero confesar 
Que te encuentro irresistible 
No dejo de pensar que haría lo imposible 
Por quedarme cerca de ti.


Repentinamente comenzaron a fluir lágrimas de mis ojos, lloré un buen rato y luego me encontré marcando el número de Matias.


- Hola Pau.


No podía hablar, el llanto me lo impedía.


- ¿Paula que te pasa? Contestame por favor, me estás asustando…


- Vení por favor te necesito…


- Calmate, ¿Qué pasó?


- estoy bien, físicamente estoy bien, pero vení por favor necesito de tu compañía.


- En un rato estoy por allá.


Matias vivía cerca, sabía que podía contar con él, cuando rompí con Guillermo días antes de la boda, me acompañó en todo momento, se quedó a dormir conmigo y me cuidó y me consoló, fue mi paño de lágrimas.


Habían pasado quince minutos cuando sonó el timbre, luego sentí el ruido de la cerradura, él tenía una llave de mi departamento por las dudas.


Entró agitado, cerró la puerta y me vió hecha un ovillo en el sillón, aún estaba llorando, se acercó y se sentó a mi lado y me subió a su regazo, me abrazó fuerte muy fuerte, mientras me daba besos en el pelo, esperó a que me calmara… sus besos y su abrazo me proporcionaron alivio y comprensión.


Ya no lloraba, solo emitía suspiros agónicos y cansados.
Me separó de su pecho y corrió mi pelo de la cara secando con sus manos mis lágrimas…


- A ver señorita Chaves, me va a contar por fin que le pasa.


- Me siento la persona más estúpida, vulgar y vacía que existe en esta tierra.


- Primero dejame decirte que no sos ni estúpida, ni vulgar, ni vacía... por el contrario sos la más bonita, la más inteligente, y la única con tan buenos y sinceros sentimientos que existe en la faz de esta tierra… pero me gustaría saber ¿por qué decís eso?


Lo miré a los ojos… tomé aire y le dije


- Pasé toda la noche con Pedro , me acosté con él — abrió los ojos, se rió y me puso el pelo atrás de la oreja.


- no entiendo, que tiene que ver eso con tu llanto y con lo que me acabás de decir, a caso él ¿no se portó bien con vos?


Se puso serio y en guardia a mi respuesta.


- No, no — afirmé rotundamente para que no le quedaran dudas — fue todo magnífico, nunca me hicieron el amor como me lo hizo él, Matias, Pedro es irresistiblemente caliente.


Silbó…


- Que definición… Y entonces Pau, ¿que es lo que está mal? No te entiendo.


- Todo, creo que no estuvo bien irme con él, apenas lo conocía… y es tan lindo…


- A ver, a ver amiga, pensá esto — me agarró de las manos — ¿hiciste algo que no querías hacer?


- No.


Le dije mientras hacia un mohín y movía mi cabeza.


- Entonces disfrutá de lo que viviste, me estás diciendo que fue lindo… Paula no sos una nena, sos adulta, tenés veintiséis años y viviste toda tu vida con remilgos en tus relaciones y en la última ¿como te fue?


- Tampoco es necesario que me recuerdes eso… no fue mi culpa.


- No obvio que no fue tu culpa, lo hablamos muchas veces… pero por eso, ahora disfrutá, viví, hacé lo que tengas ganas, tú esencia no va a cambiar solo porque una vez decidiste vivir el momento, te fuiste con quien querías y eso implicó que te metieras en la cama con quien te pareció muy atractivo… conociéndote, sé que tu vida nunca será promiscua, no te sientas así, tonta…


- Pero… que debe estar creyendo él de mi y cuando nos despedimos, ni siquiera me pidió el celular… no sé no me hagas caso, tengo un lío en mi cabeza.


- uy, uy, ya veo… ¿lo que te preocupa es lo que él piensa de vos o que no te haya pedido el teléfono?


- Sí, no, no sé…


- no sé que cosa, ¿lo primero o lo segundo?


- a decir verdad… no sé lo que me preocupa… en el restaurante todo con él se volvió sorprendente y ridículo, luego tonteamos toda la noche y finalmente terminé en su cama.


- Fue sexo entre dos personas adultas Paula, solo eso, no le busques la quinta pata al gato… quizá ni lo vuelvas a ver, de hecho es lo más probable… o eso es lo que te tiene afectada.


- ya sé que no lo volveré a ver, por esa razón anoche decidí irme con Pedro, porque me gustaba mucho y sabía que nunca más lo vería y dije que podía permitirme salir de mi estructurada vida… pero hoy cuando desperté a su lado, no sé, me sentí tan extraña…


- pero lo disfrutaste…


- sí, tarado — me reí.


- entonces dejá de sentirte mal boba. Si hasta yo me puse contento, cuando vi que se iban.


- Bobo…


- Mirá vos… ¿el bobo soy yo?


- te conozco Matias, conozco esa mirada… ni se te ocurra preguntarme nada más, porque no voy a contarte, mi intimidad tiene un límite…


- yo no voy a preguntarte nada — nos quedamos en silencio 


— ¿Cuántas veces lo hicieron?


- basta idiota, no voy a decirte.


- dale quiero saber la performance del gringo.


- No te voy a decir — le dije riendo.


Solo Mati podía cambiar mi humor de esta manera.


- ¿Que pasó con Daiana? — le pregunté para desviar el tema, no quería seguir hablando de Pedro.


- Se le metió en la cabeza que yo miraba a Claudia… ella estaba bailando muy cerca nuestro y me distraje mientras Dai me hablaba y empezó a decirme que estaba viéndola, que por eso no le prestaba atención y bla bla bla…


- ¿Y la mirabas?


- noooooo, pero no se lo pude hacer entender. ¿Por qué escuchás esa canción en repetición?


Maldición no se le escapa nada a Mati…


- nena el gringo te pegó mal, te dejó atontada, definitivamente creo que en realidad lo que te preocupa es que no te haya pedido el número de teléfono y que solo haya sido sexo.


Matias sabía siempre lo que yo sentía carajo, jamás podía ocultarle mis verdaderos sentimientos, aunque al no decirlos no solo pretendía ocultárselos a él, sino también negármelos a mí.


- ¿Qué tiene que ver la canción con Pedro? Quedó puesta no sé.


- Yo si sé, esa canción es la que se escuchaba en la limousine, cuando íbamos a Tequila.


- Te crees el más sabelotodo, ahora la apago y sanseacabó, para mi no significa nada.


Me levanté y saqué la música.


- Que cabezona sos — me dijo tomándome la mano y golpeándome en la frente con un dedo. Veamos una peli.


- Bueno te dejo elegirla a vos…


Corrimos la mesa baja que estaba frente al sofá, fui a buscar unas almohadas Mati trajo gaseosas de la heladera y nos tiramos frente al LCD en la alfombra a ver una película. 


Creo que no miré más de cinco minutos.


Me desperté cuando estaban los títulos y solo porque mi celular sonaba.


Era mi mamá…


- Hola hija


- Hola Mami, ¿cómo estás?


- Yo bien, ¿y vos?


- Bien mami, haciendo un poco de fiaca, anoche salí y me acosté muy tarde, hoy estoy destruida


- ¿Estás alimentándote bien?


- si mamá no tenés de que preocuparte.


¿Por que siempre las madres creen que no comemos lo suficiente?…


- te extraño tanto, tengo tantas ganas de verte…


- yo también mami, nos veremos para Navidad, no falta tanto…


- si lo sé, ¿vendrás para estas vacaciones?


- por supuesto Ma, como cada año, quince días con ustedes y luego quince días con mis amigos.


- tengo algo para contarte pero tu hermano no se tiene que enterar que ya te lo dije, Gonzalo está haciendo unas pruebas con una sepa nueva, no le digas nada que ya lo sabes, el quiere hacerlo cuando vengas y darte a probar, es un Pinot Noir y algo más, creo que será un éxito.


- parecés muy ilusionada


- si hija, en enero hay una cata importante, donde Gonzalo lo va a presentar.


- Que bueno Ma, suena fantástico, ojala vaya bien.


- Eso es lo que esperamos… ¿Tus cosas todas bien? princesita mía


- si todo tranquilo como siempre, el trabajo bien, mi vida social tranquila. Estoy bien mamá no tenés que preocuparte por nada.


- cuando me presentarás un novio, hace dos años que te peleaste con Guillermo, la vida continúa hija y sos tan joven y tan bonita no me vas a decir que te faltan candidatos.


Mi madre siempre se preocupaba por que esté sola, desde que rompí mi compromiso con Guillermo, cada vez que me llamaba me preguntaba lo mismo.


- Ya llegará el indicado Ma, por ahora sigo sola y sin apuro. ¿Como están mis sobrinos?


- Uff... esos mocosos están tan grandes y cada día más hermosos… Clara sacó todas MS (Muy Satisfactorio) en el boletín, es tan inteligente, me recuerda mucho a vos lo aplicada que eras en el colegio… y Francisco ya tiene toda la boca llena de dientes, está tan malcriado ese muchachito y en cualquier momento se larga a caminar.


- si Gonzalo me mandó fotos por email la semana pasada, están bellísimos los dos.


- Que te puedo decir, soy la abuela más babosa de San Rafael… bueno hija no te quito más tiempo te dejo, ya mi día se alegró por haber hablado con vos y además me estoy yendo a lo de Olguita a jugar a la canasta.


- Disfrutá de tus amigas mami, prometo no colgarme tanto y llamarte la semana que viene, te quiero mamita te mando un beso grandote.


- Gracias, yo también te quiero hija, cuidate mucho.


- Vos también.


Hechas las despedidas cortamos, Mati dormía tirado en el piso, creo que él tampoco vió la película, ni siquiera se despertó con el teléfono ni con la conversación.


Me dio penita, pues se levantaría todo adolorido por habernos acostado en el suelo. Lo desperté para que se fuera a la cama.


Se restregó los ojos y me preguntó la hora.


- las ocho, dormimos toda la tarde.


- Uy nooo — se afligió — me voy, a las nueve y media le dije a Daiana que iría a su casa para salir a cenar. ¿No querés venir con nosotros?


- No andá tranquilo no quiero ser mal tercio. Además, tengo que terminar las planillas que me traje de la oficina, voy a ver si lo empiezo.


Mati se fue y sentí hambre, rodeé el desayunador y pasé a la cocina, abrí la heladera para ver que encontraba, no tenía ganas de cocinar, pero algo tenía que comer, había pasado el día con el desayuno de la mañana. Encontré una bandeja de ensalada que había comprado en el Carrefour y abrí una lata de Atún, me destapé una coca- Light y me acomodé en la mesa baja del living, junto a mi Mac para aprovechar a ver los archivos que tenía para armar la hoja de cálculo y los porcentajes que necesitaba para el lunes.


Recordé que llegaba el yanqui, ayssss, que fastidio será todo este mes la oficina con ese intruso, ya comenzaba a ponerme nerviosa al pensar en su presencia.

CAPITULO 12




Me terminé de secar y me puse la ropa que tenía puesta ayer no tenía otra, busqué un peine en mi bolso y me desenredé el cabello, en mi neceser llevaba un cepillo de dientes así que me los lavé, me puse desodorante, un poco de rubor y máscara de pestañas y me rocié con J’adore y bajé a la sala.


Acababa de llegar el desayuno, una mucama estaba poniendo la mesa.


- Buenos días señora — me encantó que me llamara así.


Le devolví el saludo, apoyé mi bolso en el sofá y me senté a la mesa para disponerme a desayunar.


Pedro estaba sentado en la cabecera, se había puesto unos jeans azules y una remera negra ajustada con escote en forma de v que le quedaba infartante. En los pies llevaba unas Nike, permanecía concentrado revisando su teléfono celular.


La mucama terminó de prepararnos la mesa y preguntó si necesitábamos algo más, Pedro levantó la vista, dio una ojeada me miró y negué con la cabeza y entonces le dijo.


- No muchas gracias.


La mujer se retiró saludándonos amablemente y nos dejó solos.


Vi que había una cafetera con café entonces le pregunté.


- ¿Te sirvo café?


- Por favor, gracias — seguía ensimismado en su teléfono.


- ¿Azúcar ó edulcorante?


Levantó la cabeza y me dijo.


- Edulcorante dos sobres.


Se los eché y le revolví el café y se lo dejé en su sitio.


Luego le agregué edulcorante a mi latte. Tomé un sorbo y ataqué las medias lunas. Él permanecía absorto en su celular, terminó de contestar, no se que sería y dejó el teléfono a un costado.


- Ya está — me dijo — ya estoy con vos — suspiró me tomó de la mano.


- No te preocupes atendé tus cosas.


- Trabajo — se disculpó me sonrió y le sonreí.


- Ni me hagas acordar del trabajo… ahora llego y me tengo que poner a hacer unos informes que me traje de la oficina — le dije recordando las planillas que tenia que terminar.


- ¿En que trabajás?


- Soy una de las administradoras de una empresa de indumentaria. ¿Vos, a que te dedicás?


- Dirijo las empresas que mi padre tiene en el exterior — me contó mientras comía de su omelet — ¿vivís con tus padres?


- No… mi papá falleció hace ya hace varios años y mi mamá vive en Mendoza con mi hermano, su esposa y sus dos hijos. Mi familia tiene viñedos en Mendoza y es dueña de las Bodegas Saint Paule, continué explicando. Mi hermano se encarga del negocio familiar, él tomó las riendas luego que muriera mi padre. Teníamos un administrador que cuando mi papá enfermó hizo leña del árbol caído y casi nos lleva a la ruina, mi madre no entendía ni jota del negocio y yo era chica y entonces mi hermano tuvo que madurar antes de tiempo, con dieciocho años se puso la empresa encima y la sacó a flote.


- Interesante. Te soy sincero no conozco muchas marcas de vinos de tu país, se que hay buenas sepas ¿son buenos vinos los que fabrican ustedes?


- Desde 1999 mi hermano introdujo en el país unas uvas provenientes del sur de Francia y ha logrado muy buenas cosechas, hemos ganado por cinco años consecutivos premios nacionales y algunos internacionales. También fabricamos uno de los mejores Malbec reservado del país.


- ¿Y que hacés trabajando en una empresa de indumentaria?


Me encogí de hombros…


- De la bodega se encarga mi hermano y lo hace muy bien, él tiene una maestría en ciencias económicas, pero en la actualidad se encomienda más que nada a controlar la producción, además… yo prefiero la ciudad, cuando me vine a estudiar la carrera a Buenos Aires, me di cuenta que de acá no me iría más, a Mendoza solo voy en vacaciones y de visita.


Terminé de beber el jugo de naranja y de comerme las frutas y miré la pantalla de mi celular porque vibró, era un whatsapp de una amiga invitándome a su casa de fin de semana con otras amigas, pero rechacé la invitación aduciendo que tenía trabajo por terminar para el lunes. Miré la hora y vi que ya eran pasadas las once y media.


- Bueno, Pedro me voy — le dije.


- Ok


Él se limpió la boca con la servilleta, la dejó sobre la mesa, tomó un último sorbo de café y nos pusimos de pie, me acerqué al sofá, donde reposaba mi cartera y me calcé los zapatos que habían quedado junto a la mesa baja.


- Lo pasé muy bien Pedro.


- Yo también — me tomó una mano, me acercó a él y con la otra mano me tomó la barbilla y depositó tiernos besos en mis labios — permítame que mi chofer te lleve — me pidió.


- No es necesario Pedro, en conserjería puedo pedir un taxi.


- Dame el gusto de que Oscar te lleve — me dijo una vez más insistiendo.


Lo pensé un instante y considerando la manera en que me lo pidió me sentí desarmada, finalmente no pude negarme.


- Está bien gracias por ser tan considerado.


Me sonrió y me dio un sonoro beso en los labios, buscó su teléfono y le explicó al chofer que en cinco minutos yo bajaba y que me llevase donde le indicara.


Me volvió a abrazar pero esta vez me besó intenso, atormentó una vez más mi lengua con la suya hasta que finalmente paró, me tomó de la nuca y apoyó su frente en la mía.


- by nena…


Me tomó de la mano y empezó a caminar, tenía la esperanza aún que me pidiera el teléfono pero no lo hizo dando por terminada mi ensoñación, ese corto saludo fue lo último que me dijo, ya está Paula mejor así pensé, quedate con el buen recuerdo de esta noche que fue magnífica.


Salimos al corredor y me acompañó hasta el ascensor, lo llamó y esperamos a que viniera en absoluto silencio. 


Cuando llegó entré y antes que cerrara la puerta le dije…


- Adiós ojitos y le tiré un beso.


La puerta se cerró y tras ella Pedro desapareció de mi vida para siempre.

martes, 15 de julio de 2014

CAPITULO 11



La luz matutina entraba por el ventanal de la habitación, habían quedado las cortinas abiertas, Pedro estaba aferrado a mi cuerpo con su mejilla apoyada en mi espalda, teníamos las piernas entrelazadas y podía sentir su respiración pausada en mi cuello, no quería moverme porque temía que se despierte y eso significaba que tendría que irme, un mar de sensaciones invadían mi mente, anoche cuando me embarqué en esta aventura no pensé que me sentiría como me estaba sintiendo, creí que cuando despertase luego de conseguir dormir con él me sentiría feliz por concretar mi propósito, pero ahora ¿que sentía? … no quería pensar en lo que experimentaba … No Paula, no, me dije a mi misma, solo fue sexo, una magnífica noche de mucho sexo, no tejas en tu cabeza otras emociones inconcebibles.


Me quedé quieta, muy quieta y creo que volví a dormirme porque cuando desperté estaba boca arriba, Pedro tenía su brazo enlazado en mi cintura y una pierna sobre las mías, que bien se siente despertar así, hace tanto que no despierto con alguien a mi lado, ladeé mi cabeza lentamente para verlo y me encontré con unos ojos azules radiantes que me veían.


- Hola — le dije tímidamente.


- Hi.


Me contestó adormilado. Nos quedamos así, viéndonos un buen rato en silencio y lo miré hasta que ya no pude sostenerle la mirada.


Volví mi cabeza y me quedé viendo el techo, no sabía muy bien que decir, no estaba acostumbrada a despertarme en la cama de un desconocido y con la particularidad que ese desconocido me había vuelto loca, hasta el punto de pensar si el amor a primera vista existe.


No quiero sentirme así me dije, disfruta del hoy y ahora Paula y no pienses… me besó en el hombro y me ladeó el cuerpo poniéndome de frente a él, era increíble sentir sus manos en mi cuerpo desnudo, se mantuvo aferrado a mi cintura y me sonrió, le besé la nariz y levanté mi mano para definirla, la recorrí con mi dedo índice, en la punta se le formaba una pequeña hendidura, que dibujé con mi dedo, era perfecta, seguí mi recorrido, bajé a su boca y le delineé el contorno de sus labios. Sus labios son más que perfectos aún pensé, repasé una y otra vez el medio corazón que formaba su labio superior, bajé a su mentón, pasé a contrapelo mi dedo para sentir el crecimiento de su barba, Pedro se veía demasiado sexy con esa sombra sin afeitar, no me había equivocado la noche anterior cuando lo miré en el restaurante, subió su mano con la palma bien abierta y me acarició la espalda desnuda y respiró hondo, yo fijé mis ojos en los suyos y no pude evitar preguntarme.


“¿Qué me vio este hombre tan perfecto para llevarme a la cama con él?”


Siempre he tenido mi autoestima bien alta con mi físico, era consiente que tenía una figura armoniosa y me cuidaba para mantenerla, pero Pedro era apabullante de bello.


Levanté mi mano y le aparté el mechón que caía en su frente le recorrí las patillas mientras no dejaba de verlo a los ojos.


- Hoy tienen vetas marrones.


Me dijo… sin entender a lo que se refería, fruncí el ceño.


- Tus ojos… hoy tienen vetas marrones.


Aseveró repitiendo.


- Anoche los tenías más verdes — concluyó.


Mariposas corrieron por mi cuerpo, Diossssssss como me puede seducir solo con decirme que cambió el color de mis ojos.


- Son los ojos verdes más hermosos que he visto — continuó diciendo


¿¿Por qué me decía esto? No era necesario… no somos amantes… no esperaba que trate de agradarme con palabras bonitas, Pedro me desconcertaba.


- Gracias — le dije sonriendo.


- ¿Lo pasaste bien?


- Sí, ¿y vos?


- También.


Pedro, quiero que sepas que normalmente no me acuesto con un hombre apenas lo conozco, necesito decírtelo, no quiero que te lleves una impresión errónea de cómo soy.


- Shh, no te preocupes, sé exactamente como sos… lo veo en tus ojos.


- Te digo de verdad.


- Yo también te digo de verdad…


- Gracias.


- ¿Por qué?


- Por creerme.


- ¿Qué tenés con Mati?


Su pregunta me sorprendió… ¿con que derecho me preguntaba que tenía que ver con él o con cualquier otro?


En toda la noche nos la pasamos cogiendo y prácticamente no hablamos, creo que lo hicimos más durante la cena, ¿se puede considerar eso acaso como un interludio al sexo desenfrenado que tuvimos? No que va, si no estábamos solos.


- ¿A que se debe esa pregunta?


- Curiosidad, solo eso…


Lo miré a los ojos y luego le contesté.


- Ayer creo que Mati y yo te lo dijimos, solo tenemos una gran amistad, una enorme y sincera amistad, él ha estado a mi lado en los momentos en que yo más lo necesité, siempre incondicional. ¿Eres de los que no creen en la amistad entre un hombre y una mujer?


- A decir verdad no, no creo — me dijo sinceramente.


- Te aseguro que si existe y Mati y yo somos ejemplo de eso.
Se rió y no me contestó.


- ¿Tenés hambre?


- Bastante…


- ¿Querés que desayunemos juntos?


- Me encantaría, pero… ¿puedo usar tu ducha antes?


- Claro… voy a pedir el desayuno entonces. ¿Qué te pido?


- Hmm, un latte con medias lunas de manteca, jugo de naranja y… un mix de frutas también por favor.


- Ok marche un buen desayuno, necesitamos reponer energías — me dijo pícaramente y guiñando un ojo.



Levantó el teléfono que estaba en la mesa de noche y se quedó ordenando el desayuno, yo me levanté y me fui para el cuarto de baño, cuando estaba llegando me acordé que la ropa había quedado abajo, así que continué bajando la escalera para buscar mis cosas.


La sala era un regadero de ropa, me sonreí y recordé lo apurados que estábamos. Levanté también sus prendas, las doblé y las dejé acomodadas en el brazo del sofá, agarré las mías y mi bolso y me fui al baño, cuando entré me dirigí directamente al espejo, sobre la mesada del lavatorio había quedado mi celular así que aproveché para mirar rápidamente si tenía mensajes o llamadas perdidas y vi que había dos de Mati, después lo llamo pensé. También había un mensaje de mi mamá, que leí rápidamente por si era algo importante, pero no, solo era para preguntarme como estaba, le contesté rápidamente diciéndole que estaba bien que en la tarde la llamaba.


Dejé mi teléfono dentro del bolso y saqué una toalla desmaquillante para sacarme los restos de maquillaje que aún me quedaba, luego me dirigí a la ducha, la abrí, toque con mi mano el chorro de agua hasta que estuvo templada y cuando consideré que estaba a punto me metí bajo la cascada. Mojé bien mi pelo y me apliqué shampoo, tenía los ojos cerrados para que no me entre espuma mientra me masajeaba enérgicamente mi cuero cabelludo, luego me enjuagué, de pronto se posaron unas manos en mi cuerpo, abrí los ojos y era Pedro que se había metido en la ducha conmigo.


Le tiré agua en la cara y nos carcajeamos mientras lo arrastré bajo el chorro de agua, el cual era suficientemente grande para que entremos los dos, levanté mis manos y le mojé bien el cabello enterrando mis dedos en sus mechones y peinándolo hacia atrás, tomé el shampoo de la estantería y me puse un poco en mi mano,
- Bajá un poco la cabeza que no llego.


Le indiqué y él asintió sin decir nada, le enjaboné el pelo y lo masajeé para lavarlo, luego se lo enjuagué, Pedro tenía los ojos cerrados mientras lo enjabonaba, entonces aproveche para mirarlo gustosa, sin privarme de nada, qué hermoso es, pensé una vez más, mis pensamientos eran reiterativos, pero eran inevitables, sus facciones son tan armoniosas, su nariz es del tamaño justo para su rostro, sus ojos cerrados son exquisitos con esas pestañotas y abiertos, ¡wow! quisiera perderme eternamente en ellos. Los labios eran increíblemente bellos, el superior formaba un perfecto medio corazón, su arco de cupido estaba bien definido, y formaba un surco perfecto sobre él. Su labio inferior era carnoso, pero del tamaño justo, y armónicos a la estructura de su cara, si uno los miraba bien parecían los labios de una mujer, pero todo él era tan varonil…


- Ya está — le dije.


Se pasó las manos por la cara para escurrirse el agua de los ojos, me tomó de la cintura y me dio un sonoro beso, luego me asaltó la boca con su lengua, la mía fue rápidamente a su encuentro y nos perdimos en un beso dulce y húmedo, terminamos teniendo sexo en la ducha.


Habiéndonos saciado una vez más y luego de terminar de ducharnos, salimos de abajo del agua, él se enredó una toalla en la cintura y tomó dos más de la estantería y me las alcanzó, una la envolví en mi pelo y la otra la usé para secarme, Pedro tomó otra toalla y se secó su cabello enérgicamente, luego la pasó por su torso, sacudió la cabeza y pasó sus dedos por su pelo, se peinó con ellos no usó peine, lucía sexy con el pelo mojado, en realidad Pedro lucía sexy de cualquier forma, sus ojos resaltaban más azules. Terminó de secar su torso y se echó desodorante, lavó también sus dientes y me dejó en el baño sola, supuse que se había ido a cambiar.

CAPITULO 10




Se dejó caer sobre mi pecho sin salir de mi interior. A medida que nuestras respiraciones fueron normalizándose, empezamos a movernos. Salió de mi vagina y se apoyó en un codo, me tenía aprisionada contra el respaldo del sofá, me miró y me besó en la punta de la nariz mientras me sonreía.


- ¿Dónde está el baño? — le pregunté.


- Tenés uno en la primer planta y otro en la segunda, dentro de la habitación.


No quería salir de su cobijo pero necesitaba refrescarme.


Me levanté y cuando lo hice me pegó una nalgada que me hizo reír. Me di vueltas y le guiñé un ojo. Se acomodó en el sillón llevando sus brazos a la nuca mientras me veía ir, creo que estaba disfrutando de su vista.


Me deslicé ascendiendo por el hueco de la escalera, allí había una araña de cristal de fibra óptica con forma de lágrima, que cambiaba de ámbar a azul, a verde, a rojo, llamó mi atención pareciéndome demasiado sofisticada.
Llegué al baño que ocupaba toda la primer planta de la suite, era abrumador y espectacular en su totalidad, estaba revestido de mármol italiano en tono gris y blanco había una ducha en forma de cascada y un jacuzzi abierto.


Que ostentación pensé, me senté en el inodoro e hice pis, no podía dejar de reflexionar en todo lo que había pasado, que hombre más intenso… es muy bueno en el sexo, nunca me hicieron pasar por tantas sensaciones y yo que creí que no era tan inexperta. Me sequé con cariño mi chichi, luego de cómo la había tratado Pedro necesitaba un poco de mimos, me carcajee en silencio con mis pensamientos.


- ¿Se puede? — preguntó antes de entrar


- Sí, entrá.


Yo ya me había levantado del sanitario y estaba refrescándome la cara, pero sin echarme demasiado agua para que no se me corriera tanto el maquillaje.


- Estaba sonando tu celular, pero se cortó antes que llegara — me explicó — estaba en el piso, se ve que se cayó de tu cartera.


Me lo entregó miré la pantalla y devolví la llamada,


- Hola Mati.


- ¿Nena estás bien?


- Si Mati estoy bien…


- ¿Dónde estás?


- ¿Durmiendo… viste la hora qué es?


- Si lo siento ¿Pero dónde estás?


Le contesté con otra pregunta…


- ¿Y vos dónde estás?


- En un taxi llegando a casa, Dai se volvió a enojar, quiso que la lleve a la suya, me dejó pagando otra vez.


- Algo le habrás hecho…


- Se supone que sos mi amiga y tenés que estar a mi favor.


- Mati no es hora para esto…. es tarde mañana hablamos, ahora andate a dormir.


- OK mala onda…


- Beso hasta mañana.


Corté antes que pueda seguir preguntándome.


Pedro se había quedado a mi lado todo el tiempo, me tenía abrazada por detrás, mientras me besaba el cuello, parecía que no podía parar.


Me dio la vuelta y me besó en la boca, pero no fue como los besos que me dio cuando llegamos, esta vez lo hizo suavemente, sus labios eran carnosos y sensuales, besaba muy bien, nos acariciamos con cariño nuestras lenguas, los dos estábamos desnudos, me tenía agarrada de la nuca mientras yo hacía puntas de pie porque estaba descalza. 


Cuando nos separamos, su pene empezaba a erigirse contra mi piel lo miré y me guiñó un ojo y me sonreí.


Segunda vuelta pensé, ¿tan pronto está listo otra vez? 


¿Será que Pedro es de este planeta? jamás estuve con un tipo que tan pronto estaba preparado para un segundo round. Vaya esto si es una sorpresa…


- Vamos a la cama — murmuró.


Me tomó de la mano llevándome hacia la escalera, subimos una planta más y entramos en la habitación, nos quedamos enfrentados en la entrada.


Pedro aún mantenía mi mano aferrada a la suya, se la llevo hasta la nuca, interpreté que quería que lo acariciara, me despejó el pelo de la cara y me indicó que cerrara los ojos y me beso tiernamente un párpado, luego el otro, finalmente depositó uno muy pequeñito en la punta de mi nariz y otro muy suave en mis labios.


Yo le acariciaba el cuello con mis dos manos, abrí mis ojos y lo miré, sus ojos azules bailaban de deseo nuevamente, pero esta vez nos estábamos tomando todo nuestro tiempo.


Nos miramos por un rato en silencio, yo seguía acariciándolo, entrelazando mis dedos en su cabello y especulando en lo que él estaría pensando.


Era tan lindo, su rostro era tan perfecto, tenía de rudo y de ángel en la medida justa.


Sostenía mi cara con las dos manos, con su dedo pulgar definía mis labios, saqué mi lengua para humedecerlos y aprovechó la apertura de ellos para meterlo dentro de mi boca, se lo acaricié con la lengua lo rodeé una y otra vez, él arqueó una ceja y se sonrió.


Sentía como mi vagina se ponía viscosa nuevamente y también como comenzaba a hincharse su pene constituyéndose y rozando mi pubis.


Sacó su dedo de mi boca y aferró sus manos a mis hombros, mientras me regalaba su sonrisa que era tan seductora, le sonreí y me acerqué a sus labios para besarlo, los lamí y me separé ligeramente para ver su rostro, tenía una expresión incrédula que le formaba unos pequeños pliegues en la frente, llevé mi mano a ellos para recorrerlos con mi dedo índice, ¿como hay que hacer para entrar y quedarme en tu cabeza? pensé… Pedro relajó su frente en mi mano y descansó en ella cerrando los ojos para disfrutar, entreabrió los labios y de ellos dejó escapar un gemido, deslizó una mano por mi omóplato hasta rodearme la espalda y se movió con rapidez sorprendiéndome, me levantó de las corvas de mis piernas y me cargó en sus fuertes brazos, se sentía tan bien estar así, que me aferré a su cuello y me hundí en él aspirando las notas de sándalo de su exquisito perfume mientras me llevaba hacia la cama, creí que me dejaría sobre ella pero no lo hizo, evidentemente no tenia ningún apuro, me dejó parada a un costado y volvió a tomarme de los hombros, no hablábamos, simplemente nos estábamos dedicando a acariciarnos, resbaló sus manos por mis brazos arrullándomelos y buscó mis dedos entrelazándolos a los suyos, dio un paso hacia atrás y con la vista me recorrió todo el cuerpo, admiró cada una de mis curvas, su actitud de pronto me dejo indefensa, su mirada me hacia sentir en inferioridad de condiciones, era tan profunda y mordaz, que me solté una mano y bajé la mirada mientras me mordía un dedo.


Pedro me tomó de la barbilla y levantó mi cabeza mientras movía la suya desaprobando mi actitud, frunció su labios y su ceño, entonces se acercó a mi boca e introdujo su lengua, de inmediato le di paso disfrutando de todas las sensaciones de su beso y me entregué a su intrusión y la entrelacé con la mía, me sentía poderosa besándolo. Se apartó de mí y abrió la cama, corrió el cobertor y la sábana superior y se sentó, se echó hacia atrás y se quedó semi recostado viéndome apoyado en sus codos sobre el colchón, instantáneamente me incliné y busqué su boca nuevamente, que a esta altura se había convertido en una adicción para mi, me sentí tan audaz, que empecé a bajar con mis besos por su cuello, Pedro dejó escapar un gemido contenido y tiró su cabeza para atrás para darle más paso a mi lengua que reptaba por su carótida y por su nuez de Adán.


Sin perder más tiempo me arrodillé sobre la cama y empecé a besar todo su cuerpo, lo besé en cada músculo y a mi paso sentía como temblaba ante mis caricias.


Quería llevarlo hasta un lugar donde nadie lo haya llevado, no se si podría hacerlo pero lo estaba intentando, quería que sus sensaciones, solo le pertenezcan a mis besos, que exista una diferencia con otros que le hayan dado, quería enloquecerlo de placer y que nunca me olvide. Le lamí los pectorales y con mi mano le acaricié el bello de su pecho para comenzar a descender por sus abdominales que estaban tensados ante mis caricias, mis ojos afanosos no querían perderse ni un instante, ni una sensación, levanté mi cabeza para ver cuanto estaba disfrutando de mis mimos, y él permanecía atento a cada uno de mis movimientos tampoco yo quería desaprovechar de verlo, estaba ahí tan íntimamente con él y era consiente que lo que no haga esta noche no tendría oportunidad de volver a hacerlo.


Pedro me había entregado el control del momento yacía perdido en mis caricias y mis besos, tenía los labios entre abiertos y sus ojos se habían enardecido y cambiado a un azul intensísimo. Volví a concentrarme en mi tarea y comencé a acariciarlo con la punta de mis dedos, le contorneé sus huesos ilíacos delimitando su triángulo invertido, luego me concentré en su rastro feliz que comenzaba en su ombligo, lo recorrí con mis dedos hasta llegar a su pene, acaricié toda la longitud de su sexo empuñándolo en mi mano, subí una y otra vez hasta que lo sentí temblar. Una gota de líquido preseminal se escapo por su hendidura y me sentí tentada, sin poder contenerme pasé mi lengua para recogerlo. Abrí mi boca y succioné, me moví sobre él enterrándolo y sacándolo de mi boca, varias veces hasta que me rogó que parase.


Sí Pedro, pensé, así te quiero, rogando, llevándote al extremo, te quiero sin aliento, extasiado, entregado, al borde del delirio.


Tomó aliento e intentó valerse de su autocontrol. Me indicó que me acostara de espaldas, para hacerlo, se valió de unos golpecitos en la cama que supe interpretar muy bien.


Me separó las piernas y se acomodó dejando su cabeza entre ellas. Se apoyó en uno de sus antebrazos y con la otra mano me abrió los labios de la vagina.


- mmm nena… me encanta lo mojada que estás — me dijo.


Hundió un dedo en mi sexo, lo metió y lo sacó varias veces girándolo, luego comenzó a rodear mi clítoris con su pulgar mientras me besaba la entrepierna. Sus besos fueron subiendo me lamió el clítoris luego tensó la lengua y lo rodeó imitando el movimiento que había hecho con su dedo, cuando lo sintió bien hinchado me lo mordió.


Wow que bien se sintió eso. Volvió a tensar la lengua para rodearlo y luego morderlo, mi cuerpo agitado por su tortura era incapaz de quedarse quieto. Lo hizo una y otra vez y emití un quejido ahogado. Me introdujo otro dedo en la vagina y a ritmo los entró y los sacó varias veces.


-Pedro por favor — le rogué, los papeles se habían invertido pensé y ahora era mi turno.


Pero no me hizo caso siguió con su tortura a mi sexo. Volví a suplicarle.


- P-E-D-R-O.


Su nombre salió de mi boca entrecortado y poco audible ya no era dueña de ninguno de mis actos. Volvió a entrar y a salir con sus dedos, pero ahora además los movía dentro buscando un punto exacto. Volví a nombrarlo…


-Vamos Paula dejate ir… dejame sentir como me sorbes los dedos con tu vagina.


Dicho eso me entregué a su intrusión, levanté mi pelvis y le estreché los dedos con mi sexo, consiguiendo el clímax mientras me movía para encontrarlos cada vez que entraban.


Se arrastró sobre la cama y se subió sobre mi cuerpo. Me metió los dedos que habían estado en mi sexo dentro de mi boca junto con su lengua, retiró los dedos y me besó intenso. Vaya eso si que fue erótico… Se apartó y del cajón de la mesa de noche sacó un preservativo, desgarró el envoltorio y se lo colocó arrodillado en la cama. Me tomó una pierna y comenzó a besarla la dejó sobre su hombro, lo mismo hizo con la otra, me agarró de las caderas y se movió para que mis piernas queden colgando de sus brazos, ahueco su pene en mi vagina y comenzó a moverme dirigiendo mi cuerpo con sus manos para adelante y para atrás enterrándolo en su pene varias veces, luego paró para bajarme las piernas y se valió una vez más de su autocontrol, me giró y abrió mis piernas y levantó mi trasero, me acomodó para que me quede arrodillada y apoyada en mis antebrazos y me hizo echar ligeramente hacia adelante y que hunda mi cabeza en la almohada, se metió entre mis piernas y apoyó su mano izquierda en la unión de mi trasero y mi espalda, con su mano derecha tomo su pene y lo dirigió a la entrada de mi vagina enterrándose en ella, con la mano que le quedó libre, se aferró a mi cadera y comenzó a moverse despacio, entrando y saliendo, entrando y saliendo…varias veces, paraba y volvía a comenzar varias veces más, me soltó la cadera se recostó ligeramente en mí y enrolló su brazo a mi cintura, mientras tanto con la otra mano buscó mi clítoris y lo acarició mientras empezó a moverse nuevamente entrando y saliendo lento… paraba para comenzar nuevamente, entrando y saliendo lento muy lento…


- ¿te gusta nena? — Me habló muy cerca del oído.


- Sí Pedro, sí… no pares por favor.


Giré la cabeza para que me besara, quería provocarlo y que deje de moverse tan pausadamente, chocamos nuestras lenguas con desesperación y conseguí que empiece a arremeter dentro de mí con toda su furia contenida.


- Dame tu orgasmo, vamos dámelo, dámelo ya, Paula dale.


Me suplicó sin dejar de moverse.


Me moví con fuerza para chocar contra su pelvis y grité, grité con poderío, mientras mi cuerpo llegaba al éxtasis que su cuerpo me ofrecía y él también gritó y se entregó alucinado mientras se movió más profundo unas cuantas veces más, hasta que terminó de eyacular.


Se dejó caer sobre mí, entonces aflojé las piernas que las tenía tambaleantes, dejándome caer sobre la cama con todo su peso encima de mí.


Esperó a recobrar el aliento, pero todavía estaba muy agitado, me dio un beso en la espalda y se volteó, se quitó el condón lo anudó y lo arrojó al suelo. Yo permanecía boca abajo, estaba extenuada me dolía todo mi cuerpo. Lo miré entre mi cabello revuelto, que estaba desparramado sobre la cama como un abanico, una mecha me cubría la mitad de mi ojo, pero podía observarlo, estaba con su brazo en la frente, boqueando como un pez fuera del agua.


Cuando su agitación se empezó a normalizar se puso de costado viendo hacia mí y me corrió el pelo que me cubría la cara despejándomela, levanté los brazos que aún permanecían inertes al costado de mi cuerpo y me aferré a la almohada, sostuvimos nuestras miradas sin decirnos nada y me acarició la espalda. Su caricia me tomó desprevenida, pero prontamente y para convencerme me dije, solo fue sexo Paula, solo fue magnífico sexo, solo eso fue…


Se sentó ligeramente tomó la sábana y nos tapó a los dos, delimitó con su dedo mis labios que estaban hinchados por sus besos y me dijo bajito.


- Dormí.


No quería hacerlo, porque significaba que todo terminaba, pero estaba tan cansada…