jueves, 31 de julio de 2014

CAPITULO 63




Llegaron a Fig & Olive un restaurante de la 52nd St. y la 5th Avenue donde se podían degustar los mejores sabores de la comida mediterránea.


Los acomodaron en una de las mesas de la planta superior donde el ambiente era mucho más relajado.


A los pocos minutos que ellos llegaron, Luciana la melliza de Pedro también se apersonó en el lugar.


Desde lejos y aunque al principio creyó estar teniendo una visión, individualizó a Paula y pronto recordó la foto que Pedro le había mostrado, la reconoció de inmediato.
Mientras se acercaba, conjeturaba que hacía ella ahí con sus padres, ¿acaso se había arreglado con Pedro? prontamente desistió de la idea, tan solo ayer había hablado con él y estaba en Italia y le dijo que el viernes pasado todo quedó peor entre ellos.


Luciana saludó con un cariñoso beso a su madre, luego se dirigió a Horacio quien le dio un beso a su hija en la frente y entonces esperó a que le presentasen a Paula.


- Hija, te presento a Paula Chaves — dijo Horacio— nuestra gerente en Mindland Argentina.


- Encantada, mi nombre es Luciana— le dio un beso y un abrazo, ella parecía muy cordial conjeturó Paula.


- Igualmente Luciana es un gran placer.


- Siéntate hija — Horacio la exhortó, mientras se ponía de pie para arrimarle la silla.


Luciana se acomodó al lado de Paula, que no podía apartar sus ojos y dejar de verla, estaba asombrada de lo parecida que era a su hermano, claro, con rasgos más delicados, Pedro tenía la mandíbula más tosca y su rostro era más cuadrado y resaltaba en su cuello la nuez de Adán, en ese momento recordó como le gustaba a él que ella lo bese ahí.


Luciana habló y la hizo salir de su ensoñación.


- Bienvenida a mi país Paula.


- Muchas gracias.


- Hija, ¿no sabes lo que acabo de descubrir?… — Ana estiró su mano y tomó la de Luciana— Paula es la hija de una amiga mía de secundaria —Ana volvió a referir toda la historia.


- No me lo creo mamá… esto sí que es una gran coincidencia…


- Sí, muy grande — asintió Paula.


- Apuesto a que hoy mismo te estás mudando a casa…No te asombres Paula conozco a mi mamá de sobra, no te dejará en un hotel. — todos rieron… sí que conocían a Ana pensó Paula, todos habían concluido en lo mismo.


- ¡Por supuesto! — dijo ana e intentó parecer ofendida — como creen que la voy a dejar ahí, no sé por qué se asombran tanto, soy una persona extremadamente considerada y es lo que les he enseñado a ustedes desde pequeños, o acaso vos no harías lo mismo.


- Mamá sabemos que tus intenciones son buenas, pero podrías pensar en que Paula por ahí quiere intimidad.


- ¿Te estoy intimidando querida?


- No, como cree… — Paula le contestó en un tono dulzón.


- Qué esperas que te diga ¡¡¡mamá!!! Sos insufrible, por supuesto que no va a decirte otra cosa, Paula tiene educación.


- No, Luciana tu madre me cae muy bien y estoy muy agradecida de su hospitalidad, solo que la situación me tomó desprevenida.


Sonó el teléfono de Paula, era su madre para avisar cuando llegaba.


- Bueno mamá, no te preocupes te voy a buscar descuida.


- ¿A qué hora llega Ale? — se interesó Ana.


- El miércoles a las 8:20 am en un vuelo de Lufthansa, con escala, no consiguió otro, solo quedaba clase economy en otras compañías.


- Ok la iremos a buscar — le indicó Ana mientras le tomaba la mano a Paula.


- ¿Viene tu mamá? —Luciana preguntó extrañada.


- Tu madre y la mía han hablado por teléfono y han arreglado todo entre ellas.


- Fantástico mami, seguro estarás feliz, se nota en tu cara.


- Sí hija ni te imaginas, reencontrarme con alguien de mi tierra adorada es la gloria para mí.


Les trajeron la comida.


- La familia de Paula tiene viñedos en Mendoza Horacio — le contó Ana a su esposo.


- Ah, son artesanos del vino.


- Sí — contó Paula — realmente lo somos, porque nuestra recolección es manual, nuestras cepas son seleccionadas por expertos que las separan para elaborar el mosto que es el proceso de fermentación que hace que se separe el hollejo y la pulpa y se obtenga el vino, luego ese líquido obtenido se guarda en toneles de robles para su estacionamiento, bueno en verdad, es más complicado y largo el proceso, se los he resumido un poco.


- Debe ser fascinante ver como se elabora — Horacio se mostró intrigado.


- Sí lo es, realmente es mágico. Este año se puso en marcha la Champagnera, ahora también elaboramos Champagne.


- Como se llama la bodega — se interesó Luciana.


- Bodegas Saint Paule, están enclavadas en un oasis en San Rafael Mendoza a los pies de la Cordillera de los Andes, nuestros viñedos son bendecidos con el riego de los deshielos.


- ¿Lleva ese nombre por ti? — dijo Ana.


- No, en realidad por mi abuela, ella se llamaba Paulina, mis abuelos paternos son quienes fundaron la bodega, luego la trabajó mi padre, pero recién conseguimos éxito hace unos pocos años. Mi hermano la trabaja hoy en día y ha hecho de ella una muy productiva inversión, hasta premios internacionales tenemos, elaboramos un Chardonay que tiene tres premios fuera del país y dos locales, también tenemos un Gran Reserva Malbec, que es nuestro mayor orgullo, ese tiene cuatro premios en el exterior y cinco locales, el Malbec es la cepa característica de Argentina es la que nos distingue en el mundo vitivinícola porque es propia de nuestra región y en Mendoza crece de forma inmejorable, el clima del lugar es más que propicio.


- Ah tu padre debe estar muy orgulloso de tu hermano, debe confiar mucho en él — dijo Luciana.


- Sin duda confiaría mucho y si calculo que debe estar orgulloso desde donde está, mi papá murió hace diez años de un cáncer terminal que lo desbastó a él y a la familia, por eso mi hermano tuvo que hacerse cargo sí o sí de los viñedos, mamá y yo no entendíamos nada, por otro lado yo era muy chica — Paula hablaba con tranquilidad, después de tantos años la muerte de su padre ya era un tema del que podía referirse con mucha resignación.


- Lo siento Paula, no sabía.


- No te preocupes, aunque siempre va a doler, con los años uno aprende a resignarse — Ana le acarició el mentón.


Luciana de inmediato se arrepintió que la conversación haya llegado a ese punto, Horacio permaneció en silencio y Ana agregó.


- Es una enfermedad tan terrible, es verdaderamente espantosa, nosotros la sufrimos muy de cerca cuando la esposa de Pedro murió hace dos años de un cáncer fulminante en menos de seis meses, la pobrecita ya no parecía ella el último tiempo, y mi pobre hijo querido sufrió tanto todo el proceso, fue muy agónico verla irse cada día, Pedro fue su enfermero de tiempo completo, no sabes lo mal que lo pasó.


Paula empalideció de pronto, le faltaba la respiración, creyó que todo se le daba vueltas y que el estómago se le revolvía, Ana no tenía idea de la revelación que acababa de hacerle.


Luciana que sabía todo, comprendió porque Paula se había puesto como se puso, le tomó la mano y se la apretó bien fuerte, trasmitiéndole contención, Horacio no podía creer la bocota de su esposa, levantó los ojos y miró el techo y pensó en la gran metida de pata. Pedro se enojaría muchísimo cuando se entere que ella le reveló a Paula eso, pero también concluyó que la conversación se había ido en ese camino, el comentario parecía casi inevitable.


- ¿Te sientes mal Paula? — Ana se preocupó al notar la lividez de su rostro.


- Sí — asintió ella y comenzó a llorar.


- Ay corazón, disculpa, no quisimos ponerte así — Ana estaba muy afligida.


- No, no es nada… — dijo y la voz le falló.


- Acompáñala al baño hija —Horacio la conminó.


- Sí, vamos, vamos.


Paula y Luciana se levantaron del lugar y se fueron al sanitario.


- Tranquilízate Paula, sé por qué estás llorando, sé todo lo que ha pasado entre mi hermano y tú.
Debes tranquilizarte, sino tendremos que explicarles a mis padres con detalles, ellos creen que te pusiste así por el recuerdo de tú papá.


Paula estaba muda, se sentía muy descompuesta, inclusive en el sanitario tuvo nauseas, había dejado de llorar y se agarraba la cabeza.


Las palabras de Luciana sonaban lejanas, ella solo podía pensar en lo mal que había tratado a Pedro, en todas las cosas que le había dicho, en como lo había humillado, en como lo había juzgado sin sentido dejándose llevar por la ira, lo había comparado con Guillermo, con esa basura… lo había perdido...


- Paula, ¿me escuchas?


- Sí, sí, te oigo. ¿Qué hice? Lo arruiné todo…


- Tranquila, mi hermano está loco por vos, te perdonará — Luciana quiso animarla.


- Yo no me perdonaría, yo no lo haría. ¿Por qué no me lo dijo? ¿Por qué no me lo explicó todo? Hace dos meses y medio que estoy sufriendo por él, ¿cómo pudo callarse?


- Eso es algo que en su momento deberá explicarte él, no puedo decírtelo yo.
Ey, vamos tenemos que volver a la mesa o sino vendrá mi mamá para acá. ¿Crees que puedes regresar?


- Sí…


- Una cosa más no le digas a mi hermano que lo sabes.


- ¿Qué? ¿Cómo que no le diga? Se enterará…


- Sí algo lo conozco eso sería peor, él tiene su orgullo… luego te explico ahora vamos a la mesa cambia esa cara, se vienen tiempos buenos sé lo que te digo, ustedes se arreglarán.


- No Luciana, el viernes lo vi, lo traté tan mal otra vez, Pedro no me va a perdonar, le dije cosas tan feas, lo humillé en medio de la calle, no lo escuché, desconfié de él nuevamente, estaba tan ciega, me pidió tantas veces que confiara en él y no pude hacerlo.


- Lo sé, Pedro me contó, tienes una buena derecha — Luciana intentó bromear.


- Soy una bruta, una bestia, ¿por qué no quise escucharlo? él el viernes intentó que habláramos.


- Porque sos una cabezota, igual que él, Pedro también es un idiota, pero lo de él no tiene cura, son dos idiotas que prefirieron sufrir en vez de estar juntos.


- Quiero irme a Italia a buscarlo, es lo único que deseo.


- Lo sorprenderemos en la fiesta de mi mamá, yo te voy a ayudar, pensándolo mejor creo que si va a enterarse que sabes de Julieta, ya veremos.


- Gracias, en verdad aprecio como me estás tratando, soy consciente que no lo merezco.


- Uff, la verdad que no, mi hermano no la ha pasado bien, pero él también tuvo la culpa, y supongo que vos no la pasaste bien tampoco ¿lo querés?


- Más que a mi vida, lo amo… no he podido alejarlo de mis pensamientos y de mis sentimientos, aunque nunca lo hubiese aceptado sabiendo que él tenía esposa, intenté suicidarme por él.


- ¿Estás loca?


- Sí así de loca estoy por él, eres la única que sabe esto no lo digas a nadie por favor.


- Nunca más intentes eso por favor — Luciana la tomó de ambas manos.


- No, nunca más, lo entendí, mi amor por él es infinito pero tengo otros seres queridos también a quien les dejaría un
enorme vacío, supongo que fue una reacción impensada, mi vida no fue fácil.


- Solo quiero ver feliz a mi hermano, solo eso Paula, ahora a la mesa y con una sonrisa — Luciana le tomó las comisuras de los labios a Paula con sus dedos índices y le dibujó una sonrisa. Lo que bastó para hacerla reír a desgano.


Poco a poco, Paula fue encontrando el equilibrio, el almuerzo finalmente cayó en un clima totalmente laxo y cordial. Horacio a la hora de ordenar los postres pagó la cuenta y se despidió para regresar al trabajo.


- Bueno, mujeres la compañía de ustedes es increíble e inmejorable, ningún hombre se podría sentir más honrado que yo por estar rodeado de estas tres bellezas, pero debo ir a generar dólares para pagar los vestidos que presumo se irán a comprar para el sábado.


- Sí mi amor, ve a trabajar que yo me encargo de malgastar tu dinero he traído mi JP Palladium — Bromeó Ana y todos rieron.


- ¿Ustedes se encomiendan de buscar las cosas de Paula en el hotel, o prefieren que mande un empleado?


- No, nosotras nos encargamos, estoy con el auto papi, no te preocupes, mamá y yo nos ocupamos de eso.


Horacio se fue, entonces las mujeres terminaron de comer el postre y luego partieron a recorrer la 5th Avenue.


Entraron en una tienda en donde Ana y Luciana eran clientas y las atendieron como a dos reinas, como a tres en realidad.


La primera en probarse vestidos fue Ana que se decidió muy rápido por uno rojo de shantung, tanto Paula como Luciana
coincidieron que ese color era el apropiado para que la cumpleañera se destaque del resto de los invitados.


Luciana fue la más indecisa se probó tres vestidos, finalmente se decidió por un strapless de gasa de seda en color negro y pedrería que le sentaba muy bien.


Finalmente llegó el turno de Paula, que se decidió por un modelo en color dorado que le impactó apenas lo vio. 


Cuando ella apareció tras el probador madre e hija concluyeron que parecía una estrella de Hollywood.
La vendedora más allá que quería hacer la venta, afirmó que tenían razón.


A la hora de pagar, Ana no le permitió a Paula que gastara un centavo, se empecinó que era un obsequio de ella.


- No Ana, puedo pagarlo, además yo tengo que obsequiarte a vos es tu cumpleaños.


- Sé que puedes, pero quiero hacerlo, quiero hacerle un obsequio a la hija de mi amiga, ¿tan mal está eso? — discutir y tratar de disuadir a Ana era imposible, le hizo recordar mucho a Pedro y ahora entendía su tozudez.


Salieron ahí y se fueron a comprar calzado y carteras de fiesta, directo a Louboutin por supuesto y luego de eso pasaron por The Peninsula a buscar el equipaje de Paula para llevarlo al Belaire.


- Entra Paula, siéntete como en tu casa — le indicó Ana cuando bajaron del ascensor y entraron al lobby del penthouse de la familia Alfonso — Ofelia ya llegamos, ven que quiero presentarte a alguien, esta vieja no escucha nada, voy por ella.


Paula quedó maravillada con la vista panorámica del atardecer de Manhatan sobre el río y con una majestuosa imagen del Queensboro bridge, se acercó a los ventanales extasiada.


- ¿Bellísimo verdad? si hay algo que extraño de vivir acá es esta vista — concluyó Luciana.


- Estoy embriagada viendo esto… infunde demasiada paz.


- Así es.


Ana le presentó a Ofelia quien le pareció la anciana más dulce que había tratado, luego Luciana se despidió pues Ruben ya andaba reclamándola en su casa, intercambiaron los teléfonos con Paula y quedaron que la pasaría a buscar al otro día para ir a cenar a su departamento.


Tras la despedida Ofelia y Ana instalaron a Paula en la habitación que era de Luciana cuando vivía ahí, la cual aún permanecía intacta, con los vestidores vacíos claro está.



- Oscar ¿pasa algo? —Pedro atendió el llamado extrañado.


- Sr. disculpe que lo moleste, pero la Señorita Paula dejó el Hotel, quería avisarle.


- ¿Cómo que dejó el Hotel? — Pedro se desesperó, creyó que no había aceptado la propuesta de su padre y se había regresado a la Argentina.


- Sí, hace un rato, la acompañó su hermana y su madre a retirar las valijas y se fueron para la casa de sus padres al Belaire ¿quiere que siga vigilando ahí?


- No Oscar, está bien, deja todo ya no es necesario, de todas formas pensaba pedírtelo, yo me encargo.


Pedro cortó con Oscar y llamó a su hermana, no entendía nada.


- ¿Qué mierda hace Paula en casa de papá y mamá?


- Hola hermanito yo también te extraño mucho, gracias por llamar.


- ¡¡¡Una mierda Luciana!!! ¿Me vas a explicar?


- ¿Cómo lo sabes, tienes a tu lacayo vigilando a Paula? Un poco obsesivo ¿no te parece? — Luciana conocía muy bien las artimañas de su hermano.


- No me jodas Luciana, te hice una pregunta ¿qué mierda hace Paula en casa?


- Conoces a mamá, la conoció hoy en la oficina, se enteró que es de Argentina y se quedó encantada con ella, luego terminó descubriendo que Paula es la hija de una amiga suya de la escuela secundaria.


- ¿Qué? ¿La mamá de Paula y nuestra madre se conocen?


- Sí Pedro… ella y mamá eran amigas en la adolescencia.


- Y por supuesto no pudo dejar a Paula en un hotel. Dios que enredo.


- Si, a Paula no le quedó otra que aceptar, otra coincidencia en el destino de ustedes.


- ¿Y vos como apareciste en escena?


- Fuimos todos a almorzar y ahí me presentaron a Paula, por cierto me cayó de maravilla, es increíble.


- Bueno, resulta que ahora van a ser mejores amigas…


- ¿Por qué no? Si va a ser mi cuñada.


- No me jodas, Paula no quiere saber nada de mí.


- Bueno ahora que la conozco puedo jugar a tu favor hermanito.


- Ni se te ocurra, no te metas, no soy un crío de preparatoria a quien le tienen que conseguir una cita.


- Uff amargo.


- ¿Hablaron de mí?


- Te crees el ombligo del mundo chiquito, claro que no, si te nombramos fue solo al pasar, pero en casa de mamá y papá Paula puede enterarse de Julieta, ve pensándolo.


- Que se entere y que la mate la culpa y que se joda, yo le advertí que se arrepentiría y no me escuchó.


- Ay qué malote, Pedro Alfonso sos un cobarde en realidad.
Preferís que se entere por terceros y no por ti, quizá la que no podrá perdonarte después de eso sea ella, por hacerla sufrir, por callarte una verdad muy importante y para ser sincera yo si fuera ella no te perdonaría, sos un hipócrita.


- Chau Luciana, acá es muy tarde.


- Chau, yo no te llamé.


- Sos insufrible.


- Te quiero tonto, espera no cortes, mañana la invité a cenar a casa.


- ¿Ah sí?— él quiso demostrar que no le interesaba.


- Sí, hoy a la tarde salimos de compras, tu lacayo no te lo dijo.


- No sabía… ¿y?...


- Y nada, me cae muy, muy bien, las dos nos caímos bien.


- Siempre supe que sería así, se lo dije en Buenos Aires. 
Chau Luciana.


- Chau, que descanses.


Pedro estaba contrariado, bah, en realidad era el único estado actual en el que estaba sumergido últimamente, vivía de malhumor se podría decir.


Ella se llevaba bien con todos, conociéndola se imaginaba como trataba a todos con amabilidad, seguramente tendría buenos modos con su madre, con su padre, con Federico, con Alison, resultaba que a Luciana ya se la había metido en un puño, era injusto pensó, sentía envidia que ellos pudiesen estar con ella y disfrutarla y él en cambio solo podía desearla y pensara, con lo que él la quería, no era razonable que las cosas se dieran de ese modo y que ella lo despreciara y lo juzgara injustamente.


Y luego estuvo esperando todo el día un llamado de su padre para ver qué había sucedido y no se había dignado a hacerlo y si ahora Oscar no le contaba ni se enteraba que Paula estaba alojada en su casa.


Marcó el teléfono de Horacio, estaba exacerbado.


- Pedro, ¿qué haces a esta hora despierto? Son las tres de la mañana allá.


- Ya que tú no me llamas, lo hice yo.


En casa de los Alfonso estaban cenando Paula al escuchar que era Pedro se puso en alerta, Ana a los gritos mandándole saludos junto con Ofelia.


- Ay se pueden callar, son dos cotorras no escucho nada.


Horacio se levantó y se fue a la otra punta donde estaba la sala, para poder hablar con tranquilidad. Paula se lamentó que no pudiese escuchar de qué hablaban, y otra vez se amargó.


- Ahora sí hijo, ahora te escucho, no te llamé porque no tengo novedades, los siento, no imaginé que estarías esperando, lamento no haberlo considerado. Paula aún no me contesta, me ha dicho que lo pensará, también me señaló que es una buena propuesta y que lo analizará muy bien, inclusive se interesó en saber si vos estabas de acuerdo, le di toda esta semana para que lo pensara.
Pero además fue un día muy raro, ella está acá en este momento estamos cenando.


- Ya sé que está ahí.


- ¿Cómo que ya sabes?


- Sí hablé con Luciana.


- Ah, bueno, entonces ya estás al tanto de las novedades, resulta que tu madre y la madre de ella se conocen.


- Sí eso me dijo Luciana.


- ¿Cómo está?


- ¿Quién?


- Paula papá ¿quién va a ser?


- Ah, un poco cohibida, sabes cómo es tu mamá, pero está bien, la instalaron en la habitación de Luciana, como sabes Ofelia y tu madre se encargarán de hacerla sentir más que bien.


- Que mamá no la invada, ella puede ser muy invasiva, Paula debe haber aceptado por compromiso ir ahí.


- Seguramente y es que no le quedó otro remedio, pero no te aflijas, ellas se entienden, hoy anduvieron de compras, se llevarán muy bien, ¿eso no te contenta?


- Supongo que sí. Te dejo — en realidad no lo contentaba, le daba celos. Tenía celos de su madre sí que estaba loco pensó.


- Espera saluda a tu mamá.


- No papá, estoy cansado, seguro estará a mil revoluciones por minuto con Paula ahí, mandale un beso de mi parte.


- Bueno hijo un abrazo


Como era de esperar, Ana le recriminó que no le pasara con su hijo.


- Ana, son las tres de la mañana en Milán. Llamó por unas cosas que necesitaba saber, solo por trabajo, te envió besos y a vos también Ofelia, ¿no viste que casi no hablamos?


- Está bien, no he dicho nada… ¡Las tres de la mañana!… ¿y por qué aún está despierto a esa hora?


- No sé Ana, tu hijo es adulto, además él está en Milán y yo estoy acá, no sé porque está despierto, no tendrá sueño.


- Está bien querido no te enfades.


- No me enfado, pero debes aprender que tus hijos crecieron. Lo siento Paula.


- No te preocupes Horacio, creo que a todas las madres les cuesta asumir eso, mi madre es igual que Ana, se preocupa por todo.


- No me des ese aliento pequeña, que esta semana también viene tu madre, demasiadas mujeres en mi vida y yo el único hombre en esta casa, porque Federico casi nunca está, creo que no es justo…


Todos rieron y siguieron comiendo. Luego de cenar tomaron café en la sala, Paula se sentía muy a gusto con los padres de Pedro, Horacio luego del café se fue a dormir y Paula y Ana se quedaron en la sala charlando.


- ¿Quieres ver fotos viejas Paula? Creo que tengo algunas del Cardenal Spínola, seguro está tu madre en esas, déjame buscarlas.


Paula se sintió animada, seguro Ana traería fotos de Pedro también.


Estuvieron viendo fotografías hasta altas horas de la madrugada, aunque quería disimular, cada vez que aparecía una foto de Pedro, Paula se embobaba viéndola.


De chiquito, tenía el pelito más claro, y tenía pequitas en la nariz, y de bebé era regordete y el más hermoso de todos.


Le extrañó que no hubiera fotos de la boda de Pedro, pero no quiso preguntar, tampoco había ninguna donde él estuviera con su mujer. Ya exhaustas decidieron irse a dormir, pues a ambas se les cerraban los ojos, en el pasillo donde estaban las habitaciones Ana se detuvo y le explicó antes de retirarse a la habitación de ella.


- La primera es la habitación de Federico — le indicó Ana — la que le sigue es la que armamos de huéspedes, esa era la de Hernan, se la daremos a tu madre cuando llegue, bueno la tuya es la que era de Luciana, aún no la he redecorado, hace tan poco que ella se fue y la de acá al lado es la de Pedro, esa sigue igual a como estuvo siempre, porque él de vez en cuando viene y se queda en su antigua habitación.


Paula sonrió, esperó que en su sonrisa no se esbozara su ansiedad, pero tenía tantas ganas de entrar y ver cómo era la habitación de él.

miércoles, 30 de julio de 2014

CAPITULO 62



Paula enderezó sus hombros para conseguir una postura adecuada y segura.


A paso firme se encaminó hacia el despacho, respiró profundo e ingresó en él. Quedó apabullada con el tamaño del lugar y la suntuosidad.


Horacio salió a su encuentro y la saludó con un apretón de mano y un beso en ambas mejillas.


- ¡Bienvenida a Mindland Central y a USA Paula! es un gran placer conocerte — dijo con ímpetu.


- El placer es todo mío Sr. Alfonso.


Horacio por favor Paula, Horacio a secas. — Ella le sonrió asintiendo — pongámonos cómodos — con un ademán la invitó a sentarse en el estar de su oficina, desde donde había una vista imponente del Empire State Building.


- Hermosa vista Horacio.


- Inmejorable — corroboró él acordando con ella.


Ni bien la vio entrar, quedó apabullado con la elegancia y la belleza de Paula y entonces entendió porque su hijo menor estaba tan embobado con ella.


“Es perfecta conjeturó, inteligente, talentosa y hermosa también, Pedro no exageró cuando me dijo que ya iba a comprobarlo”.


Al principio hablaron del viaje, también del hotel donde se hospedaba, él se cercioró que estuviera cómoda. Luego hablaron de Argentina de la riqueza de sus tierras, de la economía del país y otras tantas banalidades, no quería intimidarla necesitaba que se relaje, que se sintiera a gusto con él.


Luego la llevó por el lado de Mindland Argentina, para entrar en clima de trabajo.


Entre charla y charla, Horacio se levantó y sirvió café para ambos de una cafetera expresso que había en su oficina.


Mientras más hablaba con ella y mientras más la estudiaba más se asombraba con su inteligencia, con su facilidad para pasar de un tema a otro y para explicarse, le gustaba sus conceptos, la consideró una mujer sumamente fascinante por sus pensamientos.


“Pedro, hijo querido, no la dejes escapar” — pensó Horacio que estaba totalmente seducido por Paula.


- ¿Lo tomas solo, o prefieres cortarlo con un poco de leche?


- Con un poco de leche por favor.


Paula mientras lo miraba, de a ratos creía ver en él la mirada de Pedro, estudió sus rasgos sus gestos, y llegó a la conclusión que sus ojos eran muy parecidos, solo que los de Pedro eran más azules aún.


- Bueno Paula, seguramente te preguntarás para que te he hecho venir, voy a contarte una historia muy larga, para la propuesta que quiero hacerte es necesario, e imposible de obviar. Así que prepara tus oídos porque tengo mucho para narrarte.


Ella se sonrió y se relajó en el sofá, dispuesta a escucharlo, le gustaba su voz, le pareció de entrada una persona muy amable y no tardó en sentirse muy cómoda.
Horacio comenzó a contarle la historia de Mindland desde sus comienzos hace treinta y tres años atrás.
Paula lo escuchaba atentamente, pero seguía sin entender nada.


- Bueno, a lo que quiero llegar es a que nuestra empresa siempre contó con gente de elite, y estos últimos años se sumaron a esa excelencia la confianza que tengo en mis hijos. Dado el tamaño
corporativo que tomó la empresa, Federico se encarga de todo el marco legal, cosa que es imprescindible dados los tiempos que corren y Pedro, a quien vos conoces — ni se imagina lo bien que lo conozco, pensó ella —se encarga de toda la parte internacional.
Y acá empieza el verdadero cuento, este año me quiero retirar.


- Pero usted es muy joven Horacio y se lo ve muy bien físicamente.


- Gracias a Dios de salud ando muy bien, eso es cierto, lo de joven te lo agradezco, pero ya tengo sesenta años y mi mente ya no tiene las mismas ideas que antes cuando era más joven.


- Pero ahora tiene la experiencia que antes no tenía.


- Muy buena observación, también es cierto, ahora tengo experiencia y cordura, quizá demasiada, y para que esto no se estanque se necesita de gente joven y además quiero disfrutar de tiempo de calidad con mi esposa, es hora que dé un paso al costado, ya no creo lograr más de lo que he logrado.
Es más, casi me atrevería a decir que los últimos logros son pura y exclusivamente de Pedro, yo solo he rubricado mi firma. Sé que te estarás preguntando a qué apunto diciéndote esto, y es que si yo me voy Pedro sería quien quede en mi lugar, ya que a Federico no le interesa, más que nada por su profesión, el prefiere quedarse abarcando el sector que ocupa, y salvaguardar las espaldas de su hermano, que sería de ahora en más quien se encargaría de todas las negociaciones.
Pero la estructura de Mindland en USA no acepta descuidos porque esto es lo que sostiene al resto de nuestra estructura internacional y eso significa que Pedro no podría seguir haciéndose cargo de Mindland International.
Como nuestra empresa solo cuenta con los mejores, he comenzado esa búsqueda, y en mi búsqueda de la excelencia para ese puesto creo haber encontrado a la persona adecuada.


— Paula cerró los ojos, casi sabía lo que ese hombre estaba a punto de decir, volvió a abrirlos y fijó sus ojos en los de él, tomó una gran bocanada de aire — Paula, sé que eres muy inteligente y que ya te has dado cuenta del final del cuento. Después de hacer un eximio y exhaustivo seguimiento, he llegado a la conclusión que vos sos la persona adecuada para tomar el mando de Mindland International.


- ¿Yo? Horacio si me disculpa, ¿está usted seguro de lo que dice?


- Sí, vos, no quiero que me contestes hoy, desde ya quiero decirte que tienes toda esta semana para pensarlo y no voy a aceptar una respuesta hoy sea cual fuere, ni tampoco antes de una semana, quiero que lo pienses bien, que te tomes tu tiempo, que analices todo. Sé que es un gran cambio de vida, lo que te ofrezco no es solo un puesto de trabajo, pero me encantaría que desmenuces bien todo antes de contestarme — Paula se quedó en silencio por un momento, estaba ordenando sus pensamientos — tómate el resto de la semana, para descansar, y para pensar a conciencia mi propuesta.


- Déjeme decirle que en primer lugar, le agradezco enormemente y me siento muy honrada con su apreciación de mi trabajo, en verdad no podría contestarle hoy aunque quisiera, no es mi estilo tomar decisiones a la ligera, aunque varias veces me dejo llevar por mi instinto, creo que su propuesta merece un análisis muy exhaustivo de mi parte, aceptar significaría un gran paso en mi carrera, creo que casi me siento tocando la cima con esta proposición, pero también significa dejar mi país, mi familia, que aunque no viven conmigo, están en mi tierra. También significaría cambiar de costumbres, hoy yo me siento una turista en New York, de hecho ayer recorrí la ciudad y tomé como trescientas fotos — Horacio largó una carcajada, ella también — y luego tendría que venir a trabajar acá… — hizo una pausa y dejó la frase inconclusa, pero Horacio la terminó.


- Con Federico y con Pedro codo a codo… con Pedro te entiendes muy bien, en Buenos Aires se entendieron de
maravillas, ustedes son muy parecidos, hasta me atrevería a decir que están en la misma sintonía, son negociadores agresivos, tienen talento, intuición y desenfreno, ese que da la juventud y la inexperiencia, porque para no estancarse también es buena la inexperiencia, a veces la experiencia hace que nos volvamos demasiado cautelosos, hasta miedosos de arriesgar. Paula, de todas formas, seguirán contando con mi conocimiento, no me iré del todo de un día para el otro, solo me iré el día que considere que el barco ya puede salir a navegar sin tripulación.


- ¿Pedro está de acuerdo?


- ¿Es importante para vos que él esté de acuerdo?


- Por supuesto, es su cargo el que ocuparé, y todo hablando en un supuesto que siempre y cuando yo acepte, sería con él con quien más de cerca trabajaré, para eso necesitamos mantener un ámbito de trabajo de plena cordialidad… — se quedó pensando en lo último que dijo, Horacio la estudiaba y ella solo pensaba en el último encuentro de ella y Pedro — de todas formas me gustaría saber también la opinión de su otro hijo.


- Mis dos hijos están de acuerdo que eres la indicada, pero te voy a confesar algo, Pedro me advirtió que no aceptarías, no sé porque tiene tanta convicción en sus dichos, pero espero, en realidad Paula, ansío que realmente mi hijo se haya equivocado.


“Idiota, que puede saber él, ahora se cree el dueño de mis pensamientos también.”


A Paula le molestó que Pedro pensara eso y hasta le dio ganas de decirle a Horacio que sí aceptaba, pero eso sí que realmente sería infantil.


La puerta se abrió y una hermosa, elegante e impecable mujer de pies a cabeza y de unos cincuenta años entró por el resquicio de la puerta, Paula al verla supo de inmediato quien era, la recordó por la foto que Pedro le había mostrado y además porque él era idéntico a ella, ahora que la veía en persona corroboraba que Pedro era un fiel retrato de la belleza de su madre.


- ¡¡¡Ana, que sorpresa!!!


- Espero no interrumpir nada.


- Tú nunca serías una interrupción, pasa querida mía.
Te presento a Paula Chaves. Ella es nuestra gerente en Argentina.


- ¡¡Oh, eres de Argentina!! yo soy argentina. — Ana le habló en perfecto español.


- Encantada Sra. Alfonso.


- Ana, dime Ana por favor. Ella se sentó en el estar junto a ellos.


- ¿Qué haces por acá querida? — Horacio interrogó a su esposa.


- Quedé en encontrarme para almorzar con Luciana, es que el sábado festejo mi cumpleaños — le explicó a Paula — y pensamos con tu hija en que nos podrías acompañar a almorzar, nosotros luego nos iremos de compras ¿Paula te gustaría venir con nosotros?


- Ah, me parece una excelente idea, por supuesto que Paula va con nosotros — Horacio no la dejó decir que no — déjenme reservar, le diré a Mandy.


Horacio llamó por el interphone pero nadie contestaba.


- Ya vuelvo — salió de la oficina dejando a ambas mujeres solas.


Ana no paró de hablar, ella era apabullante y parecía no quedarse nunca sin palabras, Paula la estudió a conciencia, le pareció una mujer encantadora y sumamente bella, se notaba que cuidaba mucho de su exterior, lucía pulcra y arreglada de pies a cabeza, estaba vestida con un traje hecho a medida que descubría que aún en sus años estaba en forma. Como era su costumbre Ana pasó de un tema a otro con gran histrionismo, después de unos minutos de hablar con ella, Paula llegó a la conclusión que la mamá de Pedro le agradaba.


Mientras la escuchaba también pensaba en todo lo que acababa de proponerle Horacio.


Él también le había agradado, le pareció un hombre muy inteligente y correcto, muy educado, y aunque estaba entrado en años, se notaba que había sido muy buen agraciado de joven, es un caballero igual que su hijo concluyó.


Necesitaba considerar la propuesta de él, entonces se puso a pensar si tenía sentido abandonar su vida en Buenos Aires por su carrera. Allá tampoco tengo nada, aseveró sin temor a equivocarse — “en realidad, donde vaya no tendré nada, mi vida está vacía, no tengo nada verdaderamente importante que me ate y que me impida tentar suerte en otra parte. Quizá si me radico en USA tenga la posibilidad de conocer mejor a Gabriel, él parece tan interesado en mí, a Gonzalo le cayó bien… pero a mí… a mí él no me produce nada, absolutamente nada, como puedo estar pensando en él si el otro día cuando intentó besarme en lo único que pensaba era en Pedro”.


“Pedro, mi amor, como voy a hacer para olvidarte, como voy a hacer si con solo pensarte siento que no podría estar con nadie más, aún me siento tan tuya”…


Cuando se separó de Guillermo, primero se sintió desdichada, pero luego la bronca se había instalado en ella y ese era el sentimiento que predominaba, sentía bronca del ridículo que había hecho suspendiendo su matrimonio, bronca de la fiesta armada que no se realizó, de tener que comunicar a los ciento cincuenta invitados que todo se suspendía, de haber perdido su empleo porque no tenía cara para regresar y que todos la señalen como la cornuda, de haber malgastado sus ahorros en un departamento del que él disponía para llevar a su amante, de haber permitido que la use como lo había hecho.
Pero para su asombro jamás se acordaba de sus besos de sus caricias, era como si nunca hubiesen existido.


Con Pedro eso era diferente, se instaba a odiarlo, pero ese era un sentimiento que solo surgía de a ratos cuando se lo imaginaba haciendo el amor con su mujer, esa que para ella no tenía rostro, pero que sabía que existía.
La mayor parte del tiempo que se acordaba de él solo pensaba en sus caricias, en cuanto las necesitaba, en cuanto las extrañaba y eso era lo que le producía bronca, sentir que a pesar de todo, ella seguía pensando en él como se piensa en su hombre, así lo sentía, para ella Pedro era su hombre, él único con derecho a tener sus besos, sus gemidos, el único que tenía su alma, y su cuerpo, porque a él le entregaría el alma… ella sentía que él era su vida y sin él no la tenía.
De pronto se dio cuenta que Ana le estaba hablando, le pareció una falta de respeto, no estar escuchándola, esperó que ella no se haya dado cuenta de su distracción.


- Paula, no me vas a creer, pero me haces acordar tanto a una amiga mía de la escuela secundaria, eres idéntica a ella.


- ¿De verdad? — a Paula le dio risa la ocurrencia de Ana.


- Sí, no puedo dejar de mirarte y acordarme de ella, solo para descartar, sé que es una locura, pero… ¿cómo se llama tu madre? — Paula rió divertida, la mamá de Pedro le caía muy bien tenía una forma de decir las cosas — de verdad niña, no te rías, sé que parece muy loco, pero no puedes ser tan igual a ella ¿Cómo se llama tu mamá? — volvió a terciar.


- Alejandra Terranova.


- Ah Dios mío, lo sabía, lo sabía — gritó y la tomó de los hombros — eres la hija de Ale — la abrazó y la besó, en ese momento entró Horacio que escuchó los gritos de Ana.


- ¿Pasó algo?


- ¡No puedo creerlo! Horacio cariño, desde que entré que no puedo apartar los ojos de esta preciosura porque me hacía acordar a una amiga de la secundaria y acaba de decirme el nombre de su madre y no me vas a creer, es la hija de Alejandra Terranova, de mi amiga de la adolescencia, la que perdí el rastro porque se fue de Buenos Aires cuando se casó.


- Cálmate Ana, creo que Paula no entiende nada.


- No, la verdad no entiendo nada, perdón, mi mamá vivía en Buenos Aires pero cuando se casó se fue a Mendoza donde aún vive.


- Dime ¿sabes a qué colegio fue tu madre? —Ana no quería que queden dudas.


- Al Cardenal Spínola de San Isidro, pero claro… —Paula se tocó la cabeza atando cabos — usted vivía en San Isidro… — Paula recordó de golpe.


- Sí, ¿cómo lo sabes?


- Se lo debe haber contado Pedro, ellos trabajaron juntos en Buenos Aires Ana.


- Ah… conoces a Pedro por supuesto, si él en diciembre anduvo por allá, no puedo creerlo, nuestros hijos juntos sin saber que nosotros fuimos mejores amigas


“¿Que loco no? pensó Paula, y si supiera lo juntos que estuvimos se asombraría aún más señora”… — en cambio dijo.


- Bueno, ahora que lo pienso, todo el mundo dice que me parezco a mi madre, pero nunca creí que el parecido era tanto.


- A mí me recordaste enseguida a ella, aunque tu mamá y si la memoria no me falla, tenía los ojos de un verde diferente, en cambio tú los tienes mezclados con marrón.


- Sí, tal cual, en realidad mis ojos se parecen a los de mi abuela paterna.


- ¿Dónde estás parando?


- En el Hotel Península.


- No, tesoro nada de hoteles, te vienes hoy mismo a mi casa.


- No Ana, ¿cómo cree? no es necesario estoy en una suite bellísima y muy cómoda, tan grande como mi casa, no se preocupe, estoy bien de verdad, además no podría incomodarlos.


- ¡¡¡Horacio!!! Paula es la hija de mi amiga y está de visita, tiene que venir a casa, dile por favor.


- Mi esposa puede ser muy insistente, no creo que puedas decirle que no, además Paula, nuestra casa es enorme y todos nuestros hijos se han ido, solo queda Federico con nosotros y Ofelia nuestra ama de llaves, para mí también sería un placer, además, me encanta consentir a mi esposa y ella así lo quiere, tengo debilidad por sus caprichos, considéralo así, como un capricho — Horacio le guiñó un ojo a Paula.


- Márcame a tu madre, quiero hablar con ella, no va a poder creerlo.


- Bueno — dijo resignada.


Paula llamó a su madre y le refirió la historia, Ale chillaba al otro lado del teléfono, tanto o más que Ana, así que le pasó el teléfono para que ellas se entiendan.


Mientras tanto Horacio sacó a Paula del despacho para ofrecerle una recorrida por las instalaciones, de paso también aprovechó y la llevó al despacho de Federico para que se conocieran.


Paula estaba azorada por la situación, no podía creer semejante coincidencia.


Horacio se asomó en el despacho de su hijo y le preguntó si estaba ocupado.


- Pasa papá.


- Quiero presentarte a alguien.


Por supuesto como todo caballero que es, Horacio le dio paso a Paula, cuando ella entró, el hermano de Pedro se puso de pie, y salió a su encuentro, pues estaba trabajando con la rubia que había salido del despacho de Horacio cuando ella llegó.


- Te presento a Paula Chaves hijo, nuestra gerente de Argentina.


- Encantado, bienvenida a New York, espero que tu estancia en mi país sea muy placentera, pasen, pasen — Federico le extendió su mano, y depositó un beso en ambas mejillas.


“El condenado de mi hermanito sí que tiene buen gusto pensó”.


- Muchas gracias, el placer es mío.


- Te presento a Rachel Evans, Paula ella es la segunda en el departamento de legales — prosiguió Horacio muy educadamente.


“Esta es la zorra que chatea con Pedro” — dedujo de inmediato Paula.


Ah ese nombre sí que lo guardaba muy bien en su memoria ¿habrá sido su amante también? Colega de trabajo había dicho él… Rachel le caía mal, y es que ella había sentido recelo de ella antes de conocerla, además su sexto sentido le decía que a Rachel ella tampoco le caía, sentía que la miraba con desprecio.


Rachel se acercó porque otra no le quedó, y le dio dos besos al aire, sin siguiera apoyar las mejillas en las suyas, a Paula le pareció de lo más falsa y además tenía un aire tan soberbio, que le producía rechazo y para colmo no disimuló en mirarla de arriba abajo.


“¡Ja! ¿Esta quién se cree? si se nota que es toda de plástico”


- Rachel es la estrecha colaboradora de Federico, ella también es abogada y la hija de mi mejor amigo.


- Encantada. — Paula en consideración a Horacio intentó parecer amable y le sonrió lo más sinceramente que pudo.


- Igual. — Dijo la rubia sin siquiera mirarla.


“Mujer más odiosa y pedante no he visto en mi vida”


- No sabes hijo, tu madre acaba de descubrir que Paula es hija de una compañera suya de la escuela secundaria, está al teléfono ahora con ella, no para de gritar, perece desquiciada — puso los ojos en blanco — vos sabés cuando de su terruño se trata como se pone, y no la culpo a los dieciocho años dejó todo y aún añora su patria — terminó explicándole a Paula para excusar a su esposa.


- Me imagino, como debe estar, tendremos una semana agitada, pero… ¡¡¡qué coincidencia Paula!!!


- Increíble — asintió ella y no podía salir de su asombro — él mundo últimamente me demuestra una y otra vez que es muy pequeño, aunque sea una frase muy cursi es así, créanme que es así — Horacio comprendió muy bien porque ella decía eso, Pedro le había contado como ellos se conocieron.


- Presumo que te vienes a casa, si algo conozco a mi madre no te dejará en un hotel.


- Bueno, creí que por ahí podía convencerla y que desista.


- Ni lo sueñes, con mi madre no hay quien pueda, no te aflijas, en casa hay lugar de sobra y ella estará chocha de tenerte ahí, nosotros también por supuesto.


“Y mi hermano mejor ni te cuento” — pensó Federico pero no se lo dijo claro que no.


- Por supuesto — dijo Horacio y Paula sonrió resignada.


Rachel luego de escuchar la conversación y sin participar en ella, se retiró del lugar, interpuso una excusa y se fue.


Paula, se sintió aliviada, esa mujer le causaba repugnancia.


- ¿Le pasa algo a Rachel? La noté extraña… — Horacio se interesó en saber.


- No, que yo sepa — dijo su hijo sin darle importancia.
Como habían quedado los tres solos Federico preguntó…
- ¿Ya hablaste con Paula?


- Sí, le di toda esta semana para que lo piense — dijo muy sonriente mientras la miraba — sin presiones — aclaró Horacio — todo esto que acaba de ocurrir, no cambia en nada tu decisión, eres dueña de tomar la que desees y es como quiero que te sientas — Paula sonrió asintiendo con la cabeza.


- Ojalá aceptes — intervino Federico — me gustaría que sepas que opino igual que mi padre, creo que eres la adecuada para el puesto, además aunque parezcamos una familia de locos, lo pasarás bien en New York.


- Gracias Federico, me parecen una familia muy agradable esa ha sido mi primera impresión.


- Hijo, nosotros nos vamos a almorzar, nos vemos más tarde en casa.


- Seguro, Bon appétit!!


Regresaron a la oficina de Horacio, Ana recién cortaba la comunicación telefónica con Ana.


- Todo arreglado, tu madre se viene para acá, viene para mi cumpleaños que lo festejo el sábado, tú también asistirás por supuesto, no sé cuándo tenías planeado irte pero ve sabiendo que tendrás que posponer tu viaje.


- ¿Cómo?


- Sí, surprise!! Tu madre ya se ponía a sacar su pasaje y en un rato nos llama para avisar cuando llega, estoy super feliz ven acá déjame darte otro abrazo.


Horacio puso los ojos en blanco.


- Tranquilízate mujer, pareces loca, y estás asustando a esta chica.


Paula estaba confundida, ahora también venía su madre, esto era un verdadero enredo, ella tenía que irse a la casa de los Alfonso, porque no había forma que la madre de Pedro desista de la idea, ellos no sabían que ella fue amante de su hijo y como si fuera poco Ana pretendía que vaya a su fiesta de cumpleaños donde sin duda se encontraría con Pedro y su esposa, era demasiado pensó, y para colmo el padre de Pedro que pretendía que ella se mudase a NYC y trabaje ahí a diario.


Su cabeza estaba por estallar y estaba por perder la poca razón que le quedaba. Tomó un profundo respiro.


El día no podía ir peor.


Todos eran muy agradables, eso tenía que reconocerlo, era una familia muy cálida, que la trataban con mucha sencillez, pero la situación que estaba viviendo era verdaderamente de locos, estaba por ponerse a llorar.


Ana había ido al baño y Horacio aprovechó para pedirle que no le dijese nada a su esposa de su retiro, le explicó que era una sorpresa que quería darle llegado el momento.


- Por supuesto cuenta con toda mi discreción.