viernes, 1 de agosto de 2014

CAPITULO 67



Habían terminado de comer el segundo plato, Pedro se llevó la mano a su cabeza y se apretó la sien también se masajeó la frente, Paula que estaba atenta a él lo advirtió de inmediato.


- ¿Qué te pasa mi amor?


- No doy más del dolor de cabeza.


- Es el Jet-Lag vamos a mi habitación, tengo un analgésico para la migraña, se te va a pasar en un rato, además quiero ir al baño.


Se pusieron de pie, ella lo tomó de la mano y se fueron.


Subieron las escaleras y entraron en la habitación de Paula, Pedro no pudo resistir la tentación y la tendió de espaldas en la cama para besarla.


Su boca se había apoderado de la de ella, su lengua se metía sin permiso y chocaba con la de Paula, le faltaba la respiración, ansiaba tanto besarla, acariciarla... bajó a su cuello, se perdió en el aroma de J’adore mientras pasó su lengua y siguió por su escote, llegó al nacimiento de sus pechos.


- Esperá mi amor, también lo quiero, pero debemos regresar a la fiesta.


- Después Paula, no me pidas que me detenga, mirá como estoy — le dijo mientras empujaba su erección en ella y la miraba suplicante — necesito aliviarme, te deseo demasiado.


Ella le corrió el pelo de la cara y tomó su rostro entre sus manos y lo besó, luego se apartó para pedirle.


- Cerrá la puerta.


Él se levantó he hizo lo que ella le había pedido, luego se quitó la chaqueta y la dejó apoyada sobre un sillón que estaba al costado de la cama, también se deshizo del chaleco y de la pajarita y se desabrochó el primer botón de la camisa, le extendió la mano para que se levantara y entonces Paula se puso de pie y él la dio vuelta para ocuparse del cierre de su vestido.


Bajó el zipper y luego llevó sus manos hacia los tirantes para deslizarle el vestido, mientras mordisqueaba su cuello.


La ayudó a salir de él, todo era rápido, no tenían mucho tiempo. Pedro casi se quedó boquiabierto cuando le sacó la prenda, no esperaba encontrarse con lo que se encontró.


Ella llevaba una lencería infartante, tenía puesto un bustier de encaje transparente en color caramelo, una diminuta bombacha y portaligas que sostenían sus medias.


- Paula, mi imaginación quiere hacerte tantas cosas… pero no tenemos tiempo mi amor, tenemos que regresar para cortar la torta con mi madre.


Ella se rió.


- Sé que tu imaginación es muy grande, pero guardá esas ideas en tu mente para después, ahora que sea rápido.


Él se acercó, la besó y volvió a tirarla sobre la cama, se deshizo de su bragueta bajó su pantalón y su boxer hasta la rodilla dejando salir su erección, prontamente le quitó la bombacha y luego de tocarla y comprobar que Paula estaba lista para recibirlo la penetró sin pensarlo.


Se hundió en ella, Paula estaba tan mojada que su pene se deslizó perdiéndose en su vagina, levantó la cabeza para mirarla, y cerró los ojos mientras emitía un suspiro y se quedaba enterrado quieto como siempre, disfrutando de su profundidad.


- Se siente maravilloso, mejor que como lo recordaba.


- Mucho mejor — le dijo ella.


Pedro comenzó a moverse despacio, luego fue subiendo la intensidad de sus movimientos mientras sorbía uno de sus pechos que había sacado por encima del bustier.


- ¿Te gusta mi amor?


- Me encanta — le dijo ella — te extrañé tanto mi vida.


- Ya nunca más, nunca más vas a extrañarme.


Pedro la embistió con fuerza para afirmarle lo que estaba diciéndole, y así siguió, quería que lo sintiera, que realmente supiera que él estaba dentro de ella.


- Vos sos mía Paula, mía y de nadie más.
Me pertenecés, solo yo puedo tenerte así, solo yo puedo enterrarme en vos, tu cuerpo es mío, no quiero que lo desee nadie ni con el pensamiento.


- Shh, mi amor, solo vos, solo vos, te lo juro.


Le susurró sobre sus labios calmándolo, él parecía muy angustiado.


Pedro siguió moviéndose, sus embestidas eran despiadadas, a Paula le dolía pero ella entendía que lo había hecho sufrir tanto, que era la forma que él tenía de castigarla y entonces disfrutaba de ese castigo, ese que solo él podía darle.


Ella empezó a apretar su vagina, su orgasmo estaba muy próximo.


- Te siento nena, siento como me comprimes, dejate ir por favor, quiero ver tu cara en el momento en que te provoco un orgasmo, lo soñé muchas veces, haz que mis sueños se hagan realidad.


Paula no lo hizo esperar más, sus palabras detonaron todas sus sensaciones en ella, su boca como una O mayúscula dejó escapar el aliento que estaba conteniendo, arqueó su espalda para encontrarlo con su vagina mientras se corría, cerró sus ojos extasiada por unos instantes, luego los abrió y los clavó en los de él, para que el viese en su mirada cuanto lo amaba por hacerla sentir así, su manos también se clavaron en los bíceps de él, entonces en ese momento, maravillado del placer que ella sentía, Pedro también se dejó ir.


Un ronquido sonó en el fondo de su garganta y vació todo su simiente en ella, tembló, se le erizó la piel, y llenó su vagina con su semen, lo depositó todo en ella, en el único lugar donde quería dejarlo y se quebró, porque entonces supo que solo con ella él sentía así, se puso a llorar como un chico, de pronto se sintió vulnerable.


- No me dejes más Paula, nunca más te alejes de mí.


- No mi amor, te juro que nunca más nos vamos a separar, no llores por favor, no lo hagas, no quiero que te sientas así, ya estamos juntos, unidos, mirá como estamos unidos, siempre va a ser así. — Ella también lloraba, comenzó a besarlo en todo el rostro, en los ojos, en la nariz, en la boca, tenía sus piernas enredadas en la cintura de él e intentaba calmarlo, mientras lo besaba secaba con los besos sus lágrimas, él seguía dentro de ella con los pantalones por las rodillas — tenemos que volver mi amor, tenemos que calmarnos.


Él sorbió su nariz y asintió con la cabeza. Salió de adentro de ella a regañadientes y ambos se fueron al baño a higienizarse.


Luego Pedro le ayudó con el cierre del vestido, pero a ella se le había corrido el maquillaje, tenía que retocarlo.


- Tú cabeza Pedro, ¿aún te duele?


- Es una coctelera.


- Hace un rato no te acordabas — bromeó Paula.


- Hace un rato estaba perdido en vos, ahora regresé a la realidad — le dio una palmada en el trasero y estampó un beso en su congestionada boca producto de sus despiadados besos.


Ella buscó un migral y se lo dio para que lo tomase.


Pedro hace más de cuarenta minutos que nos desaparecimos, bajá vos, yo me quedo arreglando el maquillaje, ya voy.


- Bueno, pero no tardes.


Bajó las escaleras, estaba feliz, iba arreglándose la pajarita y abrochándose la chaqueta.


En el hall principal se encontró con Rachel.


- ¿Estuvo entretenido? — La miró al pasar pero no le contestó


— Hijo de puta — ella le gritó e intentó darle con el bolso de fiesta cuando pasaba junto a ella.


Pedro se volvió y la agarró de un brazo zamarreándola.


- ¿Estás loca, qué te pasa?


- Conmigo te tomaste solo diez minutos, con esa perra oportunista del tercer mundo hace más de cuarenta minutos que están encerrados. Yo te amo Pedro, te amo… me trataste como se trata a una prostituta, ni siquiera te preocupaste por saber si había tenido un orgasmo, ¡sos un hijo de puta!
Yo soy de tu misma clase social, por qué siempre te atraen las más bastardas — se lo dijo todo gritando.


- Me parece que bebiste demasiado.
No quiero escándalos, tampoco que hables así de Paula, me oíste — Pedro le habló enérgicamente pero conteniendo el tono de voz, lo hizo apretando los dientes — cuando pasó lo que pasó entre nosotros, pudiste parar si no era lo que querías, te di la oportunidad ¿lo recuerdas?
Ese día te di lo que fuiste a buscar, un polvo, nada más.


- Qué tal si le digo a esa, que llegamos juntos porque veníamos de revolcarnos en mi casa, que te fui a buscar al aeropuerto y nos cogimos toda la tarde hasta que se hizo la hora de venir…
¿a quién crees que le creería? Hacemos la prueba o prefieres apostar…


Pedro le estaba apretando con fuerza el brazo, quería partírselo…


- Hazlo, no ganarás nada, de todas formas no me tendrás… — Pedro le contestó cínicamente.


El miraba para arriba, no quería que Paula lo encontrase ahí y Rachel en el estado en que estaba era capaz de cualquier cosa, así que la agarró del brazo y la sacó para afuera, pero para el frente de la casa.


Cuando se la folló él supo en ese instante que no tendría que haberlo hecho, porque esa loca le iba a traer problemas.


Sacó su teléfono del bolsillo y llamó a Luciana.


- Ven para el frente de la casa, te necesito, ven sola, y que no te vea Paula, hazlo por atrás porque ella en cualquier momento baja las escaleras.


- ¿Qué mierda pasa?


- Vení carajo, te estoy pidiendo un favor.


Luciana llegó y se encontró con Pedro que estaba sosteniendo a Rachel que no paraba de vomitar.


- ¿Está borracha?


- Sí, pero por suerte ya está demasiado inconsciente, así que no hablará. Voy a buscar a Bob para que se la lleve, quédate con ella y cuando venga le decís que vos la encontraste.


- Hazlo pronto, por Dios que asco, no para de lanzar, me va a salpicar el vestido, mierda Pedro, apúrate.


Pedro llegó a la mesa, Paula ya estaba ahí, se acercó y le dijo al oído.


- Ya vuelvo mi vida, espérame — La besó y se fue al lado de Bob y lo levantó de la mesa.


- Bob, Luciana encontró a Rachel descompuesta, cree que bebió mucho, me parece que mejor te la llevas.


- ¿Rachel bebida?


- Sí Bob, está con Luciana al frente de la casa, acaba de avisarme para que te dijese ¿querés que te acompañe?


- No, no hace falta ya demasiadas molestias te tomaste hoy en ir a buscarla, quédate con tu chica.


- Ok, lo siento.


Él no quería regresar, temía que si Rachel lo viese, estalle y empiece a abrir la boca para decir puras estupideces, era una cobardía de su parte por supuesto, pero solo pensaba en Paula, el resto no le importaba.


Bob llamó a su esposa y Horacio se dio cuenta que algo pasaba, por la enajenación de la cara de su amigo.
Intentando disimular, Pedro regresó a su asiento, le tomó la mano a Paula y se la besó.


- ¿Dónde está Luciana Pedro? — preguntó Horacio — ahora llegas tú y se desaparece ella, después de esta tanda de baile cortaremos el pastel.


- Ahí viene, mira.


Luciana llegó a la mesa y le dijo a Pedro.


- Vamos a bailar Heaven hermanito… Lo tomó de la mano y lo arrastró a la pista.


Pedro ¿me vas a explicar por qué me dejaste con ese muerto encima y por qué Paula no tenía que verme?


- ¿Se la llevaron?


- Sí, estoy esperando el cuento.


- No hay ningún cuento, solo fue un favor que te pedí.


- ¡¡Ah no!! — Luciana se paró en el medio de la pista con los brazos en la cintura.


- ¿Qué haces?


- Estoy esperando que me digas.


Pedro, la agarró otra vez y la obligó a bailar, todos los miraban.


- Se puso pesada eso es todo.


- No me vengas con que eso es todo.
Pedro, no me digas que te coges a esa zorra porque te juro que te agarro a palos acá mismo.


- No me la cojo, me la follé una sola vez, y maldita la hora, fue un polvo de mierda y no me la puedo sacar de encima.


- Yo te mato… si siempre estuvo caliente con vos, obvio que no te la vas a sacar de encima, ahora va a querer más. ¿Qué pasó hoy?


- Empezó a los gritos, y menos mal que bajé solo, porque la muy perra sabía que yo estaba con Paula arriba y nos estaba esperando. Me amenazó con decirle que hoy me fue a buscar al aeropuerto y que llegamos juntos porque estuvimos en la casa de ella, no hace falta que te diga haciendo que ¿verdad?


- ¿Y estuviste con ella?


- ¡¡¡No!!! lo que pasó con ella fue una sola vez y hace más de un mes.


- ¿Cómo la vas a frenar?


- Sobria es manejable.


- Si querés seguir con Paula mejor que así sea, porque una mujer despechada puede ser muy peligrosa y ésta encima se cree con derecho a mirar a todos por sobre su hombro, y no sé por qué, pero ya te aviso que Paula no la traga, Rachel no se va a conformar tan pronto con que no te puede tener.


- Gracias no me ayudes tanto.


- Te digo la verdad para que te cuides las espaldas. ¿Cómo pudiste Pedro, cómo?


- Lo mismo me pregunté en el instante mismo que salí de encima de ella.


- No si Federico tiene razón, vos vivís con la bragueta baja.


- Eso era antes de Paula.


- ¡Antes de Paula! — Luciana se expresó incrédula y un tanto ofuscada — si me estás diciendo que fue hace un mes, ya la conocías a Paula.


- Estaba enojado con ella y Rachel cayó como anillo al dedo.


- No me cuentes más, ustedes solo piensan con la verga cuando están enojados y así se mandan las peores cagadas.


Ruben se acercó a ellos cuando terminó la canción.


- ¿Puedo bailar con mi esposa?


- Toda tuya cuñado.


Pedro fue con Paula, la besó en el pelo y se sentó junto a ella.


- ¿Estás aburrida?


- No mi amor, estaba viéndote embobada mientras bailabas con tu hermana y acá charlando con tu abuela y Ofelia, pobre tu abuelo ya está cansado, se está durmiendo.


- Es que él se acuesta temprano.


- Eso mismo me dijo Helena ¿te pasó el dolor de cabeza?
- Sí, no me había dado cuenta, pero me pasó — Pedro sirvió champagne para él, y para ella, bebieron y luego él se puso de pie y le dijo mientras le guiñaba un ojo — bailemos mi amor.


Sonaba Something Stupid, luego empezó Stranger in the Night.


- Mi amor, la letra de esta canción parece nuestra historia, es la forma en que nos conocimos — ella se quedó escuchando.


- Tenés razón es nuestra historia Pedro.
A veces me pregunto si es normal amar tanto como te amo.


- Hmm ¿mucho me amás?


- Muchísimo, aun cuando sabía que no tenía derecho seguía haciéndolo.


Horacio vino por ellos cuando empezó a sonar Fever


- Vamos Pedro, cuando termine esta canción entramos con el pastel.


Paula le dio un beso en la mejilla y se sonrió por el detalle que preparaban para Ana, hizo un paso para ir para la mesa.


- Vos también mi amor, vamos.


- ¿Yo?


- Sí, todos, Lorena ya fue por los mellizos, vamos la animó Horario.


Pedro le besó la mano. Paula no podía creer tanta felicidad.
La tanda de música acabó, se prendieron las luces para que los que estaban bailando se acomodasen, y cuando todos estuvieron en sus lugares, las luces volvieron a apagarse, y una luminaria enfocó la entrada.


Entonces los acordes empezaron a sonar y se escuchó una pista de Frank Sinatra cantando Happy Birthday, en ese preciso instante y al unísono con la música se abrió la puerta y tras ella aparecieron los cuatro hijos de Ana y su esposo, empujado una mesa con un enorme pastel de cinco pisos con bengalas chispeantes y lleno de flores en los mismos tonos que los de la decoración.


A ellos los seguían Helena y Horacio Alfonso padre, Ofelia, Alison, Lorena con los niños en brazos, Ruben y Paula.


Se había decidido que no tocara la orquesta por los niños, para no asustarlos.


Ana no paraba de llorar, su marido fue y la buscó, entonces Ana tomó a sus nietos para alzarlos, luego les dio un beso a cada uno de los que estaban en la pista agasajándola.


Cuando le tocó el turno a Paula ella le dijo.


- Bienvenida a nuestra familia.


- Gracias Ana, me siento muy feliz de poder compartir este momento con vos.


Pedro las abrazó a ambas.


Se sacaron las fotos familiares, y luego la niñera vino por los niños y una vez que se llevaron a los bebés, la orquesta comenzó a tocar otra vez, sonaron los acordes de New York, New York, y todos salieron a la pista a bailar nuevamente.
Alrededor de las cuatro de la mañana ya se habían ido todos y en el salón montado en la carpa solo quedaban los cuatro hermanos con sus parejas.


Bebían la última copa de Champagne y conversaban. A su alrededor todo se desmantelaba, la fiesta había terminado.


Federico había puesto en la consola del Dj una selección de lentos de los 80’y 90’.


Pedro se había desatado la pajarita, y desabotonado su camisa, tenía el trasero apoyado en una silla y las piernas apoyadas en otra, y estaba recostado con su cuerpo sobre el torso de Paula que lo tenía abrazado contra su pecho, él la tenía de la mano y con su dedo pulgar le acariciaba los nudillos mientras sorbía de su copa, mientras ella jugaba con su pelo, enredaba sus dedos en los mechones de su nuca y esa caricia a él lo relajaba, lo perdía.


Luciana hablaba recostada desde la falda de Ruben con su cuerpo en dos sillas, ya casi inteligiblemente, el sueño estaba venciéndola. Lorena permanecía sentada en la falda de su esposo y Federico y Alison abrazados muy juntos, ya todos estaban exhaustos pero el que peor se veía era Pedro.


-Hermanito estás destruido — le dijo Federico.


- No doy más, estoy pasado de todo, hace treinta horas que estoy despierto, con Jet-Lag incluido. Me duele todo.


- Luciana, vamos, te quedaste dormida, vámonos — le pidió Ruben, pero estaba agotada, así que la tomó en sus brazos y se la llevó.


- ¿Cómo van los preparativos de la boda? la próxima fiesta es la de ustedes, ¡¡estamos a nada!! — dijo Lorena.


- Solo dos semanas, nada tienes razón — confirmó Alison mientras besaba a Federico en los labios — y aún faltan tantas cosas...


- ¿Dónde hacen la boda? — se interesó Paula.


- En el Four Season.


- Debes tener todo más o menos solucionado ahí.


- También con lo que sale —Federico se quejó — espero que pongan un lacayo apantallando a cada lado de cada mesa.


- No seas malo amor, se supone que uno se casa una sola vez.


- Sí obvio, que una sola vez, uno tendría que ser muy estúpido para gastar dos veces la misma cantidad de dinero — dijo Hernan y todos rieron, menos Alison.


- Las reuniones con la Wedding planner fueron muchas — Alison explicaba — ella es un amor, y nos atendió hasta que nos pusimos de acuerdo en todo…


- ¿La ceremonia también la hacen ahí?


- Sí Paula, solo la religiosa con un intérprete católico, pero luego tenemos que pasar por la iglesia para que los votos valgan, ya que para la iglesia católica solo son válidos los matrimonios dentro de la iglesia — Alison le acarició el rostro a Federico y volvió a besarlo.


- Sí esa es una regla muy estricta de la iglesia católica, salvo por casos extremos como que estés postrado en una cama.
¿Ustedes donde se casaron? — Paula interrogó ahora a Lorena y a Hernan.


- Ah Paula, la nuestra fue una boda más sencilla, nosotros hicimos la boda acá, vino una jueza y solo nos casamos por lo civil, la mansión estaba recién comprada, fue la primer fiesta que se hizo en ella ¿verdad mi amor?


- Sí así es, además nuestra boda fue bastante intima, muchos menos de los que estábamos hoy acá, el lugar era más que suficiente.


- Y Luciana se casó en Miami — dijo Pedro y empezó a reírse despabilándose de golpe — hizo la ceremonia en la playa — todos lo siguieron con la risa porque ya sabían lo que venía — teníamos arena hasta en el trasero.


- Hablábamos y mordíamos arena dijo Federico — todos estaban descostillados de risa, a Lorena se le caían las lágrimas recordando.


- Sí — a puras carcajadas aseveró Hernan — yo me restregué todo el tiempo los ojos, no pude ver nada de la ceremonia.


- Yo fui una de las damas de honor — le contaba Alison — ese día había un viento de locos pero ella se empecinó igual, en hacer la boda en la playa, hasta último momento la planeadora estuvo tratando de convencerla para hacerla adentro en otro de los salones del hotel, pero no pudo.


- Mamá tenía puesta una capelina, terminó sosteniéndosela con las dos manos porque se le volaba — contó Pedro desternillado y le faltaba el aliento — y la abuela que rezongaba y no la podíamos hacer callar, no sabes lo que fue eso, parecíamos los Beverly Ricos, todo lujoso pero totalmente desubicado.


- Sí cierto, cierto — Federico se agarraba la barriga y lloraba de tanta risa, Paula se había contagiado y se reía con ellos imaginando la escena. — Las telas y las flores se volaban. El presbítero que ofició la ceremonia no podía hablar, no sabes era una escena dantesca.


- Pobre, yo me muero si me pasa una cosa así el día de mi casamiento.


- No te preocupes Paula, Luciana ni se enteró hasta que se lo contamos y no dio el brazo a torcer hasta que vimos la ceremonia en video, ella lo único que quería era su boda en la playa por Dios, paren no puedo más de risa — dijo Hernan — qué pena que se haya ido, para hacerla cabrear.


- En realidad el que se salvó fue Ruben, señaló Federico, porque después termina atacada con él.


- No me digan que son los típicos torturadores de hermanas mujeres.


- No Paula, ellos cuando se juntan siempre torturan a alguien no importa a quien, inclusive entre ellos, ve preparándote, porque cuando entren en confianza con vos, también te va a tocar, y mejor no demuestres tu enojo, porque no tienen fin — hoy Luciana se salvó porque no estaba — le contó Lorena.


- Mejor nos vamos a dormir, dijo Pedro, me duermo sentado y acá ya estorbamos a esta gente que también quiere irse.


Todos se levantaron, se fueron hacia el interior de la mansión, seguían riéndose mientras subían las escaleras, estaban tentados.

CAPITULO 66




Rachel los siguió, fingió que iba a saludar a sus padres.


Llegaron a la mesa donde Luciana fue la primera en echarse en sus brazos, Pedro la rodeó en un fuerte abrazo y le dio interminables besos.


- Me vas a sacar todo el maquillaje y me arruinarás el peinado, no seas tan efusivo hermanito.


- Te extrañé, no seas tan rezongona — volvieron a abrasarse y entonces Luciana aprovechó y le habló al oído


- Voy a matarte, ¿por qué llegaste con Rachel? — él no le podía contestar en esas circunstancias, así que solo atinó a decir esperando que su hermana entienda.


- Pura coincidencia, no te preocupes no es nada.


Dejó a su hermana de lado y saludó a sus abuelos y a Ofelia que como siempre lo aduló,Pedro era su preferido y ella no lo disimulaba jamás


- Ay Doña Helena quien pudiera tener veinte años para tener posibilidades con este joven buen mozo que tiene por nieto.


Pedro le guiñó un ojo, y le dijo a Ofelia en el oído — lo siento, mi corazón ya tiene dueña, no hay chances para nadie.


- ¿De verdad?


- Shhh, en un rato te la presento.


Seguido se estrechó en un abrazo con su padre y finalmente les dio uno muy cálido al matrimonio Evans, en ese momento Bob aprovechó para agradecerle que haya ido a buscar a Rachel, cosa que iluminó bastante a Paula y a Luciana del por qué él había llegado con ella.


Después que él saludó a todos los que conocía, su madre le presentó a Alejandra, a la madre de Paula.


- Encantado Sra. realmente es un placer conocerla, no salgo de mi asombro lo que son las casualidades, quien hubiera dicho que usted y mi madre hayan sido compañeras de colegio y que a través de Paula se hayan reencontrado. Es realmente increíble como se dieron las cosas.


- También estoy encantada de conocerte, pero llamame Ale, en verdad que ha sido una gran coincidencia que nos hallamos vuelto a encontrar con Ana, creo que es el destino Pedro, las casualidades no existen. — Ale le acarició la barbilla y le besó la frente — es un placer conocer a todos los hijos de mi amiga.


Paula le había esquivado la vista en todo momento, estaba furiosa con él por haber llegado con Rachel a la fiesta, por más que al parecer no era por su propia decisión.


Pedro muy a adrede la había dejado para lo último, mientras hablaba con Ale, su vista se iba hacia ella, estaba encantadora, particularmente hermosa, se atrevía a asegurar que no había mujer más hermosa en toda la fiesta, solo ella, su Paula.


- No saludas a Paula cariño — dijo su madre.


- Por supuesto — contestó Pedro y se dio la vuelta tras de Ale para saludarla.


Paula levantó la vista tímidamente.


- Hola.


- Hola, estas hermosa — le habló muy bajo para que solo ella lo escuchase, y le dio un beso en la comisura de los labios.


- Gracias — Luciana sin disimulo alguno seguía toda la escena muy atenta.


Sorprendiendo a todos, inclusive hasta él se sorprendió por su decisión, pero sin pensarlo demasiado Pedro tomó a Paula del brazo y le corrió la silla para que se pusiera de pie. Por supuesto que su actitud tosca, tomó a todos por sorpresa y fijaron su vista en ellos con gran desconcierto, Ruben justo había llegado a la mesa y le extendió la mano a Pedro.


- Mamá — dijo Pedro mientras obligaba a Paula a ponerse de pie — aguarda unos minutos para dar comienzo a la fiesta, Paula y yo ya venimos, no empieces sin nosotros — le advirtió antes de irse.


Pedro la sacó hacia fuera, Luciana ahogó una risita, estaba feliz, Horacio la miró que casi la aniquila y entonces Ana estaba desayunándose que algo extraño ahí pasaba y acababa de darse cuenta que padre e hija eran cómplices como de costumbre y para no variar, pensó.


- Vos o tú hija me van a explicar que está pasando, porque presiento que ustedes saben porque Pedro se portó tan grosero con Paula, por poco y la lleva a la rastra.


Ale casi ni respiraba, su amiga era prácticamente la única de la familia que no sabía de Pedro y Paula y sintió pena por ella, parecía el último orejón del tarro.


- No te aflijas — dijo Alejandra — no me pareció grosero, se ve que tenían que hablar.


- Ale, Pedro nunca se comporta así, si lo conocieras lo sabrías. Acá hay gato encerrado — le dijo casi en secreto.


Rachel estaba furiosa, ella había quedado pintada parada al lado de sus padres, Pedro no le había destinado ni una sola mirada y se había portado por demás de descortés con ella y encima se iba con esa don nadie para afuera.


Pedro arrastró a Paula fuera de la carpa sin mediar ninguna palabra, ni bien la sacó de las ciento cincuenta miradas curiosas que esa noche había ahí, la tomó de la nuca y de la cintura y la besó, la aprisionó contra su cuerpo.


Lo hizo desesperadamente, ella primero se quedó tiesa, pero luego respondió de la misma forma.


Paula se aferró a su cuello enredando sus dedos en la nuca, y le entregó su lengua, entonces se perdieron en ese beso que parecía que no terminaría nunca.


Pedro le engulló la boca, lo había ansiado tanto que en el momento en que la vio en la mesa supo de inmediato que tenía que sacarla fuera, porque necesitaba besarla sin privarse de nada y menos mal que lo había hecho, porque ese beso hubiera escandalizado a más de uno.


Finalmente retomando su equilibrio, él se apartó de sus labios.


- Ahora debemos volver, luego hablamos — le dijo.


Pero ella se plantó en el césped y se aferró a su cuello en un fuerte abrazo, lo apretó con fuerza, y cerró con pujanza también sus ojos como si no quisiera que él se escapase, Pedro ante el ímpetu y la necesidad del abrazo de Paula, respondió de la misma forma, no quería soltarse, solo deseaba tenerla entre sus brazos, pero debían volver.


- Te amo mi amor, te amo, le dijo apartando su cara y clavando sus ojos verdes en los azules cristalinos de él.


- Yo más…


Aunque hubiese querido quedarse ahí con ella, debían regresar a la fiesta.


La tomó de la mano y de la misma forma que la sacó fuera, la entró. Antes de hacerlo le besó la mano y le sonrió seductoramente.


- Todo va a estar bien — le aseguró.


La llevó hasta la mesa, le retiró la silla y luego se la arrimó para que se sentara.


Por último le ofreció una sonrisa, tomó su mano, y le besó los nudillos cuando se acomodó en su sitio junto a ella.


Cuando llegaron Ana estaba mostrando el anillo que su hijo le había obsequiado.


- Ahora sí mamá, puedes empezar tu fiesta, ya estamos todos tus hijos. — dijo Pedro, mientras Horacio por detrás, y con una mueca chistosa, le indicaba que se limpiase los labios, porque tenía rouge. Pedro sacó su pañuelo y se limpió, Paula quería enterrar su cabeza.


- Voy al micrófono, cuando regrese vamos a hablar — dijo Ana a su hijo, advirtiéndole con un dedo en alto, cuando se levantó de su silla, lo miró fijamente a Horacio y le dijo — y vos deja de ser tan poco disimulado.


Rachel había seguido toda la escena desde lejos, se había retirado a su mesa, y estaba espeluznantemente furiosa mientras se tomaba el champagne como si estuviera bebiendo agua.


El maestro de ceremonia, pidió silencio y los instó a todos a que se acomodasen en sus lugares.


Cuando por fin se hizo orden, todos estaban expectantes a lo que sucedería, y entonces fue que Ana subió fulgurante al escenario mientras una luminaria la enfocaba como si se tratase de una estrella del espectáculo, por supuesto, fue aplaudida por todos.


Sus hijos varones, chiflaban apasionados y agitaban su servilleta dando vítores a su madre fuera de todo protocolo.


Ella finalmente, muy emocionada les lanzó besos a sus hijos y luego agradeció a todos por haber venido a su fiesta de cumpleaños, los instó a que coman, beban y se diviertan muchísimo.


Bajó del escenario y volvió a la mesa, entre saludos y felicitaciones.


Posteriormente se acomodó en su lugar y los camareros llegaron para servir el primer plato.


Helena, la madre de Horacio mientras cortaba un bocado se dirigió a su nieto.


Pedro, aclarame cariño, porque creo que yo estoy casi tan perdida como lo está tu madre ¿esta niña hermosa y dulce es tu novia?


Pedro miró a Paula, que estaba colorada como un tomate, dejó el tenedor, le tomó la mano y se la besó y les dijo a todos.


- Sí, Paula y yo somos novios.


Luciana saltó despedida de la silla para abrazarlos a ambos, Paula estaba que no entendía nada, permanecía atónita. Ana tampoco reaccionó de inmediato.


- ¿De verdad? — preguntó tocándose el pecho y un tanto incrédula por las palabras dichas por Pedro.


- Sí mamá, ¿no te pones feliz?


- Por supuesto, es que estoy a punto de llorar y se me va a correr el maquillaje.


- Entonces no llores madre, — le dijo Pedro — danos un abrazo a cambio de tus lágrimas.


Uno a uno fueron felicitándolos, la mesa era un alboroto, Alejandra abrazó a su hija incansablemente, luego también a Pedro. Paula no podía creer lo que estaba pasando.
Él la tenía abrazada y no paraba de besarle el pelo.
Sus hermanos, que estaban en la mesa de al lado, se pararon luego que Ana los llamara, para ver qué sucedía.


- Por qué tanto alboroto — preguntó Federico, aunque era bastante evidente porque Pedro no soltaba a Paula.


- Es que tu hermano y Paula acaban de anunciarnos que son novios.


- Ah eso… felicidades, por fin blanquean las cosas.


- ¿Vos también lo sabías? — le preguntó su madre — porque estos dos si sabían — dijo Ana señalando a su esposo y a su hija — presumo que Ruben y Alison también. ¿quien más lo sabía? ¿O acaso era la única?


- Yo no lo sabía — dijo Ale en solidaridad con su amiga, prefirió mentirle que no estaba al tanto de la relación de ellos, para que no se sienta tan descolocada.


Paula pensó, “yo tampoco lo sabía Ana no te preocupes”


- En realidad ninguno estábamos al corriente mi amor — dijo Horacio — estábamos al tanto que entre ellos había algo, pero ahora nos estamos enterando que se pusieron de novios.


- Sí pero todos sabían de ese algo menos yo.


- Tómalo como un regalo de cumpleaños mamá — Pedro trató de engatusarla.


- Deja de mentirme, no aclares más Pedro, tu madre es el último orejón del tarro.


- Ana, no exageres, no es para tanto — la regañó Ofelia.


- Yo sigo sin entender — dijo la abuela — estas relaciones de ustedes los jóvenes yo no las comprendo, ahora están juntos, se besuquean, a veces algo más, porque yo no me chupo el dedo, no van a dormir en la misma cama y resulta que no hacen nada, pero entonces no son novios hasta que lo anuncian.


- Abuela se trata que ahora son novios formales, que lo comparten con todos, antes la relación solo era de ellos — Luciana intentó explicarle.


- Mamá son adultos — le explicó Horacio, Pedro se reía Paula estaba roja de la vergüenza.


- Antes en nuestros tiempos, para poder besarla primero teníamos que ponernos de novio y pedir su mano, como cambian las cosas, ahora hasta se van a vivir juntos antes de casarse — dijo el abuelo.


- Los tiempos cambian don Alfonso — intervino Bob Evans.


- Sí ya veo, ya veo, solo es un comentario no critico a nadie.


- Ay Don Alfonso, no va a negar que ahora es más divertido — saltó Ofelia mientras le guiñaba un ojo.


El abuelo carcajeó.


- Ah ya lo creo que es más divertido, lo pasan mucho mejor que nosotros — la risa fue generalizada en la mesa.


Ana y Horacio inauguraron formalmente la pista de baile al ritmo de In the Mood, sus hijos nuevamente impartieron silbidos y ovaciones a la pareja que demostró que eran muy buenos bailarines, luego uno a uno sus hijos varones se levantaron y bailaron con Ana, finalmente ella terminó el baile con su esposo.


Luego de la primera pieza, sonó Oceans Eleven y el maestro de ceremonia invitó a todos para que salieran a bailar.


Pedro, tomó a Paula de una mano y la llevó hacia la pista.


- Estás hermosa con ese vestido, las luces de la pista parecen insignificantes — él la miraba embelesado.


- Exagerado, vos también estás muy lindo. Me dan ganas de comerte a besos.


- Hmm, que tentación… — Pedro cerró sus ojos mientras le hablaba.


- No puedo creer que estamos acá bailando juntos, y luego lo que dijiste en la mesa.


- ¿Querés ser mi novia?


- Creí que ya lo éramos, eso dijiste, pero sí acepto.


Rieron y entrelazaron con fuerza sus manos y él se afianzó a su cintura.


La Orquesta enlazó con Hit the Road, Jack, y Pedro no paraba de reírse y de besar a Paula en la mejilla y en el pelo, estaba feliz y la hacía girar en la pista para que se luzca y para que todos lo envidien.


Tras esa canción empezaron a tocar L O V E y una pareja de cantantes que estaba con la orquesta la interpretó majestuosamente, Pedro se la cantó entera a Paula.


- Esta es la canción de mis padres — le explicó él.


- Es bellísima — dijo ella.


Paula se acercó a su cuello y lo olió desesperadamente mientras daban vueltas, Pedro olía exquisito como siempre y era suyo, no lo podía creer, sentía que estaba flotando entre las nubes mientras él la hacía girar y girar.


Para bajar un poco las pulsaciones empezó a sonar What a Wonderful World.


- Te amo Pedro.


- Yo te amo más.


- No nos separemos nunca más — le suplicó ella.


- Nunca más — le aseguró él.


Pedro le cantó al oído la siguiente canción.



Unforgettable, that's what you are unforgettable though near or far like a song of love that clings to me
how the thought of you does things to me never before has someone been more Unforgettable in every way
and forever more, that's how you'll stay that's why, darling, it's incredible
that someone so unforgettable thinks that I am unforgettable too Unforgettable in every way
and forever more, that's how you'll stay that's why, darling, it's incredible
that someone so unforgettable thinks that I am unforgettable too


Cuando la letra de la canción empezó a repetirse Pedro le habló.


- Te extrañé tanto mi amor, me hiciste tanta falta Paula.


- Yo te extrañé más.


- Mentira, porque me hiciste sufrir mucho.


- Yo también sufrí Pedro, vos también pudiste haber hecho algo para evitarlo.


- Shh, ahora no, no nos reprochemos nada, disfrutemos… te prometo que ya hablaremos de todo — la besó en la nariz, ella se aferró a su cuello — No puedo creer tenerte otra vez entre mis brazos.


- Yo tampoco lo puedo creer.


- ¿Así que te vienes a vivir a New York?


- Con o sin trabajo acá me quedo sabelo.


- ¡¡Esa es mi chica!!


- ¿No estás cansado por el viaje?


- Estoy muerto, pero inmensamente feliz, y nada me importa más que disfrutarte y compartir mi felicidad con todos mis seres queridos.
Fue el viaje más espantoso de mi vida —siguió diciendo — solo quería regresar, sabía que estabas acá y sentía celos de todos por estar a tu lado y yo a millas de distancia.


- Pero estabas en cada uno de mis pensamientos y en todo instante — él la miró y le dio un beso silencioso.


Mientras bailaban Horacio y Ana no podían dejar de comentar.


- Dios hizo el milagro y Pedro se ve feliz. Estaba harta de verlo tan triste.


- Paula es una buena chica, me gusta la pareja que hacen — Horacio fue rotundo en su afirmación.


- Entonces ella es la chica que esa noche nos dijo que calificaba para novia y más, la chica con la que se había peleado ¿verdad?


- Exacto mi amor.


- ¿Qué habría pasado? ¿No sabes?


- Los demonios de Pedro como siempre. Pero Paula lo va a iluminar y va a alejar a todos sus fantasmas.


- Nuestro hijo está enamorado, mira cómo la ve.


- Con cara de bobo, sí, definitivamente, creo que está enamorado — aseveró Horacio.


- Nunca miró así a Julieta…


- Vos y yo sabemos que él no la amaba…


- Solo le pido a Dios que Pedro pueda ser feliz.


- Lo será mi vida, lo será tanto como lo somos nosotros.