martes, 29 de julio de 2014

CAPITULO 55




Se despertó y le costó descifrar que día era, sabía la fecha pero no podía caer en cuenta que día de la semana, sus pensamientos y su razón estaban adormecidos desde que ella y Pedro habían roto y el tiempo parecía haberse detenido, todo se le confundía en su agitada cabeza.


Sacando cuentas finalmente llegó a la conclusión que era jueves 20 de diciembre.


Se quedó viendo al techo, y recordó la última mirada impasible que Pedro le había destinado en la manga de Ezeiza, le dolía tanto… parecía que en lugar de corazón llevaba un hueco abierto en el pecho.


Se exigió levantarse de la cama, y dejar de pensar en él, el hombro le dolía, así que fue en busca de un ibuprofeno para tomar para que le aliviase el dolor.


Miró la hora, aún no eran las nueve y a las diez, Ezequiel pasaba a buscarla para llevarla a la terminal y que pudiera hacer el check-in con tiempo.


Una hora y media antes del horario de partida, estuvieron en el Aeroparque Jorge Newbery, más precisamente en el sector A donde se encontraba el mostrador de Austral. 


Ezequiel la acompañó para ocuparse de las valijas, puesto que ella con un solo brazo no podía, entonces, Paula presentó el pasaje y la documentación y realizó el despacho del equipaje en el mostrador habilitado para su vuelo.


Una vez que obtuvo su Boarding Pass, controló el horario y la puerta de embarque en la que debía presentarse y luego de eso se despidió de Ezequiel con un fuerte abrazo.


- Gracias por todo, los voy a extrañar durante este mes tanto a vos como a Mati pero sé que ustedes van a descansar de mis problemas. — intentó bromear con su amigo.


- No seas boba, nosotros también te vamos a extrañar, cuidate mucho por favor, e intentá disfrutar de tu familia, pasala bien, es una orden me oíste.


- Te prometo que lo voy a intentar, los mimos de la familia siempre son sanadores.


- Seguro que así será, te quiero pendeja.


- Y yo a vos, a veces no sé qué haría si no los tuviera a ustedes.


- Uff, basta de sensiblerías, no quiero verte con esa carita tristona.


Comenzaron a llamar al vuelo 2484, era el suyo, Paula empezó a caminar hacia el sector de embarque se dio vuelta a la distancia y agitó su mano mientras desaparecía de la vista de Ezequiel.


En el avión, le había tocado sobre la ventanilla, y ya estaba acomodándose cuando el auxiliar notó que estaba imposibilitada de un brazo, entonces fue que se acercó y le ayudó con muy buena predisposición, a guardar su equipaje de mano y a ajustarse el cinturón, además, se aseguró que se sintiera cómoda en su asiento.


El viaje duraba 1 hora 48 minutos, despegó a horario, y fue un vuelo muy tranquilo y por suerte el tiempo pasó muy rápido.


El avión había comenzado el acercamiento a la pista, viró en reconocimiento y entonces fue que Paula desde la altura, pudo reconocer el paisaje.


Avistó el Valle Grande, el Cañón del Atuel, El Nihil, los diques y los lagos Los Reyunos, Tigre, Agua de Toro.
Era una geografía muy conocida por ella y no pudo dejar de maravillarse con el espectáculo que tenía ante sus ojos, entonces,fue que supo que Mendoza era una porción de tierra bendita por la naturaleza.


Llegó al Aeropuerto Internacional Suboficial Ayudante Santiago Germano de San Rafael Mendoza a las 14:58 AM.


Mientras bajaba del avión, y se preparaba para los trámites correspondientes para retirar su equipaje de la cinta, envió un mensaje a Ezequiel avisándole que había llegado bien.
Seguidamente se puso en marcha y salió por la puerta de arribos, la acompañaba un empleado del aeropuerto que ella había solicitado para que la ayudase con su equipaje. 


No tardó en divisar a su madre, que al verla con el brazo en cabestrillo se cubrió la boca y salió a su encuentro.


Se abrazaron cálidamente, Paula se hundió en el cuello de su madre y la emoción de verla la inundó, por esos días ella estaba muy sensible.


Le entregó una propina al empleado agradeciéndole su ayuda, y entonces éste se marchó.


- Mi amor… ¿qué te pasó? — le preguntó llenándola de besos y con verdadera preocupación.


- Nada mamá, no te asustes solo me disloqué el hombro, no es nada te aseguro que estoy bien. — mientras se secaba las lágrimas que se habían escapado de sus ojos, Paula intentó tranquilizarla.


- ¿Seguro que estás bien, como te hiciste eso? Mi chiquita.


- Choqué en General Paz mamita… — le dijo sin anestesia.


- Dios mío Paula y con esa tranquilidad me lo decís. ¿Por qué no me aviaste? —Alejandra le espetó a su hija, mientras la tomaba por los hombros.


- Mamá estoy bien, para que iba a preocuparte y angustiarte sin sentido.


- No lo vuelvas a hacer Paula — Ale estaba muy enojada por su omisión — como me quedo ahora yo, viviré intranquila el día que te vayas porque no sabré cuando hable con vos si realmente me estás diciendo la verdad y no me estás mintiendo, ayer cuando hablamos, no me dijiste nada no te lo perdono.


Paula aferró a su madre del cuello y la besó interminablemente en la mejilla.


- No me retes mamita, estoy muy feliz de estar acá.


- Yo también estoy feliz de tenerte en mis brazos — gruñó — que disparate, vayamos hija, vayamos a casa.


Salieron de la terminal y luego de pagar el ticket del estacionamiento se acercaron a la Toyota Hilux doble cabina con inscripción de la bodega, depositaron el equipaje de Paula en la parte de atrás y luego se montaron en ella.


Alejandra ayudó a su hija a colocarse el cinturón de seguridad, luego se colocó el suyo y se aprestó a conducir por la ruta provincial 143, rumbo a Saint Paule.


El viaje fue corto la bodega familiar estaba a unos 30 km de distancia del Aeropuerto, en un oasis irrigado por los ríos Atuel y Diamante.


La parte antigua de los viñedos, contrastaba con el esplendor de la edificación moderna que albergaba la casa de la familia.


Un portón de hierro forjado con la inscripción Saint Paule en el arco de la entrada, se erigía dando la bienvenida a todo aquel que deseaba visitar la bodega, más allá, un camino lateral las guió hasta la casona.


Una casa estilo rancho, con paredes de piedra y techos a dos aguas de tejas francesas se erigía entre los parrales y la bodega.


Ale estacionó la camioneta frente a la puerta principal y se apuró a bajar para dar la vuelta y ayudar a su hija a salir del vehículo.


Al escuchar el motor de la camioneta, pronto todos los habitantes de la casa salieron para recibir a la recién llegada.


Se abrió la puerta estilo residencial de la casa, y Clara salió corriendo a estrechar los brazos de su tía. La siguió su cuñada Mariana con Francisco en brazos, y más atrás los caseros del lugar Guillermina y Patricio, que conocían a Paula desde que había nacido.


Obviamente todos se asombraron al ver a Paula con el brazo en el cabestro y mientras la saludaban la trataban como si estuviese hecha de cristal, se mostraban interesados preguntando qué era lo que le había ocurrido.


Ella refirió la historia muy por encima, obviamente, no había dicho que salió como loca del aeropuerto después de ver como se iba Pedro.


Entraron en la casa donde siguieron mimándola y consintiéndola, Clara no paraba de hablar, estaba aceleradísima con la llegada de su tía.


Era una niña muy vivaz y elocuente para su edad y a veces escucharla explayarse, dejaba a todos con la boca abierta.


- ¿Tía mañana iremos juntas al mirador a almorzar las dos juntas?


- Mi tesoro, quizá le pediremos a la abuela que nos acompañe, porque la tía tiene el hombro lastimado y no podrá atenderte sola como otras veces.


- Bueno, si no queda otra opción.


- ¿Como si no queda otra opción?... claro, ahora como llegó tu tía, a la abuela que la parta un rayo — dijo Ale en tono de indignación.


- No te enojes abuelita, yo te quiero, pero la tía es más canchera que vos, y no me regaña tanto.


Todos rieron por la sinceridad de la niña.


Francisco le estiraba continuamente los bracitos a Paula para que lo alzara, finalmente ella no puedo resistirse más, y enternecida le pidió a su cuñada que lo ponga en su regazo para poder sostenerlo con su brazo sano.


En ese preciso momento, se abrió la puerta de doble hoja y arco de medio punto que daba a la piscina, y de ella emergió Gonzalo enfundado en unos jeans oscuros, remera polo negra, borcegos y lentes Ray Ban wayfarer en la mano.
Cruzó a toda velocidad el estar para llegar hasta el sofá donde se encontraba sentada su hermana con su hijo en brazos, la estrechó contra su pecho y la besó en el pelo, en la cara y en el cuello.


- No la apretujes tanto hijo, le vas a hacer doler el brazo — le dijo su madre.


Gonzalo se retiró para estudiar a su hermana…


- ¿Qué carajo te paso?


- Choqué hermanito.


- ¡Mierda Paula! siempre dije que era un sacrilegio entregarte el registro de conducir. — Bromeó y a cambio recibió una mirada despectiva de su hermana.


- Tía, tía Paula — chilló la niña intentando ser el centro de atención nuevamente de su tía y tomándola de la cara para que de hecho la mirase y solo la escuchase a ella — viste quetenemos un árbol de navidad más grande, es nuevo — contó Clara.


- Verdad tesoro, no me había dado cuenta.


- Yo ya hice la carta a Papá Noel y como me porté bien, papi dice que de seguro me trae lo que le pedí, ¿no es cierto papá?


- Por supuesto mi princesa, de seguro Papá Noel te consiente — Gonzalo sentó a Clara en su regazo luego de acomodarse en uno de los sillones de la sala y la abrazó y la besó, a Paula le enterneció sustancialmente ver a su hermano en ese plan tan paternal, le produjo una honda emoción, verlo con tanto aplomo en el rol de padre de familia, se quedó observándolo.


- ¡Qué guapo estás hermano! tus ojos verdes parecen más profundos con ese bronceado. Mariana ojo con éste, que está muy lindo.


Su cuñada se agachó, pues ella estaba parada junto al respaldar del sofá y besó a su hombre en la mejilla.


- Sí, se hace el tonto, ya he visto como las turistas le echan el ojo cuando anda por la bodega y hay alguna visita guiada — ratificó Mariana y entonces Gonzalo con su ego bien arriba le guiñó el ojo a Paula.


Después de la calurosa bienvenida de su familia, Paula con la ayuda de su madre se fue a su habitación a desempacar sus cosas. Fue un día muy intenso, que transcurrió volando.
Por la noche luego de cenar, se sentó junto a la piscina en las reposeras, para hablar por largo rato con su hermano del estado del negocio familiar. Gonzalo le contó del plan de inversiones para producir sólo vinos de alta calidad, y de lo avanzado de las modificaciones para modernizar la bodega y los viñedos y también los planes para desarrollar marcas sólidas, para el mercado local y el de exportación.


Él poco a poco y con mucha dedicación estaba logrando todos sus objetivos, había transformado en los últimos años al lugar, en uno cálido y original a través de su diseño y de su paisaje, que permitían orientar los sentidos hacia la magia del vino.


Le prometió que mañana la llevaría a recorrer todo.
La maquinaria antigua de la bodega vigilaba el espíritu y los sueños de sus orígenes, mientras que la nueva conseguía lo que él siempre había deseado hacer, proclamar la procedencia.
Finalmente estaba consiguiendo lo que su padre no pudo, por falta de tiempo, la estirpe detrás de la estirpe hallaba la armonía del nacimiento del nuevo vino.
Paula se sentía muy a gusto disfrutando del silencio y de la paz infinita del lugar, parecía que de pronto había encontrado la cordura que días atrás había creído perder.


Era tarde y mañana había que levantarse temprano, así que se retiró a su habitación a descansar, luego de darle un beso y un fuerte abrazo a su hermano y de admirarlo por última vez antes de irse a dormir.


Ingresó desde el parque por la puerta que daba directo a su dormitorio, y luego de ponerse ropa de dormir, se metió en la cama.


Se sintió feliz porque hasta ese momento en que se quedó en la soledad de la noche dentro su habitación, no había pensado en Pedro.


Cerró los ojos, e intentó dormir, pero aunque el cansancio de su cuerpo era muy grande no pudo dejar de destinar su último pensamiento a su amor.


Se imaginó con Pedro recorriendo la plantación y la bodega. Sentados en el mirador, cómodamente instalados en la glorieta, que está en la parte más elevada del predio, rodeados de viñedos mientras disfrutaban del paisaje en la noche y esperando que mágicamente, los rayos de la luna llena, los cubriese con un baño de plata mientras ellos se besaban bajo un paisaje soñado.


- Solo en sueños — se dijo — solo en mis fantasías eso puede ser posible.


Tomó una bocanada de aire, pero le pareció no ser suficiente y evocando a su padre le rogó que la ayude a encontrar la paz perdida.


La actividad en los viñedos y en la bodega empezaba desde muy temprano, casi al alba.


Paula despertó como si hubiera dormido un día entero, se sentía descansada y se lo adjudicó al cambio de clima y a la apacible vida en San Rafael, se sentó en la cama y estiró su brazo sano y su torso, luego, se paró frente al ventanal que hacía también de puerta y que daba al parque y a la piscina, y lo abrió, entonces, respiró profundamente para llenar sus pulmones con la pureza del aire del lugar y disfrutó del maravilloso paisaje que se extendía a su vista, se sintió privilegiada.


En ropa de cama se dirigió hacia la sala, pero los aromas de la cocina y el ruido de la vajilla, la guiaron hacia allá.


Su madre, Guillermina y Patricio estaban preparando la mesa para el desayuno, Gonzalo y Mariana no tardaron en unírseles.


Los niños aún dormían por lo que la casa gozaba de una exquisita paz sin los chillidos de ellos.


El ambiente estaba plagado de un exquisito aroma a café recién hecho, y pan casero recientemente horneado, que Guillermina había amasado para desayunar y para acompañar con los exquisitos dulces artesanales que también elaboraba. Disfrutaron de un desayuno delicioso.


Paula y Gonzalo planificaron su primer día en la bodega y luego del desayuno y de que ambos se cambiaran, partieron en la Toyota Hilux, de la flota que poseía los viñedos, para hacer un recorrido por el lugar.


Empezaron el descenso en la cava, por un sendero con barricas de roble francés y luz tenue, Paula añoró e identificó los aromas de su niñez y aspiró profundamente para guardar en todos los resquicios de sus pulmones ese olor tan conocido, cerró los ojos, y recordó cuando eran pequeños y con su hermano jugaban a esconderse entre las barricas, esa época en que uno no tiene preocupaciones y todo da igual estaba tan lejos… ahora adultos todo era diferente, por más que estuviesen ambos en el mismo lugar, las obligaciones de esos días habían cambiado.


Tomó de la mano a su hermano, y entrelazó sus dedos a los de él, se llevó los nudillos hasta su boca y se los besó, ella lo admiraba profundamente y lo quería tanto. Él se había hecho cargo de la familia siendo muy joven y tuvo que madurar de golpe a los dieciocho años, cuando los muchachos a esa edad solo piensan en su nueva conquista, y en llevarla a pasear en su auto nuevo.


Gonzalo era un hombre viejo con cuerpo de joven pensó.


Él le regaló una sonrisa franca y enorme, y pasó su brazo por su hombro mientras seguían caminando y descendiendo.


El sendero los condujo a la cava principal, lugar que antiguamente había sido una pileta de conservación de vinos, allí, era ahora el sitio que estaba destinado para que los visitantes durante las visitas guiadas degusten con la dirección de un sommelier, de los mejores vinos clásicos y de los nuevos de alta gama de la bodega, otra
introducción en materia de turismo que su hermano había implantado y que estaba dando muy buenos resultados.


Paula quedó maravillada con la transformación del lugar y se lo hizo saber a Gonzalo.


Luego se trasladaron al moderno y amplio showroom, donde la gente podía adquirir los variados productos de la bodega a precios preferenciales, el lugar lucía amplio, rústico, pero con un cierto toque de modernidad que lo hacía un lugar muy interesante.


Salieron de ahí y se dirigieron a la planta de elaboración, Paula quedó asombrada con los progresos de este último año.


En la construcción de la bodega no se habían escatimado esfuerzos para levantar una planta de elaboración dotada con los más modernos elementos técnicos y unas naves de crianza donde los vinos maduran en barricas y botellas en condiciones inmejorables. Actualmente en la bodega se elaboraba un tinto de Crianza y otro de Reserva inestimables y un Gran Reserva Malbec que había tenido una aceptación impensada en el mercado exterior. También se elaboraba un tempranillo rosado que estaba adquiriendo gran renombre internacional y un Chardonnay que le había valido varios premios a Saint Paule.


Pero Gonzalo, estaba expectante por mostrarle a Paula su nuevo proyecto, le tapó los ojos antes de entrar en esa ala de la planta, cuando estuvieron dentro se los descubrió.
Ella quedó atónita frente a la nueva adquisición de la bodega, una llenadora VKPV-CF ideal para vinos y vinos espumosos que ofrece la máxima precisión en cuanto a nivel de llenado y una pérdida mínima de producto.


- Nuestra champagnera está en marcha querida hermanita.
Paula gritó y se aferró al cuello de su hermano y le depositó besos en toda la cara.


Gonzalo se reía con verdadero júbilo, al ver la reacción de su hermana, estaba feliz de poder compartir con ella tantos años de trabajo y esfuerzo. Tomó una botella de las cuales ya estaban listas y etiquetadas y le siguió explicando.


- Nuestro champagne es un cuveé, mezclamos mostos de distintas variedades y cosechas, esto se llama assemblage y está elaborado con un 62%, de nuestro mejor Chardonnay y acá la novedad estamos cultivando nuevas cepas porque lleva un 33% de Pinot Noir y un 5% de Viognier. El método que utilizamos para elaborarla es el conocido como champenoise, es decir, se produce una segunda fermentación dentro de la botella, que hace que las moléculas de CO2 se queden en el líquido y sea espumoso con la ayuda de un agregado de azúcar y levaduras para que vuelva a fermentar.


Gonzalo tomó otra botella más y dijo...


- Estas ya están listas, las llevaremos para beberlas esta noche.


- Sí por favor no veo la hora de probarlo.


Luego recorrieron las plantaciones a cielo abierto, caminaron entre las hileras empaladas de postes y alambres que sostienen los parrales casi sin poder detenerse, Gonzalo no dejaba de hacerle notar la calidad y la uniformidad de maduración de los viñedos ese año — son perfectas — decía con gozo.
La cosecha en Saint Paule se realizaba en forma manual, los obreros cortan con tijeras especiales racimo a racimo.
Durante los meses de febrero a abril se recogía la uva para el vino tinto y los cuidados en esta etapa se incrementaban, ya que influyen directamente en la calidad final del vino obtenido.
Gonzalo intentaba por todos los medios vigilar este aspecto en persona ya que los puntos más importantes de la recolección son la temperatura y el tiempo tomado entre la cosecha y el arribo de la uva a la planta, para evitar oxidaciones. Varias veces se tenían que hacer cosechas nocturnas por las elevadas temperaturas que azotaban la región durante el día. Ese era otro factor muy importante a tomar en cuenta.


Para la hora del almuerzo los hermanos estaban en el mirador esperando al resto de la familia.
Desde allí, a lo lejos vieron acercarse la camioneta que conducía Ale y que trasladaba también a Mariana y a los niños, para pasar un almuerzo al aire libre disfrutando del maravilloso paisaje del lugar.
Comieron una variedad de ahumados, queso, ciervo, aceitunas y pan casero que Guillermina había preparado y empaquetado para que lo trasladasen hasta allá.
La frutilla del postre no fue el postre en sí, sino una botella de Malbec de la última cosecha que el padre de Paula elaboró estando en vida y que Paula buscó en la cava días atrás en plan de consentirla como cada año cuando llega a San Rafael.


Rodeada del cariño de su familia y de la armonía que le daba su terruño, Paula creyó que era posible sacar a Pedro de sus sentimientos.

lunes, 28 de julio de 2014

CAPITULO 54




Después de pasar parte de la mañana y de la tarde ultimando cosas con Noelia en Mindland, Paula se regresó a su casa donde se dispuso a tomar yogurth con cereales no había almorzado nada, aunque de todas formas no tenía apetito, así que con ese alimento era más que suficiente para su anudado estómago.


Estaba pensando seriamente en adelantar su viaje a Mendoza, para que su familia pueda cuidar de ella durante su convalecencia, además en Buenos Aires sería una continua molestia para sus amigos y estaba harta de importunarlos con sus problemas.


Entró a su estudio donde encendió su Mac, para cambiar el pasaje que tenía con fecha 23 de diciembre para cuanto antes, si era posible para hoy mismo. Finalmente, consiguió cambiarlo para el día veinte.


Acababa de hacer la confirmación del pasaje cuando sonó su teléfono.


Se quedó inmóvil viendo la pantalla, había saltado la foto de Pedro identificando la llamada.


Su corazón latía desbocado, le faltaba el aliento, se sentía inerme y las lágrimas empezaron a caerle por el rostro, pero se mantuvo impertérrita, no claudicó y dejó ir el llamado al contestador.


- ¿Para qué me llamás Pedro? dejame en paz… — pensó mientras se tapaba la boca.


El celular volvió a sonar, era él nuevamente, pero tampoco lo atendió, aunque él siguió insistiendo.


Tras los cinco llamados perdidos llegó un whatsapp — era tortuosa su insistencia.


Lo abrió sabiendo que era Pedro por el ringtone de Reik.


- Atendeme Paula, necesito hablar con vos.


Sin duda se daría cuenta que ella lo había leído, pero decidió no contestarle, no pensaba ceder, todo había terminado, era mejor interrumpir todo contacto con él, así sería más fácil olvidarlo.


Pedro volvió a llamarla pero ella no declinó ante su obstinación. Volvió a recibir otro whatsapp


- Terca, atendeme necesito saber cómo estás.


Ese mensaje la hizo estallar y no pudo contenerse de contestarle.


- Que mierda te importa como estoy, olvidate que existo, yo voy a hacer lo mismo con vos, ocupate de tu mujer y preocupate por ella. Dejame en paz.


-Perfecto si es lo que querés, no pienso rogarte más para que me escuches, solo te digo que tarde o temprano te vas a arrepentir de no haber querido hablar conmigo. Que tengas mucha SUERTE


- HIJO DE PUTA encima te atreves a advertirme, vos no tenés vergüenza


- Estoy harto de tus insultos y de tu necedad pero hasta acá llegué. ADIOS


Paula se echó sobre su cama a llorar desconsoladamente, no era de Dios sentirse tan angustiada, que pretendía Pedro, no se daba cuenta cuanto la lastimaba… finalmente el agotamiento se apoderó de su cuerpo.


Cuando consiguió calmarse llamó a su madre para decirle que adelantaba su viaje y que llegaba mañana a las 14:58 a San Rafael en un vuelo de Aerolíneas Argentinas operado por Austral.


Su madre estaba gozosa de contenta, por supuesto, Paula había obviado decirle del accidente, cuando llegase le contaría, no quería preocuparla desde ahora.




Pedro estaba furioso por la obstinación de Paula, tiró su teléfono sobre el escritorio se quitó la corbata de un tirón y se dejó caer sobre el respaldo de su sillón donde levantó sus manos y se apretó la cabeza mientras la dejaba caer hacia atrás.


En milésimas de segundo y como torbellino se levantó del asiento, tomó su iPhone depositándolo en el fondo del bolsillo de su pantalón, y seguidamente se hizo de su sobretodo de cachemir gris del perchero, asió su maletín y salió de su oficina para irse de Mindland, cuando pasó por el escritorio de Alison le indicó que se iba, que transfiera los llamados a su teléfono.


- Mierda Paula necesito retomar mi vida, necesito sacarte de mi cabeza — dijo en voz alta, dentro del ascensor en el que descendía hacia el lobby principal del edificio.


Buscó en la cochera su Alfa-Romeo 8C competizione y se trasladó por la ciudad, hasta llegar a THE BELAIRE, en el 524 East de la 72nd Street, de Upper East Side, donde estaba el penthouse en que residía la familia Alfonso.


Entró con sus llaves, aún las conservaba.


Ingresó en el recibidor del departamento y se dirigió hacia la sala donde encontró a su madre sentada leyendo un libro.


- ¡¡Mamá!!


Ana Alfonso pegó un grito y se puso de pie cuando vio a su hijo menor entrar en la sala.
Se echó en sus brazos, se aferró a su cuello y lo llenó de besos, sin poder contener las lágrimas por la emoción.
Lo había echado de menos durante el tiempo que Pedro no había estado en el país.


- Mi amor, mi cielo, cuanto te extrañé… hace casi dos meses que te fuiste, se me hizo interminable este tiempo.


Pedro abrazaba y besaba a su madre mientras la giraba en el aire.


- También te extrañé mummy.


- ¡Hijo querido! déjame verte, hmm, tienes un exquisito bronceado que resalta el azul de tus ojos, quítate el sobretodo, déjame ver si no estás más delgado.


- No mamá, te juro que me alimenté bien. — Paula cocinaba como los dioses hubiese querido contarle y nuevamente ella estaba apoderándose de sus pensamientos, nuevamente lo invadió la tristeza al pensar que hasta hace unos días atrás, él imaginaba cuando ellas se conociesen.
Con su madre siempre hablaba en español era una regla de oro e inquebrantable…


- Ay pero si traes una tonada muy porteña.


- No exagerés Ana — miró hacia el techo poniendo sus ojos en blanco.


- No, si no exagero, estás acentuando las palabras, ese el tuteo porteño — Pedro se rió — y no me llames Ana, sabes que lo odio, no seas maleducado con tu madre que te extrañó más que a nada en este mundo — le dio otro beso en el carrillo y le sostuvo el rostro entre sus dos manos, mientras admiraba la belleza de su hijo más pequeño, estaba embobada y regalándole una mirada sincera, pura y de admiración — cuéntame, ¿cómo está Buenos Aires?


Se sentaron en el sofá de la sala junto al piano, quedando a sus espaldas el Queensboro Bridge.


Ana no podía dejar de tocarlo.


- No me acuerdo mucho de los otros viajes para comparar, éramos chicos cuando íbamos a visitar a la abuela, de lo que pude ver ahora te diré, que me gustó mucho.
Anduve cerca de San Isidro, fuimos con Mikel a la casa de fin de semana de su primo que queda por ahí cerca — recordó las explicaciones de Paula y el fin de semana vivido con ella, sacudió ligeramente la cabeza al darse cuenta que estaba otra vez evocándola.


- Ay en serio… como añoro mi barrio, algún día regresaré y caminaré por sus calles nuevamente, solo para darme el gusto, solo para eso — Pedro se acercó y besó a su madre en la frente, le dio verdadera ternura su añoranza — dime, ¿no conociste ninguna porteña?


El rostro de Pedro de pronto se endureció.


- Fui por negocios, no fui en plan de conquista — explicó tajante.


Ana tomó del mentón a Pedro que esquivaba su mirada y estudió el gesto de su hijo, negó con la cabeza.


- Está bien, si no quieres contarme… cambiemos de tema — Pedro no acotó nada, le pareció bien que su madre dejara el asunto de lado y se dedicase a otra cosa — creo que necesitas descansar, tienes unas ojeras horrendas hijo, presumo que el vuelo fue largo. — él asintió con la cabeza y la besó acariciándole la mano que sostenía su barbilla, su madre pasaba de un tema a otro como torbellino, así era ella, no tenía pausa cuando hablaba — almorzamos juntos ¿verdad?


- Por supuesto.


- ¿Qué quieres comer tesoro mío?


- Consiénteme con ñoquis mami.


- Ah perfecto, enseguida te preparo, déjame llamar a Ofelia para que me allane el camino mientras tú y yo conversamos. Ofelia… Ofelia... Por Dios, esta mujer está cada día más sorda, se encierra en el cuarto de planchado con la televisión y no escucha nada.


- Pobre Ofelia, está un poco mayor, tenele paciencia.


- Si supieras la paciencia que le tengo, tú mismo me darías un premio.


- Ofelia… — se asomó por la puerta que daba a la cocina para vociferar una vez más el nombre.


- Que pasa Ana porque que gritas como loca desaforada ya te escuché, estaba ocupada.


- Que vas a escuchar, si hace un buen rato que te estoy llamando, estoy casi sin voz de tanto gritar, seguro te avisó Soledad, por eso vienes.


Pedro no podía dejar de reírse, siempre era así entre su madre y el ama de llaves. Ofelia estaba con ellos desde que sus padres se habían casado, ella era más que un ama de llaves, era una integrante más de la familia, hasta comía con ellos en la mesa, también era la dama de compañía de su madre, su amiga, su confidente y también algo así como su segunda madre.


Cuando Ofelia salió tras la puerta que llevaba a la cocina e ingresó a la sala, de inmediato vio a Pedro sentado en el sofá.


- Ay pero miren quien está acá el consentido de la casa… — la mujer seguía tratando a Pedro como si aún fuese un niño, él se levantó y fue a su encuentro.


- Hola Ofelia ven acá, dame un beso.


- No tú dámelo, los niños siempre tienen que besar a sus mayores.


- Pero ya no soy un niño… — Pedro se rió.


- No importa, es una excusa, cuando tú me besas yo imagino como besas a tus novias, es la única oportunidad de recibir un beso de un Adonis como tú, así que dame un beso acá — dijo señalando su cachete — y no rezongues — le palmeó el hombro.


- Ok te lo doy, pero ahí no beso a mis novias — le guiñó un ojo— te aseguro que es en el lugar en que menos las beso — lo último se lo dijo en el oído.


- No seas atrevido muchachote, yo no te pedí que me contaras intimidades, tampoco pretendo que me des un beso de lengua, estoy vieja para eso. Aunque te digo que en mis años de juventud, varios me han dicho que besaba muy bien — Bárbara miraba al techo.


Pedro estaba desternillado con las ocurrencias de Ofelia ella siempre era así podía cambiarle el humor a cualquiera. El ama de llaves también hablaba en español, ella era de origen mexicano y había venido a USA de muy joven.


- Vieja asquerosa, como si a nosotros nos importase saber de tus correrías de juventud — dijo Ana intentando parecer ofendida. Se rieron los tres, él las tenía abrazadas a ambas — Pedro quiere comer ñoquis, saca la salsa del refrigerador y dile a Soledad que ponga a hervir unas patatas por favor, que ahí voy a prepararlos.


- Como usted mande mi “Sra.”


- Qué suerte que regresaste querido, esta mujer estaba insoportable lo que no te veía — le guiñó un ojo exageradamente y se marchó.


Durante el almuerzo y la tarde Pedro estuvo tan divertido con Ofelia y su madre que logró quitarse de la cabeza por un rato a Paula.


Se quedó también para la cena, necesitaba una sobredosis de su familia, precisaba sentirse querido y mimado, y por otra parte su madre ya había avisado a todos sin consultarlo, para que en la noche se reúnan para darle la bienvenida a él.




Paula pasó la tarde preparando el equipaje, cosa que le llevó más tiempo de lo normal, puesto que solo contaba con una mano para manejarse. Por suerte la que tenía sana era la derecha, sino se habría complicado aún más.


Lo primero que guardó fue la remera de Pedro, y se sintió contrariada por no poder resistirse y desecharla.


Llamó a Matias y a Ezequiel para contarles, que se iba antes de tiempo a Mendoza dadas las circunstancias de su estado físico. Como en el horario en que su vuelo partía Mati estaba en el trabajo, Ezequiel  que tenía horarios más flexibles, se comprometió a llevarla al aeroparque.


- No es necesario solo llamé para despedirme, no quiero seguir siendo una molestia para ustedes, puedo tomar un taxi, estoy harta que carguen con mis problemas, y ustedes deben estarlo mucho más.


- De ninguna manera, yo te llevo — Ezequiel  no le dio oportunidad de discusión.




Para la cena en casa de los Alfonso todos los hijos se congregaron en el penthouse familiar, con motivo del regreso al país de Pedro.


Alison y Federico estuvieron antes que nadie ya que luego de la oficina fueron directamente hacia allá.


Durante la mañana, cuando su hermano estuvo en la empresa Federico no lo había visto y cuando llegó en la tarde al piso, se encontró con que él estaba tomando una siesta, en el dormitorio que ocupaba cuando aún vivía en la casa familiar.


Finalmente el cansancio había terminado por hacerlo rendir a sus pensamientos y Ezequiel  había podido descansar un rato.


Después de una merecida siesta, se despertó en la cama que ocupaba cuando allí vivía, miró a su alrededor y estudió el entorno hasta que finalmente cayó en cuenta de donde se encontraba, encendió la luz de la mesa de noche y mientras se acostumbraba a la luz artificial, consultó la hora en su Vacheron Constantine, donde pudo ver que eran pasadas las diecinueve horas, inconscientemente calculó la hora que era en Buenos Aires y no pudo dejar de dedicarle un pensamiento a Paula, repasando lo que a esa hora normalmente hacían en los días que habían compartido juntos.


Bufó recriminándose por dejar que su mente se trasladara a esos días e intentó alejar las escenas vividas con ella, se obligó a levantarse de la cama, estiró su musculatura y se metió en el baño donde tomó una ducha.


En el closet de esa habitación, siempre dejaba ropa para poder cambiarse cuando allí se quedaba, así que se aprestó a alistarse para la cena, se puso unos jeans claros, una remera ceñida al cuerpo en color gris y de abrigo una chaqueta de lana jaspeada en tonos ocres, mientras que en los pies se calzó unas zapatillas Nike. Luego de perfumarse, salió a la sala donde se encontró con sus hermanos.


Luciana y Federico se acercaron a saludarlo y se fundieron en un abrazo con él, ellos se mostraban muy felices que Ezequiel  haya regresado a USA.


Como a Alison ya la había visto en la oficina solo se saludaron desde lejos.


Llegó el turno de su cuñado, que se encontraba preparando unos tragos, mientras esperaban que esté lista la cena.


Ruben McCarthy lo abrazó y lo palmeó en la espalda dándole también la bienvenida por supuesto que no tardó en ofrecerle un Bloody Mary, sabiendo que ese era su trago preferido.


- Hermanito querido, te extrañé tanto… — dijo Luciana mientras se aferraba a la cintura de su hermano mellizo y bebía un sorbo de su Martini — que buen bronceado traes, nosotros parecemos todos muertos a tu lado — Pedro sonrió ante la ingeniosidad de su hermana y la besó en la frente.


- También te extrañé nena.


- Caíste desmayado en la cama — acotó Federico —fui a verte cuando llegue de la oficina, pero ni te enteraste.


- Estaba cansado, fue un vuelo muy largo y dormí muy poco durante el viaje.


- Sí, papá me dijo que no tenías buena cara esta mañana.


- ¿Qué he dicho yo? — preguntó Horacio Alfonso mientras se acercaba a sus hijos cuando escuchó que lo nombraban. 


Federico repitió sus dichos y Horacio ratificó lo expresado por él. — Ah pero ya tienes mejor semblante, nada que unas horas de sueño no puedan mejorar — Pedro sonrió deslucidamente, sabiendo que en realidad nadie conocía su verdadero mal estar, pero asintió para dejarlos a todos conformes.


El ascensor que estaba junto al vestíbulo se escuchó, y pronto ingresaron en la sala Hernan Alfonso y su esposa Lorena Wall que cargaban a los mellizos hijos de la pareja.


Luciana se apresuró y quitó de los brazos de Hernan al pequeño Noah, Pedro, mientras saludaba a su cuñada, aprovechó y la alivió del peso del pequeño Lucas, a quien llenó de besos en el cachete regordete.


- Vaya, como han crecido estos niños… — Pedro se mostró muy asombrado por lo bien criados que estaban.


La familia Alfonso estaba completa, ya nadie faltaba llegar y todos lucían exuberantes de contentos, festejando el regreso de Pedro.


Ana y Ofelia se encontraban terminando de poner la mesa, los demás presentes se encontraban congregados en la sala, mientras interrogaban sin parar a Pedro a cerca de su viaje.


Federico era quien más recordaba Buenos Aires de cuando iban a visitar a su abuela materna por ser él el mayor.


En cuando quedaron solos en un aparte, Luciana no desaprovechó la oportunidad de interrogar a su hermano, mientras se aferraba a su cuello para hacer la conversación más íntima aún.


- Me tienes que contar de la mujer que me atendió en tu teléfono.


- No empieces Luciana, no hay nada que contar — Pedro utilizó un tono de advertencia.


- Mentiroso, viendo como te pones a la defensiva apuesto que si lo hay ¿cómo se llama?


Miró fijamente a los ojos a su hermana melliza, la estudió, la conocía y sabía que no desistiría, hasta que no le dé un poco de información que la dejase conforme.


- Es una empleada de la empresa con quien confundimos los móviles durante una reunión de trabajo.


-Pedro ¿vos me crees estúpida? uno no confunde móviles si no tiene cercanía con dicha persona.


- Sos insufrible… es como te dije y punto.


- Y punto nada, ¿cómo se llama? Te conozco cuando pretendes evitar un tema.


Pedro clavó sus ojos azules en los azules de su hermana…


- Se llama Paula, pero se terminó, no lo comentes con nadie si no querés que me enoje con vos, menos con papá y mamá te lo prohíbo me escuchaste, no hagas que me arrepienta de haberte dicho su nombre.


- Ok, ok, pero viendo como te pones sé que no se terminó — lo tomó de la barbilla y le dio un beso en el la punta de la nariz.


- No sé porque te soporto Luciana, si no te quisiera tanto…


- En la semana nos juntamos y me terminas el cuento, no te vas a salvar hermanito. Esa cara de traste me preocupa y estás ojeroso y disperso, no creo que sea por el viaje, ese cuento a otro, a mí no ¿me escuchaste lindo?…


- Ni lo sueñes…


- ¡Ja! como si tuvieras opción…


Pedro le dio una mirada con sorna y agitó su cabeza sabiendo que no podría escapar al interrogatorio.


Ana invitó a todos a acercarse a la mesa, Soledad la doméstica estaba trayendo en un carrito los platos ya servidos.